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Y yo ¿de qué Tengo la Culpa?

Por Juan CABELLO

En México somos algo así como masoquistas sádicos y pervertidos pues padecemos por tiempo determinado los representantes populares que encabezan el poder ejecutivo y el legislativo. En ocasiones gozamos con su desempeño pero las más sufrimos las consecuencias de nuestras decisiones y aún sabiendo lo que va a ocurrir volvemos a hacer lo mismo en un ciclo interminable.

Pero vamos regionalizando la situación, aunque es lo mismo en todos lados pero con diferentes actores, aquí en casa nos ha tocado de todo, legisladores rateros, corruptos y descarados, gobernantes que sin pudor y con unos tequilas en el cuerpo nos mientan la madre, también corruptos y ladrones.

Sin embargo ellos llegaron al poder mediante un ejercicio democrático y fueron electos para desempeñar su encargo por el tiempo que determina la ley (al menos sabemos que se van a ir) y nosotros, el populus pauperibus, como el chinito, nomás mirando para aprobar o desaprobar el desempeño de dichos personajes.

Ya que estamos hablando de abusos y aprovechando el inter que generé a propósito voy a tratar de explicar lo que sucede con los ilustres magistrados del poder judicial, primeramente a ellos no los elige el pueblo, dizque para que no haya conflicto de intereses e inclinen la balanza de la justicia a favor de sus electores, cosa que curiosamente les da la oportunidad de corromperse sin medida ni tope, la ley orgánica que los rige les da poder plenipotenciario y en el supremo tribunal de justicia son vistos como reyes (y ellos se creen reyezuelos y sienten que tienen cortesanos y lacayos y no empleados), son algo así como una familia real (por aquello que ahí trabajan sus hijos, esposas, amantes y todo tipo de parientes de cualquier grado), hacen su soberana voluntad y poco les importa la justicia, hacen política sin correr el riesgo de perder una elección y juegan a la silla caliente cada dos años para ser presidentes del supremo tribunal.

A ellos lo único que les interesa es que van a durar en el encargo diecisiete años, siete en el primer periodo y diez más en el segundo, esto es se van a sacar el melate sin comprar boleto, pues una vez concluido el encargo se les otorgará un haber por retiro, que dicho en términos mundanos es una pensión vitalicia, claro siempre enfundados en la constitución del estado.

Con razón ni ruido hacen los cabritos, tienen en la nómina a sus seres queridos, hacen su santa voluntad, se corrompen a diestra y siniestra y por secula seculorum tendrán su salario íntegro, estás garantías no las da el IMSS, ni el INFONAVIT, pues han de saber que cuentan con un seguro médico especial, como que si la salud de ellos fuera más importante que la del vecino; por animales como estos la carga económica se hace insoportable y no se vale que cobren lo que cobran sin desquitarlo, el rezago en el poder judicial es espantosamente asombroso, la carga de trabajo es mucha gracias a los aviadores y los omnipresentes influyentes que no hacen nada porque son recomendados especiales del magistrado fulano de tal.

Por si algo hiciera falta sus diferencias laborales las someten a su propio arbitrio, esto es: si un trabajador incurre en una falta, el pleno decide si es despedido o no, si lo despiden y el trabajador reclama sus derechos, se integra una comisión substanciadora con los mismos magistrados que lo corrieron, son juez y parte y todo sereno.

Viendo el lodazal los puercos se revuelcan y por supuesto que enseñan los dientes a quien los quiere sacar de ahí, luego entonces los encargados de impartir justicia hacen su función pero únicamente con los suyos que al cabo la justicia es ciega, sorda y muda.

No se trata de escoger, pero si de plantear una reforma de fondo en el poder judicial para poner un freno a tan desquiciado y enfermizo proceder, la corrupción a esos niveles es tanta y tan común que ya no cuidan ni las formas, ojalá y la conciencia de todos despierte y la de ellos más pronto.

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