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Un Recuento en Frases de Francisco

El Papa Francisco visitó tierra mexicana en un viaje que lo llevó a recorrer en territorio nacional 23 mil kilómetros, en donde tuvo la oportunidad de hablarle a los empresarios, a los niños, a los jóvenes, a los presos, a los religiosos, a los pobres, a las víctimas de la violencia, a los indígenas, a las familias y, desde luego, al gobierno.

Su discurso, a decir del investigador Fabián Acosta Rico, del Centro de Estudios sobre Religión de la Universidad de Guadalajara, «no sorprendió ni decepcionó, pues ya se conocía con antelación lo renovador del mismo».

Este es un rápido recuento de la visita del Papa Francisco, a través de sus frases.

El día 12 llegó a la Ciudad de México en donde durmió. Al día siguiente tuvo actividades en la capital del país, fue recibido por el presidente Enrique Peña Nieto, en Palacio Nacional, en donde comentó que venía «como misionero de misericordia y paz pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella», pero también «quiero saludar y abrazar al pueblo mexicano en sus múltiples expresiones y en las más diversas situaciones que le toca vivir. Gracias por recibirme hoy en su tierra».

También habló de la violencia, dijo que «cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.

«El pueblo mexicano afianza su esperanza en la identidad que ha sido forjada en duros y difíciles momentos de su historia por grandes testimonios de ciudadanos que han comprendido que, para poder superar las situaciones nacidas de la cerrazón del individualismo, era necesario el acuerdo de las instituciones políticas, sociales y de mercado, y de todos los hombres y mujeres que se comprometen en la búsqueda del bien común».

Y luego un mensaje contundente a los obispos en la Catedral Metropolitana: «Si tienen que pelearse, peléense, si tienen que decirse cosas, se las digan, pero como hombres, en la cara y como hombres de Dios, que después van a rezar juntos, a discernir juntos y si se pasaron de la raya, a pedirse perdón pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal».

Pero además les pidió que «no le tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar… no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los “carros y caballos” de los faraones actuales». Los invitó a «no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia. La proporción del fenómeno, la complejidad de sus causas, la inmensidad de su extensión, como metástasis que devora, la gravedad de la violencia que disgrega y sus trastornadas conexiones, no nos consienten a nosotros, Pastores de la Iglesia, refugiarnos en condenas genéricas, sino que exigen un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral».

El día 14 estuvo en Ecatepec, Estado de México y en la homilía se dirigió a sus «hermanos y hermanas, metámoslo en la cabeza: con el demonio no se dialoga, no se puede dialogar porque nos va a ganar siempre, solamente la fuerza de la palabra de Dios lo puede derrotar».

A los pobres los invitó a estar en la primera línea «en todas las iniciativas que ayuden a hacer de esta bendita tierra mexicana, una tierra de oportunidad, donde no haya necesidad de emigrar para soñar; ser explotado para trabajar. Que en México no haya necesidad de hacer de desesperación y pobreza de muchos el oportunismo de pocos».

Visitó el Hospital Pediátrico en la Ciudad de México, en donde pidió a los niños rezar y bendecir a quienes los cuidan y curan, recordando a médicos y enfermeras que «a veces una caricia ayuda tanto a recuperarse».

Un día después estuvo en Chiapas, llevando una autorización oficial para que las misas se realicen en lenguas propias de ese estado y luego a los indígenas les dijo que «muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, sus culturas y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminan», pero que «el mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes».

En el encuentro con las familias comentó «qué marido y qué mujer no se pelean, y más cuando se mete la suegra. Qué importa, pero se aman y nos han demostrado que se aman y son capaces por el amor.

«Prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una familia y sociedad enfermas por el encierro o la comodidad del miedo a amar. Prefiero una familia con rostro cansado por la entrega a familia con rostros maquillados que no han sabido de ternura y compasión».

Pero también les advirtió que nunca dejen pasar una noche sin hacer las peces con su pareja: «Es conveniente que de vez en cuando discutan y que vuele algún plato, está bien. No le tengan miedo. El único consejo es que no terminen el día sin hacer las paces porque si terminan el día en guerra van a amanecer ya en guerra fría y la guerra fría es muy peligrosa en la familia, porque va socavando desde abajo».

Luego estuvo en Morelia, Michoacán, en donde habló de las tentaciones: «¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad?… Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación. Y frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación».

Y a los jóvenes les dijo que «es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven, es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte», pero sin duda que a los jóvenes les faltan «oportunidades de trabajo y de estudio, aunque no me voy a cansar de decirlo, ustedes son la riqueza de México, Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios, sino que nos llama a ser discípulos, amigos».

Estuvo al final de su visita en Chihuahua, en Ciudad Juárez y acudió al Cereso 3, un penal del lugar y a los reclusos les dijo que los problemas de inseguridad no se resuelven con cárceles, por lo que hizo «un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social».

Desde esta ciudad, el Papa Francisco vio la frontera de México y Estados Unidos, pues ofreció una misa en el lugar, en donde habló de los migrantes. «Aquí en Ciudad Juárez, como en otras zonas fronterizas, se concentran miles de migrantes de Centroamérica y otros países, sin olvidar tantos mexicanos que también buscan pasar “al otro lado”. Un paso, un camino cargado de terribles injusticias: esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio de tráfico humano, de la trata de personas».

Y lo peor es que la «injusticia se radicaliza en los jóvenes, ellos, “carne de cañón”, son perseguidos y amenazados cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas. ¡Y qué decir de tantas mujeres a quienes les han arrebatado injustamente la vida!».

También en esta ciudad tuvo un encuentro con empresarios, a quienes les recordó que «uno de los flagelos más grandes es la falta de oportunidades, de estudio y trabajo. Esta pobreza es el mejor caldo de cultivo para que caigan en círculo del narcotráfico y de violencia. Todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro, ¿qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos? ¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Un aire viciado por corrupción, violencia, inseguridad y desconfianza o, un aire capaz de renovación?» y les pidió soñar con un México en «donde el papá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos, donde la mamá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos y eso lo van a lograr dialogando, negociando, perdiendo para que ganen todos».

Pero sin duda que una de las frases que más circularon en redes sociales y medios de comunicación, del Papa Francisco, fue la que dijo a un católico en Morelia, Michoacán, quien se emocionó tanto que jaló al Pontífice y lo hizo caer encima de una persona con discapacidad:

«¿Qué te pasó? ¡No seas egoísta! ¡No seas egoísta!».

 

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