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Turismo Internacional

POR Carlos ENRIGUE ZULOAGA 

Está visto que nuestro actuar está cada día más cerca de la locura total, imagine mi solitario lector que un amigo suyo, digamos Azerbaiyano o Sudanés, que entusiasmado y pudiendo ir a cualquier lugar del mundo decidió venir a nuestra noble y leal por muchas razones, entre las cuales la primera podría ser que vio en la tele la extraordinaria historia de las tontas no van al cielo, que después de recibir los premios literarios internacionales que justamente han obtenido y los premios actorales que agobian las casas de las estrellas que participaron en ella. Series que con absoluta seguridad se deben estar pasando en las teles de esos países. Una segunda causa de visitar el país es la publicidad de Jalisco es México, que se ha difundido internacionalmente y produce que todo el mundo quiera visitarnos, y una tercera podía ser que probaron el tequila.

 Hay otra causa en la que se ha invertido promoviendo el turismo religioso, y puede ser que hayan visto la llevada de la Virgen de Zapopan que televisaron mundialmente en el pasado Congreso Eucarístico.

 Lo primero que necesitan saber es dónde es México, lo cual en aquellas tierras no es fácil, pero ya organizado y tras meses para conseguir una visa para entrar a nuestro país en el consulado mexicano más cercano que es el de Roma, ya autorizado su amigo Sudanés decide venir a la romería, el viaje inicia el 9 de octubre en el muy conocido aeropuerto internacional de Khartoum a las 9 de la mañana para salir a las 12 rumbo a Doha, a donde llega a las 4 de la tarde para esperar su vuelo a la Babel de hierro a las 9 de la noche y llegar a la gran manzana a las dos de la tarde del día siguiente. Ya establecido hay que tomar el avión a Guadalajara vía la ciudad de México, vuelo que sale de Nueva York a las 10 de la noche y después del transbordo en la capital, llegar a esta noble y leal ciudad de Guadalajara a las dos de la tarde. Dos días y cuatro horas de vuelo es poco para llegar a estas bellas tierras.

 Después de desentumirse y reclamar una maleta que se perdió tomó un taxi que tras de encontrarse con un bloqueo de maestros llegó al hotel como a las 7 de la tarde, acomodado en el hotel, bajó para comer algo decente y tomarse un par de tequilas muy dobles y muy reforzados, que fue lo primero que pidió.

 El mesero lo miró con profunda pena y le indicó que no podía servírselo porque estábamos en ley seca (hay que decir que una prohibición civil de venta de alcohol no existe en ningún país civilizado del mundo, prohibiciones religiosas sí hay, pero civil sólo aquí, por lo que explicárselo a un turista extranjero es prácticamente imposible) ¿Qué qué?, le preguntó el visitante al mesero: que estamos en ley seca le contestó el mesero. Y a mí qué me importa su ley, o ¿acaso estamos en un país musulmán integrista? Dígame ¿por eso no me quiere servir un tequila? El turista extranjero notoriamente indignado se sintió como engañado, pensó que en las tontas, que lo motivaron a venir, se promovía la libertad y la tolerancia con la homosexualidad y las relaciones prematrimoniales y no consideraba posible que un país con tantas libertades prohiba que alguien deguste la bebida nacional por excelencia y que se prohiba aquí, donde Jalisco dejó de ser México para convertirse en un país de Ayatolas. Desde luego que no puedo aprobar, aunque me lo explico, que embistiera a golpes al mesero y lo mandara a un hospital donde llegó tan golpeado que los médicos pensaron que tenía dengue hemorrágico al que antes llamaba trancazo.

 Desde luego que la policía se lo llevó a chirona no sin antes decomisarle los dólares con los que pretendía comprar el licor prohibido. Por fortuna en la cárcel van a ver en la tele la llegada de la virgen.

 Al azerbaiyano no le fue mejor, como pudo llegó a la Ciudad de México, sin que le entendieran, salvo un taxista pirata del aeropuerto quien después de asaltarlo lo dejó por muerto en Tepito donde sobrevivió gracias a un ferrocarrilero y su familia. Recuperado salió a la calle justo para ser arrestado por la nueva policía federal científica que buscaban a gentes que no hablaran castilla, que se suponía eran contrabandistas de libros en Braille, entre los presuntos culpables se encontraba un maestro polaco que trabajaba en el meteorológico, unos terroristas rusos a los que por cierto les habían robado unos misiles tierra aire, nuestro azerbaiyano y un mudo que vendía boletos para una pelea de perros. Los agentes Peñafiel y Garci-Crespo fueron los encargados del interrogatorio y de conformidad con la merecida fama de que gozan lograron una perfecta declaración en la que se declararon culpables de haber cometido ese delito y descubrió la corporación que esta banda era una de las más buscadas de la delincuencia organizada y fue bautizada como la mafia rusa, cómo estaría la cosa que el mudo habló. El problema fue que la policía capitalina consignó dos días después a siete turistas turcos que fueron interrogados por esa autoridad —supongo que con la misma capacidad técnica que los federales— y también lograron que todos los detenidos se declararan culpables del mismo delito. Ambas policías se empeñaron en decir que los culpables eran los que cada una habían detenido. Ésa es efectividad.

 

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