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Sucesos Infantiles

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

Ambrose Bierce, en su “Diccionario del diablo” definía Bebé como: ser deforme, sin edad, sexo ni condición definidos, notable por la violencia de las simpatías y antipatías que provoca en los demás y desprovisto él mismo de sentimientos o emociones.

Ya les he comentado que en mi primera infancia, mi Madre insistía en prestarme para niño Dios en los nacimientos y lo hacía con gran entusiasmo ya que también debo decir que, a pesar de su insistencia, nunca nadie aceptó la propuesta, lo cual era evidente ya que de cierto era un niño extremadamente feo y eso pesa aunque usted no quiera, que yo recuerde hay como tres fotos mías de la primera infancia, la más antigua una foto en cueros en la playa sobre una cobija aleopardada; la segunda aparezco en manos de mi Madre en la que sin falsas modestias podía haber sido catalogado como uno de los niños más feos de la temporada ( he tratado infructuosamente de destruir esa foto, pero los hackers que vagan por el mundo para la perdición de las almas lo han impedido y por más que he tratado, siempre reaparece algún ejemplar) y la tercera aparezco jugando con un trompo, pero resulta evidente en los tres casos que era un niño bastante feo, lo cual hace que uno se tenga que afiliar al club de niños feos.

Total que para resumir a usted desde esa infancia pasé mi vida de forma ideal según los sabios que dicen que no debe acosarse a las personas del genero contrario, a mi nunca nadie me acosó, nadie me dijo “adiós mi tamalito, te voy a dar una mordida” ni otras vulgaridades semejantes o sea he vivido en la aburrición de la seriedad absoluta, auténticamente llegando al ocaso sin acoso y ya, por mi edad estoy inscrito en aquello que decía Campoamor “Las hijas de esas madres que amé tanto/ me besan ya como se besa un santo”.

Por eso me alegró profundamente que estando hace poco en una comida entre amigos se me acercó una joven y guapa mujer a pedirme por pura amabilidad, si se podía tomar una foto conmigo, lo que me sorprendió porque nunca me había pasado, le dije que sí, pero pensé no nada más foto sino video o largo metraje, la evidente justificación de la bella solicitante fue que yo tengo muy bonita firma, que no sé dónde pudo haberla conocido. El hecho es que me dio mucho gusto haberme tomado una foto con una guapa y amable chica, que debe pertenecer a algún grupo encargado de hacer felices, levantando los ánimos de los miembros de la tercera edad, primera fila del cementerio. Lo anterior resulta evidente ya que, yo creo que para que no me volara y apareciera en mí el viejo rabo verde que todos llevamos dentro, tuvo como pretexto hacerlo como elogio a que tengo una bonita letra Palmer.

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