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¿Seguridad? a’i Para la Otra, con más Calma

Por Mónica ORTIZ

La gente es difícil de gobernar porque tienen demasiado conocimiento
Lao-Tse

Sin olvidar lo polémico de su nombramiento al omitir el resultado de sus pruebas de control de confianza y al no tener un perfil adecuado a la seguridad pública, sino sólo el gusto, el caso del comisario Salvador Caro hizo evidente que podíamos estar ante una imposición caprichosa de una designación a modo.

Y es que desvirtuar la transparencia como la vía para exigir resultados, verdades y obligaciones de quienes nos gobiernan nunca deberá ser el camino para mantener intereses en lo político o lo social.

Sí bien es cierto la seguridad es uno de los temas con mayor obligación y responsabilidad de aquellos que llegan a representarnos también debe ser un asunto de palabras mayores el sostener a quien se pueda presumir desde su inicio y en su desarrollo los resultados y las estrategias que han favorecido el tema de seguridad, sin necesidad de justificar nada.

En Guadalajara, eso no ha pasado, solo el reflector mediático, la defensa férrea y la impopularidad han sido los temas alrededor de la figura de Salvador Caro.

Mientras la percepción de los ciudadanos en materia de seguridad preventiva no concuerde con la estadísticas que se presumen, mientras se siga teniendo miedo a caminar por las calles, abrir la puerta de casa o iniciar labores en los comercios, ni todos los comunicados que justifiquen la estancia de quién en 9 meses no ha logrado no se podrá hablar de seguridad pública preventiva como algo superado olvidado en el pasado.

No es cuestión de color partidista, ni de líderes y mesías, es de tener un poco de humildad política y dejar de reaccionar tan predeciblemente a todos los señalamientos que se le han hecho al gobierno naranja de Enrique Alfaro, acusando de ataques insolentes hacia quienes nos hacen el gran favor de ser gobierno municipal, todo es mentira o guerra, mientras tanto en Guadalajara, no hay un histórico cambio fantástico.

Lo sabemos todos, sólo habría que reconocer como ciudadanos, no hay gran diferencia entre los colores azul, tricolor y naranja, en contraste están en los interés personales y las falsas esperanzas que como sociedad nos creamos y creamos en lo individual en defensa de los ideales políticos que siempre serán una particularidad subjetiva y no el sentir de la totalidad de la sociedad.

No tenemos un perceptible cambio en la prevención del delito en las calles del municipio, materia pura de seguridad municipal, no tenemos partidos, ni colores de partido que nos hayan cambiado de la terrible obscuridad de las ciudades a la hermosa claridad naranja de un atardecer esperanzado. Patrañas.

Sabemos que tenemos lo que nos conviene apoyar y hasta los porqués, mientras seguimos sin sentirnos seguros y responsablemente gobernados, lo que supone era lo importante de vivir en sociedad. Esperaremos el resultado de lo que se promete y la responsabilidad de lo que se debe asumir, pero para otra ocasión, con más calma, en ésta no, porque se encolerizan las autoridades municipales y nos hacen cara de “cómo friegan con la seguridad”.

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