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Robo en lo Poblado

Por Carlos Enrigue ZULOAGA

 Hoy tocaba hablar de la marcha de la Universidad, pero imprevistos sucedidos a mi menda harán que cambie el tema no sin antes comentar lo difícil que es medir el número de asistentes a un jolgorio, el señor rector dijo que eran como 90 mil sujetos, el señor secretario de Gobierno dijo que como 30 mil, ambos no tienen idea de cómo contar y se deciden como siempre por la mentira, desde luego cada quien para su santo, yo no sé cuántos había, pero era un gentío, debieron haber llevado al sujeto que dijo que en la megapachanga de Alejando Fernández en la Minerva habían asistido 150 mil personas, cosa que no creo, comenzando porque ni siquiera asistió el anfitrión: el Potrillo, al que le salió una percha mejorcita. Pero en fin, al fin y al cabo son números para platicar en virtud de que yo no tengo ni idea que cuál es la verdadera causa del conflicto Padilla- González Márquez, ciertamente para ninguno de ellos no es el dinero, aunque en este respecto, creo la Universidad tiene la razón. Por ello hablemos de asistentes, que es más sencillo.

 Fíjese que para amanecer el jueves, uno o varios ladrones forzaron las puertas de mi despacho y entraron a robar, no robaron mucho porque no había mucho, 

pero fue suficiente para dejarme como La Magnífica: sin cosa alguna. Lo malo es que además de ratones salieron de lo más destructivos; hágame el favor: cortaron los cables telefónicos y andaban como locos, porque robaron otras casas y oficinas del rumbo, debo decir que tengo la fortuna de que mi oficina está frente a un parque en el que hay un puesto de Policía que desde luego no se dieron cuenta de nada, deben ser muy malos ladrones (digo los ladrones) porque para robar escogieron la última casa de Tuxcueca.

 A media mañana me encontré a un amigo muy aficionado a las teorías conspiratorias, y desde luego le conté del robo, y al decirle que lo robado no había sido un monto importante, vamos, ni las viejas computadoras se llevaron, lo que no por su valor, sino por el trabajo que tendría que reponer. Mi amigo frunció el cejo y con absoluta seguridad me dijo: “Esto es claramente un mensaje ¿a quiénes has criticado en tus artículos?”.

 Criticado a nadie, le contesté, he comentado del Presidente Calderón, del secretario García Luna y del gobernador González Márquez y lo he hecho con la conciencia de que ninguno de los tres sabe que existo.

 “Pues cuídate, porque esto es un aviso, tú sabrás”.

Me dejó aterrorizado, pero de ser haber sido cierto ya entendí porqué los de El Diario de Ciudad Juárez preguntaron qué podían publicar.

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