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¿Qué Significa ser Mexicano? (II)

Por Alfredo DON OLIVERA

En este mismo espacio, y sobre la temática del aniversario de la independencia de nuestro país, comenté sobre ese enorme sentimentalismo que nos caracteriza a los mexicanos, pero que suele llevarnos a exaltar las emociones hasta un grado tal, que perdemos de vista la realidad de nuestra esencia y en consecuencia de nuestras posibilidades.

Y semejante emotividad no es de a gratis, de hecho la historia oficial que se imparte en las escuelas, versa sobre una sensacional gesta heroica libertaria, que paradójicamente se contrapone a los graves problemas de nuestra realidad.

Por lo mismo, inicié por explicar que nuestra independencia, lejos de haber sido un proceso de emancipación alimentado por la madurez política que habría alcanzado la nación mexica con respecto al yugo español, fue más bien la consecuencia de dos movimientos internacionales; La Ilustración, que vino a significar en occidente el final de las monarquías por derecho divino, para dar lugar al nacimiento de las repúblicas en que actualmente vivimos, y la invasión de Napoleón a España. Ambos movimientos sacudieron las estructuras novo hispanas para ocasionar nuestra independencia, que a la postre se derivó de la oposición de la iglesia Católica mexicana a la Constitución de Cádiz que fue impuesta en Diciembre de 1820 en España al rey Fernando VII. Así que ahora intentaré sostener que aquella independencia, más bien significó la emancipación de la élite social novohispana, pero no precisamente de toda la nación mexicana.

Para ello, habrá que aclarar que la población de la colonia, estaba integrada, al mejor estilo medieval, por dos grupos: Uno de nobles o principales; dueños del gobierno, de la política y de la economía, y otro, el grupo mayoritario de sirvientes, a las órdenes de los primeros.

El grupo que llamé “principales” se dividía en peninsulares y criollos. Los peninsulares eran españoles enviados por el rey, aproximadamente por períodos de cinco años, a efecto de gobernar en su nombre, garantizar el pago de los impuestos y preservar el reino para la corona. En tanto los criollos –Y NO NOS CONFUNDAMOS; TAMBIÉN ERAN ESPAÑOLES (se trataba de hijos de españoles nacidos en territorio español), fueron antiguos peninsulares, que al concluir su periodo de gobierno, de cinco años, no regresaron a España, sino que obtuvieron un permiso de la corona, para permanecer en Nueva España, pero bajo la aclaración de que jamás podrían volver a participar en funciones de gobierno.

Como se podrá entender, la corona española a través de sus diferentes monarcas, generó a dos grupos de españoles; los de primera, es decir los peninsulares o gachupines y los de segunda, es decir los criollos o mexicanos.

Los primeros venían a gobernar, a enriquecerse a costas de lo que fuera, mientras los criollos, a pesar de su posición de privilegio en la colonia, sabían muy bien que eran el principal foco de embate de los primeros.

Bajo este orden social, los criollos castigaban a los peninsulares llamándolos “gachupines” término que significaba altaneros, mandones, cretinos. En tanto que los peninsulares correspondían la gentileza, refiriéndose a los criollos como “mexicanos” para tratar de equipararlos con los indígenas.

Pero lo más triste, eran el resto de la población, las llamadas castas que incluían al mestizaje y a los indígenas. Este gran grupo social, además de haber sido despojado por la fuerza del continente y soslayado de la educación y del entendimiento, también estaba sometido por la religión; simplemente los subyugaron, haciéndoles aceptar la triste realidad, como la voluntad de Dios, gracias a la cual, tras la muerte, alcanzarían el cielo.

Como se podrá entender, nada tan incierto como intentar explicar la independencia de México como la emancipación de la nación Mexica con respecto a España. La realidad es que la invasión de Napoleón a España, ocasionó como ya lo comenté el pasado lunes un desacuerdo entre españoles para reaccionar ante la invasión napoleónica: Los criollos principalmente, reclamaron la necesidad de separase de España para preservar para Fernando VII los reinos de América, mientras que los otros, principalmente peninsulares, interpretaron esa postura como un intento de autonomía que no solo amenazaba la integralidad del reino español, sino que principalmente afectaba los intereses y privilegios de los peninsulares, por un muy posible desplazamiento de las esferas del poder a manos de los criollos.

El caso real es que ese desacuerdo, del que se derivó la llamada guerra de independencia terminó en 1814 con la derrota de Napoleón a manos de los ingleses y con la liberación y regreso del rey Fernando VII a España en 1815. Finalmente el indulto que ofreció en 1816 el virrey Apodaca a los insurgentes, enterró aquella lucha independentista de Hidalgo y Morelos, pero posteriormente, en 1821, la alta jerarquía católica, afectada por la imposición a Fernando VII de la Constitución de Cádiz, logró unificar a las cúpulas novohispanas, y el 27 de Septiembre de 1821, Agustín De Iturbide culminó la independencia de una nueva nación, a la que en un buen intento de unificación denominó como Estados Unidos Mexicanos.

Ahora las narraciones de la época, hablan de un gran estado generalizado de felicidad. Los habitantes de la naciente nación creyeron convencidamente, que mediante un gobierno autónomo y emancipado de España, se podrían crear las condiciones necesarias para capitalizar plenamente los abundantes recursos productivos que disponemos y generar así nuestro crecimiento y nuestro progreso.

Ya desde entonces se percibía la enorme potencialidad e nuestra economía. Mas sin embargo, a 195 años de aquello, no ha sido así, y aun peor, estamos muy lejos de aquel sueño. ¿Por qué?

* Pues en primer lugar, porque nuestro proceso de independencia, más que un plan o una convicción, fue la consecuencia de una serie de reacciones ante hechos externos como lo fueron la invasión napoleónica y la imposición de la Constitución de Cádiz.

* En segundo lugar porque aquella independencia, fue la emancipación de la élite social de la Nueva España, que no integraba al mestizaje ni a la población indígena, muy a pesar del nombre “México” y muy a pesar de que nuestra primer constitución, la de 1824, suprimió el bochornoso impuesto que pagaban indígenas y mestizos por el hecho de no ser españoles. Y usted entenderá que al no existir la igualdad de derechos, no habría unificación de la población y en consecuencia tampoco nación.

* Y en tercer lugar porque desde entonces como lamentablemente hasta la fecha, la nueva élite del poder, ya anteponía la corrupción de sus intereses personales, ante las feroces ambiciones que nuestra riqueza nacional ha despertado entre las potencias extranjeras.

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