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Política y Políticos Degradados

Por Juan CABELLO

La crisis mundial que atraviesan los partidos políticos presenta la misma patología, la población ha dejado de creer en los políticos, la participación en los partidos políticos es considerada como antesala de actos delictivos salvo honrosas excepciones, la gran mayoría de los gobernados piensa que los partidos políticos fomentan la corrupción, la mentira y el engaño, la percepción generalizada no favorece a los partidos políticos y la política atraviesa por uno de los peores momentos de su historia.

Los excesos generalizados de quienes detentan el poder, los desplantes, los abusos, el tráfico de influencias, la doble actitud que manejan al frente de su responsabilidad y en su vida “privada” y el comportamiento de los familiares, han colaborado plenamente en la imagen que tienen de ellos los ciudadanos.

Los partidos políticos han colaborado con su granito de arena al descredito popular, pero curiosamente el origen de su mala fama viene desde las propias entrañas de los partidos políticos, las designaciones de personas ajenas a la militancia, el considerar a la militancia como mercancía de uso común, la nula posibilidad de crecimiento político a través de la militancia, la venta de candidaturas, el dejar de apoyar y abanderar las causas populares y el entreguismo con los que detentan el poder en turno, son sin duda algunos de los elementos que simplemente corroen las estructuras y están a punto de colapsarlas.

Para tener una visión óptima es necesario analizar los antecedentes sociológicos históricos: en un principio cuando los habitantes de un territorio necesitan poner orden en muchos aspectos de su vida diaria (sobre todo de seguridad), los servicios públicos tales como la recolección de basura, el suministro de agua, los drenajes, el alumbrado público, la policía, etc.; el acceso fácil a los insumos, el contar con lugares para el esparcimiento y la educación obligan a organizarse y juntos van definiendo el proyecto de lugar en el que quieren vivir, surgen los liderazgos de personas que quieren, por vocación natural o por intereses particulares, acceder al poder para dirigir los esfuerzos y alcanzar los proyectos anhelados.

Se hace presente la competencia y la lucha por el poder, los grupos de simpatizantes y los principios ideológicos son los que determinarán quién accede al poder, al ganar uno de los contendientes la organización deja de ser un grupo pequeño que toma decisiones, se hace necesario hacer varios grupos de gente para diferentes actividades, cada grupo tiene un representante y ahora las reuniones de trabaja se llevan a cabo con los representantes de cada grupo, los partidos políticos surgen casi de manera natural, motivado por las ideas de su o sus fundadores el grupo y los representantes dejan el espacio a una organización.

La mayoría de los partidos políticos tienen en su programa de acción objetivos que guardan mucha similitud entre sí, lo que hace la diferencia son los principios ideológicos pues éstos definen el rumbo con el que se pretende gobernar.

Luego entonces podemos advertir que la vigencia de un partido político va necesariamente ligada a la congruencia entre su forma de gobernar y sus principios, hasta aquí vamos bien, pero la perversidad de los extremos alimentada por la vanidad, la avaricia y la codicia nos han mostrado la otra cara, la cara humana de la política, donde vemos a los políticos que dejan de lado sus ideas a cambio de un beneficio económico para él y los suyos, las conductas egoístas cuando son descubiertas, originan una reacción que como epidemia se multiplica sin control y se genera la pandemia.

Las redes sociales juegan un papel importante en esta vorágine de acontecimientos degenerativos, pues informan casi al momento cada anomalía detectada, los secretos tendrán que reasumir el estricto sentido de su significado y los excesos de los políticos en el poder deberán retomar el camino de la discreción, esto si quieren mantener vivo al monstruo de mil cabezas que hoy agoniza herido de muerte.

La degeneración ha llegado a escalas inimaginables, en México el descaro y la desvergüenza han hecho imperio en el cotidiano devenir de los partidos políticos y sus políticos, y esa clase política y sus partidos se alejan cada vez más de sus ideas y de la gente; por eso las cuentas no salen, los de adentro no son tomados en cuenta y los de afuera no son atendidos.

El apostar al voto de sus militantes era buena opción hasta que hartos de no ser tomados en cuenta ellos decidieron dar su voto a cualquier otro, menos al propio, la opinión es negativa, los políticos y los partidos son vistos con desprecio pues perdieron el respeto que alguna vez tuvieron y las instituciones gubernamentales van por el mismo camino.

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