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Pero ¿qué les Pasó?

Luis Alberto ALCARAZ/www.noticiasvallarta.com

Luego de mucho tiempo de no hacer apariciones públicas los dos últimos presidentes municipales de Puerto Vallarta se dejaron ver en la ciudad. El primero fue Salvador González Reséndiz, quien finalmente participó en un acto público al reunirse con los que formaron parte de su cabildo.

Poco después, el pasado lunes, el polémico Ramón Guerrero hizo lo propio al ofrecer una rueda de prensa en su carácter de diputado local para anunciar la iniciativa para convertir en Área Natural Protegida la sierra del Cuale.

Se trata de dos de los más jóvenes alcaldes que ha tenido este municipio, particularmente salvador González que indudablemente ha sido el más joven en toda la historia. Ambos llegaron al poder de manera inesperada debido a lo corto de sus carreras políticas y los dos juraron que sería por largo tiempo.

Ninguno imaginó que al término de su gestión quedarían tan desprestigiados al grado de no hacer vida pública en el municipio pese a que ambos ocupan cargos públicos importantes. ¿Qué fue lo que les pasó? Simple, el poder se los tragó y perdieron la perspectiva, confundieron lo urgente con lo importante y dieron al traste con la gran oportunidad de sus vidas.

“Esta es mi oportunidad y no la voy a desperdiciar” –me dijo El Mochilas poco después de asumir la alcaldía de Puerto Vallarta, en lo que fue la única conversación que tuvimos durante los tres años de su reinado.

Arrancaba el trienio y el polémico ex alcalde de Ayutla estaba convencido de que tras realizar una gestión notable en la alcaldía de Puerto Vallarta se catapultaría a los primeros niveles de la política estatal y nacional. Estaba en lo cierto, era su gran oportunidad, pero la desperdició. Desde el primero de sus días como alcalde se mostró prepotente y soberbio, abriendo frentes con quienes le habían ayudado a llegar al poder. Cada uno de los días en los que gobernó lo destinó a dilapidar su buena imagen, como si su afán fuera convertirse en el peor presidente de la historia.

Y vaya que lo logró con creces, hoy El Mochilas es repudiado hasta por la misma gente que lo acompañó en el ayuntamiento. Su candidatura a la diputación local no fue un reconocimiento a su talento político, sino una forma de sacarlo de la alcaldía para que no siguiera empañando la candidatura de Arturo Dávalos.

Por supuesto que impresiona que pese a su pésimo gobierno El Mochilas consiguiera derrotar claramente al priista Rafael González Reséndiz, pero eso es fácil entenderlo a la luz del desgaste de los candidatos del PRI y la gran cantidad de recursos públicos desviados desde la alcaldía de Vallarta para fortalecer la base social del Partido Movimiento Ciudadano.

Sin embargo es más que evidente el repudio que El Mochilas se ganó en Vallarta, lo cual le complicará terriblemente cualquier intento por volver a hacer política en el municipio, aunque de momento se entretiene impulsando la candidatura de Luis Munguía.

En cuanto a Salvador González Reséndiz, aunque el proceso fue distinto el resultado final fue similar al del Mochilas. Junto con su hermano Rafa, Chavita estaba preparado para asumir el control político del PRI Vallarta por los próximos 30 años, al igual que lo hiciera su padre por un tiempo similar.

Sus problemas comenzaron cuando decidió imponer la candidatura de Adrián Méndez por encima del candidato natural Andrés González, lo cual devino en la derrota electoral del 2012. Con El Mochilas en la alcaldía cualquier buena obra realizada por Chava en su administración fue desprestigiada, al grado de que tras ser proyectado para formar parte del primer círculo de funcionarios de Aristóteles Sandoval se vio obligado a operar tras bambalinas, desde una Subsecretaría.

Pese a la discreción de su cargo, Chava González es sin duda alguna el funcionario más poderoso del gabinete de Aristóteles Sandoval porque es el responsable de la recaudación y ejercicio del presupuesto público y privado del gobierno de Jalisco.

Sin embargo difícilmente volverá a ser aclamado por las multitudes en Puerto Vallarta, donde difícilmente se deja ver cada que viene a pasar algún fin de semana.

Dos claros ejemplos de que en la política no bastan las buenas intenciones, a menudo las cosas no salen como están planeadas. Pero lo dice un viejo proverbio: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

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