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Perfil: Una Oportunidad Desperdiciada

Por Luis Alberto ALCARAZ

NOVATOS EN CAMPAÑA. La decisión de la Sala Constitucional-Electoral del Tribunal Superior de Justicia del Poder Judicial del Estado de Nayarit, dada el martes pasado, de rechazar por improcedente el recurso presentado por la Alianza Nayarit nos Une en contra de la elección municipal en Bahía de Banderas negó la posibilidad de que un tema muy delicado fuera puesto sobre la mesa de las discusiones. No están mal los magistrados al rechazar el recurso impuesto por los representantes de la alianza integrada por el PRI, Panal y PV, que exigían la anulación de los comicios municipales por la inequidad en la que se desarrolló el proceso, especialmente por la forma brutal y criminal en la que desde algunos medios de comunicación se atacó impunemente al candidato Julio Larios García, a quien abiertamente se acusó hasta de haber asesinado a su padre. Lo lamentable es que los abogados de Julio Larios ni siquiera cuidaron los aspectos de forma, presentando el recurso fuera de los tiempos establecidos por la ley y con ello provocando que los magistrados ni siquiera entraran al fondo del litigio. Este hecho refleja lo que fue una constante en la campaña de Julio Larios, la improvisación y falta de oficio en la mayoría de quienes integraban su equipo de campaña.

  LA FORMA ES FONDO. Por desgracia la ineptitud de los abogados del PRI de Bahía de Banderas impidió que este asunto tan importante fuera debatido en los tribunales para empezar a sentar jurisprudencia en torno a este lamentable problema que se repite cada tres años, cuando empresarios y trabajadores de los medios de comunicación difaman sin ningún límite a aquellos candidatos que se niegan a satisfacer sus exigencias monetarias. Si las pasadas reformas a la ley electoral federal frenaron un poco la voracidad de los medios de comunicación electrónicos, en el terreno de la prensa escrita prácticamente nada se avanzó, dejando intacto ese escenario donde la impunidad es la constante. Lo peor de todo es que a raíz de la despenalización del delito de Calumnia la impunidad se hizo mayor, porque a partir de eso ningún periodista, o ninguna otra persona, puede ser sujeta a un proceso penal a causa del ejercicio de su derecho a expresarse libremente. Lo malo es que muchos ignoran que su libertad acaba donde inicia la libertad del otro. Para algunos insultar a un candidato es un ejercicio de libertad de expresión, para la ley es incurrir en un delito que debiera castigarse de manera ejemplar. Por desgracia es muy difícil establecer en términos concretos un daño moral a raíz de una calumnia o difamación, lo cual beneficia a muchos vivales que escudándose en el oficio de periodista ejercen actividades propias del crimen organizado.

 UN PELIGRO REAL. En el caso del ex candidato del PRI a la alcaldía de Bahía de Banderas, Julio Larios García, basta revisar las portadas de algunos diarios publicados durante la pasada campaña para comprobar la forma criminal en la que fue atacado. Por igual se le acusó en primera plana de haber sido el responsable de la muerte de su padre que de tener amantes al por mayor, asuntos todos que por ser propios de la vida privada por ley están fuera del escrutinio público. Pero una vez que han sido ventilados de manera pública, el acusador está obligado a probar sus hechos, algo que videntemente nunca ocurrió en el caso de Julio Larios. Simple y sencillamente se aplica el principio que dice: “difama, que algo queda”. En ese contexto, la contienda fue evidentemente inequitativa, ya que mientras en la mayoría de los medios impresos del municipio se enlodaba y difamaba a Julio Larios, en la totalidad de los medios impresos se hablaba maravillas del candidato del PAN, lo cual podría haber influido en el resultado final de la contienda, sobre todo si tomamos en cuenta que la diferencia entre el primero y asegundo lugar fue menor a los 400 votos. 

CADA QUIEN LO SUYO. Por supuesto que en este problema nada tuvo que ver Rafael Cervantes Padilla, quien como candidato del PAN simplemente hizo muy bien su trabajo, ganándose el apoyo de los dueños y trabajadores de los medios de comunicación, ya sea con acuerdos económicos o con buen trato, lo cual lo vacunó para evitar una guerra sucia. En contraste, Julio Larios y sus operadores fueron incapaces de evitar esa guerra sucia y abrieron la puerta para que sus enemigos se le fueran a la yugular, publicando información que a todas luces constituye delitos como la Calumnia y la Difamación. De ahí lo lamentable de que el tema no hubiera sido analizado por los magistrados, porque es urgente que se haga algo al respecto. Rafael Cervantes Padilla debe tener muy claro que esos que hicieron pedazos la imagen pública de Julio Larios harán lo mismo con él si a partir del 19 de septiembre -una vez que Paniagua entregue el poder- no satisface sus exigencias económicas. Lo que se publicó en contra de Julio Larios será poca cosa comparada con lo que le publicará a Rafa Cervantes si ya instalado en la presidencia municipal no acepta pagar lo que estos medios de comunicación le van a exigir como justo pago a los servicios realizados durante la campaña.

 POSDATA. Al respecto vale la pena recordar una frase que se le atribuía a un periodista nayarita ya fallecido: “No te preocupes por lo que te sé, preocúpate por lo que te puedo inventar”. Por desgracia en muchos estados de la república ese principio sigue siendo una constante en la conducta de muchos periodistas que, ante la incapacidad de lograr un ingreso decoroso en la empresa donde laboran, salen a la calle decididos a obtener ingresos de los políticos y funcionarios públicos, por las buenas o por las malas. Así, el oficio del periodismo se convierte en un tráfico de influencias donde el periodista habla bien del que le paga y habla mal del que se niega a corromperlo.

 VOX POPULI. De ahí la necesidad urgente de que la sociedad en su conjunto, ciudadanos e instituciones, analicen este problema en busca de una solución. En primer lugar hay que dignificar el oficio del periodismo, para que sus trabajadores reciban sueldos decorosos en sus empresas y no se vean obligados a aceptar o exigir corruptelas para sobrevivir. Pero lo más importante es frenar la voracidad e inmoralidad de algunos empresarios del periodismo que, incapaces de vivir de sus anunciante y lectores, obligan a los políticos y los gobiernos a pagarles millonarias cantidades so pena de “hacerlos pedazos” en las páginas de sus periódicos.

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