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Perfil Político: Un Principio que Parece Final

Por Luis Alberto ALCARAZ

ZONA DE DESASTRE. Aunque estaba programada para pagarse a 15 años, la deuda pública heredada por el gobierno de Javier Bravo Carbajal seguramente comprometerá las finanzas municipales por mucho más tiempo, sobre todo porque el cálculo de los 15 años se hizo exclusivamente sobre el empréstito de 450 millones, pero resultó que en el mejor de los casos estamos ante una deuda de 710 millones de pesos, y en el peor de los casos ante una suma superior a los mil millones de pesos porque esos 450 millones iniciales implican un cuantioso pago de intereses. El caso es que las consecuencias ya las estamos empezando a ver, porque la administración de Salvador González Reséndiz, a tan solo seis meses de haber iniciado, pareciera un gobierno en la recta final del trienio. Porque sólo al final de un trienio es normal ver gobiernos con problemas para pagar la nómina, algo que ya se empezó a padecer desde la quincena anterior.

 Para hacer frente a ese problema, el alcalde González Reséndiz está proponiendo un esquema de solidaridad laboral mediante el cual la mayoría de los funcionarios de confianza se compromete a aportar un mes de su salario, medida que ya fue tomada sin ningún resultado por la pasada administración. También en la pasada administración el ayuntamiento quedó a deber sueldos y aguinaldos a algunos funcionarios a causa de la insolvencia financiera, algo que inesperadamente ya estamos viendo en esta nueva administración.

 A CERRAR FILAS. Nadie gana nada solazándose con la crisis económica que ya está padeciendo el municipio de Puerto Vallarta, ni siquiera aquellos que pretenden sacar raja política de esta lamentable situación, porque está claro que el ayuntamiento es el principal promotor de la economía vallartense, del cual dependen para empezar cerca de 2 mil familias que implican un mínimo de 10 mil personas. Si contamos además la gran cantidad de pequeñas y medianas empresas que también dependen del ayuntamiento, es fácil captar los riesgos que implica una quiebra financiera del ayuntamiento. Por lo tanto no es momento de cuestionar al alcalde Salvador González, sino de sumarse al enorme trabajo que viene realizando desde el primer día de su gestión para mantener a flote el barco. Ahora más que nunca se requiere apoyarlo sin mezquindades, en el entendido de que el hundimiento de Salvador González Reséndiz implica, sí, el hundimiento del PRI Vallarta, pero también el hundimiento del municipio. De ahí la urgencia de encontrar mecanismos que permitan que el ayuntamiento recupere su solvencia económica para que siga siendo la bujía económica del municipio, especialmente en estos meses de llamada temporada baja que están a la vuelta de la esquina.

 CONTRA LA IMPUNIDAD. Pero la solidaridad con el gobierno de Salvador González Reséndiz no implica un pacto de impunidad con el pasado. Por el contrario, este desastre financiero que está padeciendo el ayuntamiento de Puerto Vallarta tiene nombres y apellidos y por lo tanto es igualmente urgente llamarlos a cuentas. Nadie en su sano juicio en Puerto Vallarta aportará un peso de su bolsillo mientras la impunidad permita que los que saquearon al municipio se sigan riendo cínicamente. Lo peor de todo es que esos pillos encabezados por Javier Bravo, muchos de ellos todavía incrustados en la administración municipal, aun se pueden dar el lujo de presumir su honestidad y hacer trabajo político para tratar de recuperar el poder en el 2012. De ahí la urgencia de combatirlos hasta sus últimas consecuencias, para obligarlos a pagar hasta el último peso que se robaron. Para desgracia de ellos el atascadero que hicieron es enorme, de modo que por donde se le busque saltan los rastros de sus pillerías. Porque a diferencia de otros, Javier Bravo fue burdo y mediocre hasta para robar, porque ni siquiera se preocupó por guardar las formas, engolosinado como estaba en dilapidar el dinero de los vallartenses a manos llenas.

 CADA QUIEN SU PARTE. En ese contexto, cada quien está obligado a hacer su parte. El alcalde Salvador González Reséndiz deberá aplicar una verdadera política de austeridad que le permita al municipio ahorrar cantidades importantes de dinero, porque de nada sirve que 50 funcionarios donen un mes de su sueldo para ahorrarle al ayuntamiento 300 mil pesos, si al mismo tiempo una comilona ofrecida por al municipio a los maestros o a los campesinos implica un desembolso de medio millón de pesos. Javier Bravo se pavoneaba regalando a los profesores vallartenses uno o dos carros nuevos en cada Día del Maestro, sin embargo esos costosos regalos no salieron de su bolsillo, sino del erario público que deberá ser pagado por las próximas cinco administraciones. De eso se trata entonces, de que el ayuntamiento sólo gaste el dinero necesario para el cumplimiento de sus funciones constitucionales, dejando el derroche y el mecenazgo para otras instancias. Por desgracia las primeras áreas en sufrir recortes son Cultura y Deportes, pero siempre será preferible cancelar un concierto antes que dejar de recoger la basura en las calles de la ciudad. De igual forma se debe acabar con los privilegios en el ayuntamiento, obligando a sus funcionarios a comportarse como auténticos servidores públicos, no vividores de la administración. Cuando veamos un gobierno austero y solidario, entonces la sociedad vallartense podrá volcarse en su auxilio.

 POSDATA. Consumida la primera mitad de su gobierno, el mandatario jalisciense Emilio González Márquez sigue reestructurando su gabinete al hacer cambios importantes en su equipo de trabajo, colocando al periodista Eduardo Mar de la Paz como jefe de asesores con una gran cantidad de funciones que lo convierten en un súper funcionario. Por desgracia los cambios que está haciendo Emilio son similares a los realizados por el presidente Felipe Calderón, porque no tienen mucho que ver con el beneficio de sus gobernados, sino con la lucha por la sucesión que se vendrá en el 2012. 

VOX POPULI. Aunque con menor intensidad que en otros estados, en Jalisco ya estamos empezando a vivir un clima de inseguridad que podría desbordarse. Cada vez son más frecuentes los ataques frontales en contra de los cuerpos policiacos del estado, lo que debiera tomarse como un indicio de que algo más grave está por ocurrir. El inevitable Efecto Cucaracha muy pronto empezará a afectar al estado de Jalisco.

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