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Perfil Político: Un mal Diagnóstico

Por Luis Alberto ALCARAZ

EL MANOSEO POLÍTICO. Convertido en el máximo atractivo turístico de Puerto Vallarta, el malecón ha sido motivo de polémicas desde mucho tiempo atrás, empezando por el lío que se armó cuando un alcalde tuvo la idea de recubrirlo de baldosas rojizas, lo cual hizo estallar la ira entre algunos puritanos que consideraban que ese color encendía las bajas pasiones de los caminantes. Luego, en 1992, Rodolfo González Macías se aventó el reto de emprender su primera gran remodelación, cerrando el centro de la ciudad por varios meses, desatando obviamente el enojo de los comerciantes que enfrentaron tiempos de vacas flacas a consecuencia de los trabajos. Años después, a culpa del paso del huracán Kenna, el malecón fue remodelado por el gobierno de Pedro Ruiz Higuera y alcanzó su clímax con la sorpresiva remodelación emprendida por el alcalde Salvador González Reséndiz, quien sin tomar en cuenta a sus críticos aplicó contra viento y marea un ambicioso proyecto que cambió radicalmente el rostro del malecón. Sin embargo, más allá de los detalles cosméticos, el gran cambio que sufrió el malecón vallartense, su piedra angular, ha sido su nueva condición de paseo peatonal, vedado al tráfico de vehículos de todo tipo. La medida fue bien recibida por unos y vituperada por otros, al grado de que en estos momentos existe un clamor importante que exige la apertura vehicular del famoso paseo vallartense.

UNA PROMESA DE CAMPAÑA. Por supuesto que los primeros damnificados con la peatonalización del malecón fueron los taxistas, quienes por décadas estuvieron apostados a lo largo de la Díaz Ordaz, justo en las afueras de antros y restaurantes que les garantizaban un alto flujo de clientes. Con la remodelación los taxistas ya no pueden hacer sitio en las afueras de los antros y fueron reubicados a las bocacalles que dan al malecón, lo que provoca una dispersión de los clientes potenciales que afecta directamente a muchos taxistas. Fueron precisamente los taxistas quienes en la pasada contienda electoral jugaron en mayoría a favor de Ramón Guerrero, quien a cambio les prometió abrir el malecón al tráfico vehicular en cuanto asumiera el poder. El problema es que al llegar a la alcaldía El Mochilas topó con el hecho de que el grueso de los empresarios vallartenses está en contra de que el malecón se abra al tráfico vehicular por lo que hasta el momento no ha podido cumplir su compromiso con los taxistas, quienes cada vez presionan más para que se les permita traficar sobre la plancha del malecón. El problema es que la obra no está diseñada para el tráfico de vehículo por no contar con banquetas de protección, por lo que sería una irresponsabilidad muy grave autorizar el paso de vehículos automotores al mismo tiempo que fluye el tráfico peatonal.

LAS VACAS FLACAS. Pero sin duda alguna el mayor reclamo proviene de algunos empresarios que han visto mermados sus ingresos a raíz de que los vehículos dejaron de pasar frente a sus negocios. Muchos vallartenses reclaman la apertura del malecón bajo el argumento de que les han negado el placer de disfrutar su paseo frente al mar, lo cual es una burrada ya que pasar en auto frente al malecón en el pasado permitía todo, menos admirar el paisaje marino. Tal vez a lo que se refieren es a esa lamentable práctica de circular por el malecón los domingos por la noche con la música a todo volumen para hacerse notar ante los miles de paseantes que atiborran la zona. Otros, mujeres generalmente, se quejan de que ahora es un suplicio acceder a los antros de moda del malecón ya que antes el taxi o el auto les permitía descender frente a las puertas del lugar y ahora se ven obligadas a caminar dos o tres cuadras, algo que a nosotros nos parece muy saludable pero que a las damas, montadas en enormes zapatillas de pronunciado tacón, es un auténtico infierno. Sin embargo el reclamo más serio es el de los comerciantes que aseguran que las ventas se han desplomado desde que el malecón fue peatonalizado.

CADA QUIEN LO SUYO. En este contexto se da el reclamo del dirigente cetemista Rafael Yerena Zambrano, quien está a favor de la apertura del malecón al tráfico de taxis y vehículos livianos, manteniendo la suspensión del paso de autobuses. Poniendo como ejemplo algunas zonas de la capital del país donde es posible la convivencia armónica entre peatones y vehículos mediante un adecuado sistema de topes, el líder obrero se suma al clamor de los taxistas, aunque presume estar atendiendo el reclamo de los comerciantes que ven con preocupación la forma en que el centro se está muriendo, comercialmente hablando. Por supuesto que todos los protagonistas tienen razón, sin embargo es necesario establecer prioridades: está demostrado que en los principales centros turísticos del mundo las zonas peatonales son fundamentales para el éxito, por lo tanto no hay duda en cuanto a que el malecón es mejor como está, exclusivamente para el deleite de los peatones locales y visitantes. Tampoco hay duda en cuanto a que el centro de Vallarta pasa por una mala época, pero eso no es culpa del malecón, sino de la incapacidad de los ilustres personajes que llevan décadas manejando a su antojo las estrategias de promoción internacional del destino. El día que Puerto Vallarta tenga una eficiente promoción turística el centro de la ciudad volverá a ser una mina de oro, sin importar que el malecón siga cerrado al tráfico vehicular.

POSDATA. Peatonalizar el malecón fue un gran logro y un gran acierto. En ese aspecto el gobierno hizo su parte de manera notable, dotando a la ciudad de un atractivo con categoría internacional. El problema es que los organismos públicos y privados responsables de proyectar internacionalmente a Puerto Vallarta no han estado a la altura, y eso según el punto de vista de donde se vea. Porque aunque el centro de la ciudad está muriendo de inanición, las empresas que manejan los responsables de la proyección internacional de Puerto Vallarta están con excelentes niveles de ocupación, lo cual por lo menos debería ser sospechoso.

VOX POPULI. Hay que decirlo como es: abrir el malecón al tráfico vehicular es una estupidez. Pero también es una estupidez mantener todo el aparato promocional como si no hubiera crisis. El gobernador Aristóteles Sandoval, si realmente está interesado en sacar adelante a Puerto Vallarta, está obligado a dar un golpe de timón, un auténtico manotazo sobre la mesa, y renovar todos los espacios que hasta el día de hoy han sido notablemente mediocres y deficientes en el manejo turístico de la ciudad. Un buen principio sería quitar a los empresarios el manejo del aparato promocional porque no es correcto que sean juez y parte. El gobierno se debe dedicar a mejorar la infraestructura turística y establecer organismos imparciales que promuevan de manera profesional a Puerto Vallarta en el contexto mundial. Los empresarios por su parte deben profesionalizar sus empresas para que cuando los turistas lleguen tengan todo tipo de opciones para disfrutar la ciudad. Cada quien lo suyo, sin simulaciones, sin tráfico de influencias. Es lógico que la Asociación de Hoteles la maneje un hotelero, pero el Fideicomiso de Turismo no debe seguir en manos de los mismos hoteleros, porque eso es lo mismo que poner a un chango a cuidar bananas.

 

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