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Perfil Político: PMC, 15 Minutos de Fama

Por Luis Alberto ALCARAZ

LA PROFECÍA. Dijo Andy Warhol que en el futuro todos tendríamos derecho a 15 minutos de fama y ese futuro ya llegó. Gracias al internet muchos personajes anónimos se vuelven figuras públicas aunque su fama a veces ni siquiera soporta los 15 minutos prometidos. En la política vallartense sucede lo mismo cada tres años, cuando una cantidad de personas se coloca bajo los reflectores para gozar de 15 minutos que en términos reales terminan siendo tres años. Junto a los políticos tenemos otra fauna a menudo igual de nociva integrada por empresarios y presuntos catedráticos que también reclama su cuota de celebridad, como ocurre en el Centro Universitario de la Costa donde cada tanto tiempo nos mandan a un rector que seis años después se diluye en la nada. En sus 20 años de historia del CUC sólo se recuerda a Armando Soltero por haber sido el fundador y Marco Antonio Cortés por ser el rector actual, ya nadie recuerda a Max Greig, pese a que apenas lleva poco más de un año de haber dejado el cargo. Tal vez Max pasará a la historia por haber sido el único en haber durado en el cargo solamente tres años, algo difícil de creer en un escenario donde casi en automático todos los rectores tienen la relección asegurada. De Jeffry Fernández pocos se acuerdan, salvo cuando al ixtapense lo vence la nostalgia y se aparece en Puerto Vallarta para cenar en La Leche con quienes formaron parte de su grupo de aduladores. Algo similar podemos decir de Javier Orozco Alvarado, un mesiánico bipolar que embarcó al CUC en la más penosa de las aventuras políticas, cuando desde la Tesorería del Centro Universitario se financió la campaña electoral de Maximiliano Lomelí Cisneros como aspirante a la alcaldía de Vallarta por el PRD. Pero los 15 minutos de fama de Orozco se acabaron y para recuperar un poco del lustre perdido llegó a niveles tan bajos como el de pretender ser presidente de la Fundación Colosio en el PRI de Puerto Vallarta.

TODOS QUIEREN SU PASTEL. Lo que ha pasado en el CUC es una muestra médica comparado con lo que ocurre en el sector empresarial y político de Puerto Vallarta, donde en los últimos 25 años hemos visto más de lo que esperábamos ver. Apenas dos años atrás, durante la época dorada del gobierno priista, era imposible imaginar que dos de los grandes activos de la IP vallartense terminarían operando para un gobernó ajeno al PRI. Lupita Bejos y Gabriel Igartúa ya habilitados como promotores del Movimiento Ciudadano. Esa plasticidad de la memoria colectiva permite olvidar pronto y por lo mismo cancela la posibilidad de una visión de largo plazo. En la cúspide del poder municipal, desde la altura de un modesto ladrillo de barro rojo, los pequeños hombrecillos del poder nos parecen enormes estadistas y los imaginamos dueños de largas y exitosas carreras, aunque mucho antes de lo esperado terminan siendo polvo de olvido, lodo seco. Y si muchos recordamos a Javier Bravo es sólo gracias al enorme daño patrimonial que le generó al municipio al endilgarle una feroz deuda pública superior a los 700 millones de pesos. Pero Javiruchis sigue presente en el imaginario colectivo por otras dos razones: su exitosa faceta de vendedor de café orgánico mediante estructuras multinivel, y su insistencia en conseguir un cargo público desde el cual pueda volver a ser una figura pública que viva del presupuesto.

 

MÁS TEMPRANO QUE TARDE. Todo esto viene a la mente a raíz de la forma casi religiosa en la que muchos veneran a los nuevos mesías de la política vallartense encabezados por el ayutlense Ramón Guerrero Martínez, a quien pretenden erigir como el nuevo González Pimienta de la comarca. “Muy pronto estará con ustedes El Mochilas para llevarlos al triunfo” –exclamó en días pasados el dueño del Partido Movimiento Ciudadano, Dante Delgado Rannauro, durante un evento político en el cual ratificó la candidatura del panista Adrián Guerra como su abanderado a la alcaldía de Bahía de Banderas. Representado por su insignificante secretario particular Oscar Pérez, El Mochilas patentizó su respaldo moral, que muy pronto se convertirá en respaldo económico con cargo al presupuesto público, al puñado de ingenuos nayaritas que ya se sienten con medio cuerpo en la alcaldía de ese vecino municipio nayarita. A nivel local y regional se presenta al Mochilas como el gran estratega político que logró la hombrada de sacar al PRI de palacio municipal, cuando en realidad no es más que un delincuente electoral que consiguió la victoria mediante una burda estrategia de compra de votos que quedó impune gracias a una negociación política del más alto nivel. ¿O a poco creyeron que la promesa del Mochilas de refundir en la cárcel a Salvador González Reséndiz quedó en el olvido por culpa del Halzheimer o por falta de evidencias? Aquel grito espectacular del Mochilas de “no seré tapadera de nadie” se diluyó en la nada, cuando el alcalde vallartense se convirtió irónicamente en la mayor tapadera de los excesos de los últimos dos alcalde vallartenses emanados del PRI.

NO PASARÁN. Hoy, gracias en parte a un millonario presupuesto repartido estratégicamente en una gran cantidad de medios de comunicación locales y estatales, Ramón Guerrero es el nuevo rockstar de la política jalisciense, pero a partir del 30 de septiembre del año entrante volverá a ser nada, si acaso un gerente regional de la lechera Sello Rojo como pago a los enormes favores realizados en beneficio de ese poderoso grupo empresarial que hoy pretende hacerse del control de Bahía de Banderas mediante la candidatura de Adrián Guerra. Hoy nuestra pequeña fauna política vive sus 15 minutos de fama posando glamorosa en el tianguis de Cancún o en las revistas de sociales de la ciudad, pero mañana volverán a ser los ciudadanos anónimos de siempre, los mediocres cotidianos que siempre fueron. Ni siquiera vale la pena derrochar tinta pretendiendo analizarlos, pero es necesario señalarlos para que no se les dé un nivel mayor del que merecen. Ramón Guerrero pudo haber sido y no fue, y no fue porque por encima de su visión de un gobierno ciudadano se impuso el compromiso político y económico con quien lo llevó al poder. Hoy puede abrir generosamente la cartera de la tesorería municipal para rifar autos y motos entre taxistas y vendedores de playa pero el daño a su imagen política ya está hecho y es irreversible. Para evitar que El Mochilas vuelva a ganar una contienda será suficiente con aplicarle la ley para evitar que vuelva a comprar votos mediante vales de cemento.

POSDATA. Por más que algunos pretendan impulsar un plan transtrienial, el Movimiento Ciudadano no llegó para quedarse, simplemente disfruta de sus 15 minutos de fama como en su momento lo hicieran el PAN, el PRD y el PVEM, hoy en el ostracismo gracias a su incapacidad de convertirse en una verdadera alternativa de gobierno honesto ante los latrocinios del PRI. En Puerto Vallarta el año entrante el PRI recuperará la presidencia municipal sin que ello implique buenas noticias para la sociedad vallartense en su conjunto porque representará el enésimo remake de Alí Babá y los 40 ladrones.

VOX POPULI. De los demás ni siquiera vale la pena hablar, Oscar Pérez, como otros secretarios particulares del pasado reciente, saldrá de la alcaldía repleto de dinero pero sin la mínima posibilidad de volver a ser alguien en la política. Susana Carreño y El Beto ni siquiera tuvieron que esperar al 30 de septiembre del 2015 para volverse humo, desde ahora ya son fantasmas buscando la forma de acomodarse con Andrés González el año entrante. El Tlatoani pata salada pretenderá alargar su momento regenteando la franquicia del PT y el resto, de cuyo nombre no quiero ni acordarme, seguirá disfrutando los 5 minutos de fama que le restan. Se lo merecen.

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