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Perfil Político: No Tienen Vergüenza

Por Luis Alberto ALCARAZ

LOS AMIGOS QUE FUERON. En los meses previos a su toma de protesta como alcalde de Puerto Vallarta Gustavo González Villaseñor contrató los servicios de un investigador de la Universidad de Guadalajara para que se encargara de la redacción de su Plan Municipal de Desarrollo, a quien le montó una oficina privada en Plaza Santa María. Se trató de Javier Orozco Alvarado, quien alcanzó a hacer algunos borradores del Plan antes de que Raúl Padilla López lo designara como sucesor de Jeffry Fernández en el Centro Universitario de la Costa. Por desgracia no fue el inicio de una excelente relación entre el Ayuntamiento de Puerto Vallarta y el CUC, por el contrario, el distanciamiento fue evidente a raíz de que Javier Orozco acusara a Gustavo González de no haberle pagado por completo sus honorarios para la elaboración del Plan Municipal de Desarrollo de su administración, cosa nada extraña porque es bien sabido el estilo de Gustavo a la hora de responder por sus compromisos económicos. La relación entre el CUC y el Ayuntamiento fue tal que la comunidad universitaria realizó marchas públicas en protesta por algunos actos de gobierno de Gustavo González Villaseñor, particularmente aquellos que pretendían modificar el uso del suelo de la zona habitacional del municipio.

LA REVANCHA DE JAVIER. Decepcionado de Gustavo, Javier Orozco se la jugó con Javier Bravo desde la elección interna del PRI, a la que mandó a cientos de muchachitos a votar en contra de Andrés González Palomera. Ya con Javier Bravo de candidato, el entonces rector del CUC hasta se dio el lujo de acudir a algunos eventos de campaña en el edificio del PRI Vallarta. Eran tiempos en los que a Javier Orozco no le interesaba hacerse pasar como integrante de la sociedad civil y buscaba a toda costa treparse en el ferrocarril del PRI. Pero tropezó con la misma piedra, si su relación con Gustavo fue tirante, su trato con Javier Bravo sacó chispas, hormonales los dos jamás se pudieron entender y el CUC fue la piedra en el zapato del gobierno de Javier Bravo. Decepcionado del PRI y mal asesorado por algunos de sus colaboradores, el rector Javier Orozco decidió buscar el poder municipal en contra del PRI, para lo cual se dedicó a la tarea de integrar una planilla ciudadana a la cual presumió como un auténtico trabuco electoral, con Max Lomelí Cisneros a la cabeza. Los candidatos de lujo que Javier Orozco consiguió para su trabuco ciudadano fueron los hoteleros Oscar Rivero y Abel Villa, quienes llevaron en la fórmula al abogado Pedro Parada Gutiérrez, quien como buen alfil de Orozco no tuvo más remedio que prestarse a la charlotada a pesar de su presumida militancia en el PRI. El trabuco también estaba integrado por Armando Soltero y Víctor Fletes, éste último uno de los hombres más cercanos a Arturo Zamora en Puerto Vallarta.

LA CRUDA REALIDAD. En aras de apoderarse de la alcaldía de Puerto Vallarta Javier Orozco utilizó los recursos del CUC para financiar la campaña de Max Lomelí, pero todo fue un sueño guajiro ya que el trabuco ciudadano ni siquiera consiguió una regiduría plurinominal debido a que el PRD solamente sacó 2,861 votos, apenas 549 más que el PVEM cuyo representante iba en alianza con el PRI. Exhibido en toda su torpeza política, Javier Orozco terminó su segundo período como rector del CUC y se regresó a la Zona Metropolitana de Guadalajara donde sobrevivió algunos años como burócrata de tercera en algunas instancias de la UdeG. Para su desgracia el virus de la política ya corría por sus venas así que no dudó en tocar de nuevo las puertas del PRI, incorporándose a la Fundación Colosio gracias a su relación con Alberto Mora, quien lo nombró como uno de sus vicepresidentes. Presa de la maldición que dicta que los fuereños que beben agua del río Cuale jamás pueden abandonar Puerto Vallarta, Javier Orozco diseñó su regreso estelar a esta ciudad como flamante presidente del Capítulo Puerto Vallarta de la Fundación Colosio: Para desgracia de Javier Orozco algunos priistas de Puerto Vallarta tienen memoria y de inmediato le cerraron el paso, impulsando a Jorge Luis García como nuevo presidente de la Fundación Colosio Vallarta.

PERO SIGUE SIENDO EL REY. Impedido de ser presidente de la Fundación Colosio, Javier Orozco no se amilanó y al vapor inventó su propia Fundación Jalisco Para el desarrollo Turístico Sustentable de la Costa Norte A.C., cuya presidencia asumió el 13 de marzo de este año bajo la premisa de ser una asociación apartidista. Muy poco le duró al apartidismo a Javier Orozco, porque el lunes pasado recibió de manos de Gustavo González Villaseñor un papelito que lo acredita como flamante Secretario de Vinculación con la Sociedad Civil. En realidad las intenciones de Javier Orozco están más que claras: buscar una candidatura a regidor en la planilla que el año entrante registrará el PRI. Para ello pretende capitalizar su permanencia en el Grupo Universidad, cuyo líder moral Raúl Padilla López es uno de los más cercanos al gobernador Aristóteles Sandoval. Por desgracia para conseguir su objetivo Javier Orozco tendrá que pasar por encima de la ley ya que no cuenta con la residencia necesaria para aspirar a un cargo de elección en Puerto Vallarta por tener más de cuatro años viviendo fuera del municipio. Pero eso no lo desanima, ya que otros personajes han conseguido cargos similares sin siquiera radicar en Puerto Vallarta, valiéndose de los vacíos de la ley.

POSDATA. Bajo el principio de SE RECIBE ESCOMBRO, Gustavo González Villaseñor ha desplegado una política incluyente encaminada a fortalecer al PRI reafiliando liderazgos que en el pasado traicionaron al PRI y fueron fundamentales para algunas de las derrotas que ha tenido ese partido. Es el caso de Heriberto Sánchez Ruiz, quien en el 2000 operó para que el panista Pedro Ruiz Higuera derrotara al candidato del PRI. Es el caso también de Tito Yerena, quien en el 2012 fue candidato del PRD y le quitó al PRI 6,239 votos, muchos más de los 1,814 votos que habría necesitado El Archi para derrotar al Mochilas.

VOX POPULI. Hoy las traiciones quedan en el olvido y Gustavo González Villaseñor los recibe a todos como si fueran Cuauhtémoc Cárdenas regresando al PRI. En aras de encabezar un PRI unificado en el 2015, Gustavo muestra un maquiavelismo cínico en el cual la cantidad se impone sobre la calidad.

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