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Perfil Político: La Guerra que nos Prometieron

Por Luis Alberto ALCARAZ

SOBRE AVISO NO HAY ENGAÑO. Cuando en diciembre del 2006 el presidente Felipe Calderón anunció su guerra en contra del crimen organizado advirtió que habría costos qué pagar en esa lucha en contra del crimen organizado. Urgido de legitimidad tras el desastroso proceso electoral en el cual derrotó a Andrés Manuel López Obrador por menos de un punto porcentual, Felipe Calderón decidió que el tema de la seguridad pública sería el eje de su sexenio, a pesar de que había hecho campaña presumiendo que sería el presidente del empleo. Así, como nunca antes, los cuerpos policiacos federales hicieron presencia en algunos estados donde la inseguridad pública empezaba a ser complicada, sin embargo en aquellos meses del 2006 y 2007 el clima de violencia no era ni remotamente parecido al que vivimos hoy, lo cual refuerza las hipótesis de quienes aseguran que la guerra que Calderón le declaró al crimen organizado solamente ha servido para multiplicar la violencia. Según esta teoría, cada que el gobierno detiene a un narcotraficante importante la violencia se multiplica debido a que la plaza queda sin control y surgen diversos capos de nivel medio disputándose la vacante. O sea que tras cada cabeza cortada surgen varias cabezas más, lo cual provoca, la multiplicación de liderazgos al interior de los diversos carteles de la droga. Hoy debe haber por lo menos el doble de cárteles de droga que existían en México al inicio de este sexenio, producto del fenómeno anteriormente comentado.

UNA GUERRA DE PAPEL. Según datos oficiales, en lo que va del sexenio han muerto más de 35 personas en hechos relacionados con el narcotráfico, sin embargo por lo menos el 90% pertenece a los grupos criminales y ha muerto a consecuencia de enfrentamientos entre bandas criminales. El otro 10% está compuesto por víctima inocentes, civiles que tuvieron la desgracia de estar en el lugar equivocado a la hora equivocada, 

como los 52 neoloneses que cometieron el gravísimo error de acudir a jugar al casino Royale el jueves pasado a las 4 de la tarde, justo cuando un grupo de criminales decidió incendiar el lugar como represalia por la negativa de los propietarios a pagar el llamado derecho de piso. No hay, por lo tanto, ninguna guerra del Estado en contra del crimen organizado, hay simplemente operativos policiacos destinados a tratar de inhibir a los delincuentes. Hasta donde se sabe, en lo que va del sexenio han muerto poco más de 250 soldados del ejército mexicano en enfrentamientos contra los criminales, lo que habla de las pocas bajas que se han registrado en el gobierno, algo que refuerza la teoría de que no estamos en guerra, los que se encuentran en guerra son los narcotraficantes que se matan entre ellos en la disputa por el control de las diversas plazas del país.

NO SE HAGAN BOLAS. Entre el Calderón impetuoso de diciembre del 2006 y el Calderón agotado de agosto del 2011 hay un mar de diferencia. El tiempo no ha pasado en vano sobre la faz del presidente, quien no oculta el enorme peso que carga en sus espaldas. Las 52 víctimas del incendio al casino Royale son un mínima parte de esas víctimas colaterales que anunció en el principio de su guerra contra el crimen, pero tal vez nunca imaginó que viviría para contarlo. Visiblemente afectado por la tragedia, Felipe Calderón llamó terroristas a los delincuentes que incendiaron el casino y aseguró que el crimen no quedaría impune. No sabe de lo que habla, el terrorismo, por fortuna, todavía está muy lejos de México. Terrorismo fue el derrumbe de las torres gemelas de Nueva York, terrorismo es una bomba en el metro de la Ciudad de México a las dos de la tarde. Lo que pasó en Monterrey el jueves pasado fue un acto criminal más de los muchos que se registran a diario en todo el país ante la pasividad y a veces complicidad de los cuerpos policiacos. No debiera ser posible que a las cuatro de la tarde un grupo criminal proceda a incendiar un casino en la tercera ciudad más importante del país sin que ningún cuerpo de seguridad intervenga. Por suerte los delincuentes no pretendían asesinar a los asistentes al casino, simplemente querían “dar un escarmiento” al propietario del lugar para que aceptara pagar el derecho de piso.

UNA MALA COINCIDENCIA. Está claro que el objetivo del atentado no eran los civiles, sino el inmueble mismo. Por ello los criminales ordenaron a la gente que abandonara el lugar porque procederían a incendiarlo. En el video presentado por las autoridades se aprecia la forma en que decenas de personas salieron del casino antes de que las llamas se apoderaran del inmueble. La verdadera tragedia vino cuando los que no lograron escapar por la puerta principal trataron de hacerlo por las puertas de emergencia, descubriendo que no existían, que eran puertas de utilería. Así, lo que pretendía ser un mero escarmiento terminó convertido en la peor masacre de civiles en el México del nuevo siglo. Más que los criminales que incendiaron el casino, los verdaderos responsables de esas 52 muertes son los dueños del casino que simularon puertas de emergencia que nunca existieron. Igualmente responsables son las autoridades de los tres niveles que permitieron que el casino operara a pesar de carecer de salidas de emergencia. Con en el caso de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora, al margen del origen del fuego, los culpables de la tragedia son empresarios y autoridades que nunca cumplieron con lo que los obliga la ley.

POSDATA. La guerra que Felipe Calderón anunció en diciembre del 2006 por fortuna sigue sin darse, porque los grupos criminales están muy ocupados matándose entre sí. Cuando tengan tiempo y ánimo de aceptar la invitación de Calderón de ir a la guerra entonces el escenario cambiará radicalmente y el país entero será un polvorín, con atentados contra objetivos civiles por doquier. Por lo pronto está claro que los narcos sólo quieren el control de las plazas, no la destrucción de esas plazas. Jamás atentarán contra la gallina de los huevos de oro.

VOX POPULI. El inesperado desenlace del incendio al Casino Royale provocó un efecto que evidentemente los narcos no esperaban: 3 mil efectivos federales llegando a Monterrey en un operativo sin procedentes en el México de hoy. Querían darle un escarmiento a un dueño de casino y terminaron calentando la plaza, evidentemente no era el efecto esperado. Esos 52 muertos de Monterrey le costarán muy caro a los grupos que incendiaron el casino, prácticamente serán erradicados del Nuevo León que intenta gobernar Rodrigo Medina. Lo malo es que no tendrán problemas para asentarse en otro estado de la república, desde donde seguirán operando con toda impunidad. Es el Efecto Cucaracha contra el que poco podemos hacer.

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