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Perfil Político: La Guerra que no Comienza

Por Luis Alberto ALCARAZ

EL CONCEPTO. De acuerdo con el Instituto de Investigación de la Paz Internacional de Suecia, la guerra es todo aquel conflicto armado que cumple dos requisitos: enfrentar al menos una fuerza militar, ya sea contra otro u otros ejércitos o contra una fuerza insurgente y haber muerto mil o más personas. En ese contexto podemos afirmar que en México se está librando una guerra toda vez que el ejército mexicano se enfrenta a otras fuerzas beligerantes con un saldo al día de hoy superior a los 28 mil muertos. No hay duda, por lo tanto, que estamos en guerra, sin embargo la guerra es muy diferente a lo que nos quieren hacer creer, en primer lugar porque aunque el gobierno federal ha declarado la guerra a los cárteles de la droga, estos en realidad no han firmado acuse de recibo. O lo que es lo mismo, ante las baladronadas del presidente Felipe Calderón, el crimen organizado lo escucha como quien oye las llamadas a misa. El elevado número de muertes registrado en lo que va del sexenio, más de 28 mil, no habla mucho de un conflicto entre fuerzas federales y efectivos del crimen organizado, sino que es reflejo de una rabiosa batalla entre los diversos grupos criminales que se disputan el control del territorio mexicano. O sea que, lejos de perder el tiempo enfrentando al gobierno federal, los grupos de criminales dedicados principalmente al narcotráfico están muy ocupados matándose entre sí, como lo demuestra el hecho de que más del 90% de los muertos arrojados en este episodio pertenecen a grupos criminales, y el resto está integrado por ciudadanos inocentes que murieron por el fuego cruzado y por unos cuantos agentes federales que han sido abatidos en enfrentamientos cuerpo a cuerpo, aunque la mayoría ha sido asesinada a mansalva con el factor sorpresa.

LA REALIDAD. Quienes presumen que el gobierno mexicano va ganando la guerra sustentan su argumento en que la gran mayoría de esos 28 mil muertos forma parte del crimen organizado, y en cambio el números de policías y soldados abatidos es mínimo.

 Lo malo es que la gran mayoría de esos criminales muertos lo fueron a consecuencia de balas disparadas por los propios grupos criminales, casi nunca por grupos policiacos. Por lo tanto, la única forma de sacar una estadística justa sería estableciendo cuántos delincuentes han muerto y cuántos federales han sido abatidos en enfrentamientos sostenidos entre ambos. Por ejemplo, si en 20 balaceras entre soldados y narcos el saldo fuera de 30 narcos muertos y sólo 2 soldados caídos, se podría decir que el saldo es muy favorable al gobierno, pero la realidad es muy distinta, en primer lugar porque son escasos los enfrentamientos francos entre federales y grupos criminales, ya que por lo general los narcos evitan el enfrentamiento abierto con los grupos federales. Por supuesto que si hubiera una guerra frontal en la que soldados se enfrentaran contra narcos en condiciones similares, la ventaja estaría de parte de nuestro ejército ya que está formado por elementos fuertemente entrenados para la guerra, en cambio los comandos de sicarios están integrados por jovencitos inexpertos que para poder accionar un arma necesariamente deben estar bajo el influjo de alguna droga. Por lo mismo, los narcos evitan el combate frontal contra las fuerzas federales, aplicando la estrategia de la guerra de guerrillas cuando deciden atacar a los cuerpos policiacos propinándoles severas bajas.

 MIRONES DE PALO. Lo más lamentable de todo esto es el papel de invitados de palo que juegan los cuerpos policiacos estatales y municipales, quienes en amplios sectores del país están completamente penetrados por el crimen organizado, lo cual explica la impunidad con la que los grupos criminales realizan sus ejecuciones a plena luz del día, sin que ninguna autoridad haga lo mínimo por complicarles su desempeño. El vacío total en que se encuentra el ciudadano común cuando el crimen organizado toca a su puerta es ominoso y lacerante porque evidencia el control total que los criminales tienen sobre nuestros grupos policiacos, lo cual es hasta el día de hoy el principal obstáculo para que esta guerra lanzada por el gobierno federal pueda presumir grandes logros. Porque mientras aquellos que están obligados a protegernos en realidad están al servicio de los grupos criminales no habrá forma de ganar esta guerra. Y aquí vale la pena hacer un paréntesis para comentar un dato muy ilustrativo: mientras México cuenta con una fuerza federal de 6 mil policías, Colombia tiene 70 mil efectivos en su policía, lo cual podría explicar por sí mismo el triunfo que ese país finalmente tuvo sobre el crimen organizado. En ese sentido sí valdría la pena que México se colombianizara, dotándose de una policía federal similar a la de ese pequeño país.

 ELLOS GANAN. En este contexto, a casi cuatro años de iniciada la guerra declarada por Felipe Calderón, es obligado decir que el gobierno va perdiendo de calle, o más bien, que los ciudadanos somos los grandes perdedores, porque el miedo cada día es mayor, porque la sangre inocente derramada cada día va en aumento. Porque los criminales operan en absoluta impunidad, porque al amparo del crimen organizado muchos delincuentes comunes están haciendo de las suyas lacerando a millones de humildes mexicanos. Cada día los noticiarios de radio y televisión difunden todo tipo de noticias en las que la constante es la gran cantidad de muertos, secuestrados, balaceados, decapitados, desaparecidos. No importa de qué estado se trate, la situación  es similar, lo mismo en Acapulco donde los turistas son levantados a plena luz del día que en Saltillo, Tijuana, Culiacán o Ciudad Juárez, sin olvidar Guadalajara, Tepic y Puerto Vallarta, donde los sicarios “trabajan” con todas las comodidades posibles. Pero si este escenario es terrible, imaginemos lo que pasará el día en que lo narcos dejen de matarse entre sí y se organicen para ahora sí enfrentarse al gobierno, tomando como rehén a la sociedad mexicana. Ese proceso ya vivido en Colombia es realmente violento, porque los grupos criminales atentan contra la sociedad como forma de debilitar al gobierno. Sinceramente esperamos que nunca lleguemos a ese escenario, sin embargo tal vez ha llegado la hora de acostumbrarnos a nuestra nueva realidad, porque no hay evidencias de que este clima de inseguridad vaya a ser pasajero.

 POSDATA. Un vistazo a los medios de comunicación el pasado  lunes nos deja una sensación de que el país está muy lejos de alcanzar la paz: Siete asesinados en Tijuana, ocho policías muertos en Culiacán, siete jóvenes ejecutados en Mazatlán, etc. Demasiadas malas noticias, mezcladas con otras no menos ingratas: sube el dólar, sube el precio de la gasolina, etc. Lo único positivo en el panorama es que las lluvias han cedido y las aguas empiezan a recuperar su nivel.

 VOX POPULI. Sangriento fin de semana en Puerto Vallarta, un ejecutado y una mujer apuñalada. El primero se trató de un acto de grandes dimensiones, al más puro estilo del crimen organizado. El segundo parece ser un crimen de delincuencia común, lo cual quiere decir que nadie en Vallarta está a salvo. Ocupado en la crisis financiera, el alcalde Salvador González Reséndiz no se da cuenta de la bomba de tiempo que tiene en el área de Seguridad Pública.

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