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Perfil Político: La Doble Moral del PAN

Por Luis Alberto ALCARAZ 

EL GRAN APORTE. En sus tiempos de partido único en el poder el PRI tenía muchos vicios, pero también algunas virtudes. Uno de sus mayores beneficios era que cada tres años se renovaban los equipos de gobierno sin que ni un solo funcionario se atreviera a presentar una demanda laboral por despido injustificado. Cuando un nuevo alcalde llegaba a la presidencia municipal o un funcionario de primer nivel tomaba posesión de su nuevo encargo, el alcalde o jefe saliente se retiraba en compañía de su equipo de colaboradores, todos sin chistar presentaban sus renunciar sin alegar ningún fiquiquito ya que eran empleados de confianza. Más aún, era normal que el presidente entrante hiciera firmar sus renuncias sin fecha a todos sus colaboradores de primer nivel, de tal forma que bastaba con fecharlas para hacerlas efectivas cuando un funcionario dejaba de ser requerido en el equipo, de esta forma, aunque el PRI ganaba todas las elecciones, cada tres años, al menos en el nivel municipal, entraba al gobierno un equipo completo de priistas y otro equipo completito se iba a la banca en espera de tiempos mejores. Por desgracia, cuando el PAN ganó por primera vez la alcaldía de Puerto Vallarta se empezó a generar una robusta burocracia integrada por panistas que se acomodaron muy bien en la teta presupuestal y desde entonces se negaron a abandonarla, sin importarles que el PAN perdiera el poder municipal.

PESADOS LASTRES. Así, cuando el PRI recuperó la alcaldía tras nueve años de vacas flacas, un importante número de funcionarios panistas de segundo y tercer nivel de plano se negaron a presentar sus renuncias acogiéndose a la Ley Federal del Trabajo que ciertamente les concede algunos beneficios.

 Gustavo González Villaseñor, a quien le tocó la suerte de recuperar la alcaldía para el PRI en el 2003,  tuvo problemas para acomodar a los cientos de priistas que llegaron con él a la presidencia municipal debido a que decenas de panistas de plano se negaron a renunciar a sus cargos a pesar de ser funcionarios de confianza, obligando al entonces alcalde a darlos de baja de la nómina, lo que generó cuantiosas demandas laborales que terminaron causándole un gran daño al erario. El caso más sonado fue el del panista Jaime Yáñez Polanco, quien se hizo famoso cuando siendo funcionario del ayuntamiento con David Cuevas García fue detenido por la propia policía municipal en evidente estado de ebriedad y en portación de algunos gramos de cocaína. Tras agarrar tremenda borrachera Yáñez Polanco se quedó dormido en su auto en el estacionamiento de un desarrollo habitacional de Vallarta, lo cual provocó la intervención de la policía municipal, cuyos elementos al revisarlo le descubrieron polvo blanco en cantidades suficientes para ponerlo a disposición del Agente del Ministerio Público Federal. Para su suerte Jaime Yáñez duró poco detenido y días después se reintegró al ayuntamiento sin la mínima amonestación ni moral ni administrativa, mucho menos penal. Cuando el PRI regresó a palacio municipal Polanco, mejor conocido por los propios panistas como “Polancoco”, ocupaba un cargo de tercer nivel y se negó a presentar su renuncia, iniciando una demanda laboral que cuatro años después obligó al municipio a pagarle una indemnización de casi 700 mil pesos por concepto de despido injustificado.

 EL COLMO DEL CINISMO. Pero el caso de Jaime Yáñez Polanco es cosa de risa comparado con el del ex regidor Raúl Melín, quien era jefe de Participación Ciudadana y fue dado de baja por la administración priista en el 2004. De inmediato Raúl Melín presentó demanda laboral alegando despido injustificado, iniciando un largo litigio en contra del ayuntamiento de Puerto Vallarta. Sobre la marcha, con el juicio vigente, Raúl Melín logró convertirse en regidor por el PAN en la administración 2007-2009, cobrando durante esos tres años un mínimo de 3 millones de pesos por concepto de sueldos, aguinaldos y vacaciones, sin contar por supuesto los enormes beneficios que tuvo como regidor de oposición durante el trienio de Javier Bravo. Raúl Melín, por si algunos ya lo olvidaron, fue uno de los cuatro regidores del PAN que avalaron la mayoría de las pillerías del alcalde Javier Bravo, particularmente el criminal endeudamiento de 450 millones de pesos a pagar durante 15 años. A pesar de todo lo anterior, Raúl Melín forma parte del grupo de panistas recientemente beneficiados por el fallo laboral que obliga al ayuntamiento de Puerto Vallarta a pagar cerca de 20 millones de pesos por concepto de despido injustificado en el 2004. No obstante haber cobrado como regidor durante tres años, el laudo permite a Melín reclamar sueldos caídos durante los últimos 7 años, lo cual es, por lo menos inmoral.

 COMPLICIDADES PANISTAS. Está comprobado que en el PAN también militan ciudadanos corruptos e inmorales, sin embargo lo más lamentable es la forma en que al interior de ese partido se prohíja a este tipo de sinvergüenzas, en lugar de exhibirlos y expulsarlos. Ante el escándalo generado por el caso de Raúl Melín, los regidores panistas encabezados por Ignacio Guzmán sólo atinan a aseverar que estos casos prosperan debido a la manifiesta incapacidad jurídica del ayuntamiento para hacer frente a estas demandas que debieran ser improcedentes y que terminan siendo ganadas por los denunciantes. Tienen razón los panistas, el ayuntamiento, a pesar de la enorme cantidad de abogados que tiene en su nómina, pierde prácticamente todos los juicios laborales que enfrenta, pero eso no debiera ser impedimento para que los regidores panistas que se dicen promotores de la moral y la ética reprochen la vergonzosa actitud de su compañero de partido. Si Nacho Guzmán y sus colegas tuvieran un poquito de vergüenza por lo menos criticarían públicamente la cínica actitud de Raúl Melín, pero en lugar de conminarlo a comportarse de una manera ética prefieren voltear para otro lado, responsabilizando al ayuntamiento de haber perdido este juicio tan inmoral.

 POSDATA. Esa lamentable conducta de los panistas al aferrarse a la nómina ha provocado un criminal engrosamiento de la nómina del ayuntamiento, lo cual coloca al municipio al borde de la quiebra financiera porque en el mediano plazo tendrá graves problemas para cubrir los sueldos de sus más de tres mil trabajadores. Triste e indignamente, los panistas resultaron igualitos que los priistas y muy pronto se convencieron de que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.

 VOX POPULI. Gracias a eso hoy es fácil ver en la mayoría de dependencias municipales a destacados militantes del PAN que sin importarles la ideología se negaron a renunciar a sus cargos en el ayuntamiento cuando la sociedad vallartense le dio la espalda al PAN en las urnas. Los vericuetos de la ley laboral hay sido perfectamente aprovechados por estos cínicos panistas que en el fondo nunca fueron promotores del bien común, sino un puñado de muertos de hambre que lograron por el PAN lo que en el PRI no pudieron conseguir: una chambita en el ayuntamiento para garantizar su sustento y el de sus familias.

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