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Perfil Político: Espurios y Legítimos

Por Luis Alberto ALCARAZ

SU MAJESTAD EL SURREALISMO. Entusiasma y emociona ver las imágenes de un malecón atiborrado de ciudadanos interesados en conocer personalmente a Andrés Manuel López Obrador, quien mantiene intacta su magia de político honesto y transparente, guardián celoso de los que menos tienen, que en este país son más de 40 millones de mexicanos. Impresiona gratamente la estampa, extraña en una ciudad en la que el PRD ha sido incapaz de afiliar a más de 400 ciudadanos contantes y sonantes, un puerto donde en sus anteriores visitas López Obrador a duras penas lograba congregar a unos cientos de seguidores. Ni duda cabe que Enrique Alfaro y Ramón Guerrero están haciendo bien la tarea, aunque por desgracia para ambos es altamente probable que no les alcance para ganar sus respectivas elecciones. Lo que desconcierta un poco es ese presídium donde es posible ver al lado del tabasqueño una serie de personajes que hace poco tiempo, unos incluso hace pocos meses, estaban en trincheras no solo diferentes, sino que abiertamente opuestas a las de El Peje. El caso más concreto es el del propio Ramón Guerrero, quien hace dos meses era todavía militante del PAN y gritaba a los cuatro vientos que su apoyo incondicional era para Josefina Vázquez Mota.

CAMBIOS DE PIEL. Ahí, junto a López Obrador y El Mochilas estaba también la conocida Edelmira Orizaga, la dirigente de los pepenadores que hizo larga carrera en el PRI bajo el padrinazgo de Rafael Yerena Zambrano y quien un buen día decidió ser candidata a la diputación federal por el Partido Verde, convencida, más que por ecologista, por los choros Efrén Calderón González, quien en el 2009 intentó gandallamente ser candidato a la alcaldía por ese partido, lo cual fue impedido por Tony Joya, quien en tribunales lo puso en su lugar. Hoy Edelmira es candidata a diputada local por el Movimiento Ciudadano, partido que hace poco se llamaba Convergencia Democrática. Edelmira, a pesar de haber sido sometida a juicio político por haber formado parte de aquel ayuntamiento encabezado por Gustavo González Villaseñor, además de haber sido señalada como parte del grupo de regidores que recibió prebendas por autorizar concesiones tan polémicas como la de Envir Eau de México y su relleno sanitario, hoy forma parte de una nueva generación de políticos que pretende rescatar a Puerto Vallarta del barranco en que lo tiene sumido el PRI. Y no digo que Edelmira sea culpable de algo, puesto que nada se le comprobó y nada se le demandó, lo único que digo es que impresiona la forma en que la gente cambia de bando para convertirse en crítico de lo que en su momento ellos mismos fueron.

EL DERECHO A CAMBIAR. Por supuesto que todos tenemos derecho a cambiar, a aprender de nuestros errores y rectificar. Se vale reconocer que se vivió en el error y se valora la decisión de cambiar para bien. Lo que no se vale es la hipocresía de querer presumir haber formado parte de una banda de ladrones sin haber tenido que ver nada con ellos. Lo que no se entiende es esa facilidad con la que nuestros políticos cambian de piel y de la noche a la mañana amanecen formando parte del bando de los buenos, tras años, décadas, de haberse revolcado y beneficiado con el bando de los malos. El Mochilas decía apenas hace unas semanas que jamás se iría del PAN por que él había nacido en el PAN, pero ahora forma parte de la izquierda mexicana y fustiga al centro y la derecha. Creo que, por lo menos, El Mochilas nos debe una explicación de cómo se transformó ideológicamente en unas cuantas semanas. De cómo se dio ese milagro de ser tan orgullosamente ultraderechista y hoy mostrarse tan recalcitrantemente izquierdista. Hasta donde se sabe, la formación ideológica es un largo y complicado proceso de todo ser humano, que no puede darse de buenas a primeras, como aparentemente se dio en el caso de Ramón Guerreo.

PALABRAS HUECAS. Resulta extraño, por decir lo menos, ese discurso triunfalista de Ramón Guerrero, quien habla como si realmente fuera vallartense, como si aquí hubiese nacido o por lo menos llevara los años suficientes como para presumir que siente el dolor de los fracasos del puerto y disfruta de sus aciertos. Pero en ese discurso prefabricado que sólo busca ganar votos no hay mucho de real, estamos ante un político oportunista que hoy hace campaña al lado de López Obrador sólo y únicamente porque en el PAN se le negó la posibilidad de ser candidato a la presidencia municipal. Basta ver al Mochilas para descubrir un político arribista y oportunista que desde que llegó a Puerto Vallarta creyó que fácilmente podría trepar por encima de su clase política gracias a su superioridad intelectual. Es El Mochilas uno más de ese puñado de aventureros que cada tres años desfilan por Vallarta convencidos de que la clase política local es como los conejos, orejones y pendejos. Ramón Guerrero es un animal político muy parecido a otros tantos que militan en el PAN, en el PRI y en el PRD, que han hecho del ejercicio político una profesión para el beneficio personal. Por esos sus palabras suenan huecas. Como bien dice su propaganda electoral: no tiene un pelo de tonto.

POSDATA. En la imagen sabatina es imposible no detectar a Juan Enrique Ibarra Pedroza, ese enorme político jalisciense que se encumbró en el siglo pasado formando parte de un PRI que corrompió a Jalisco hasta el grado de obligar a los electores a votar por el PAN. Ibarra Pedroza fue un priista de la talla de Carlos Rivera Aceves y Guillermo Cosío Vidaurri, pero hoy es un estandarte de la honestidad y del cambio. En verdad que es un problema esto de la memoria.

VOX POPULI. Es el Club de los elogios mutuos: Alfaro grita a los cuatro vientos que Ramón Guerrero será el próximo alcalde de Vallarta, y éste a su vez se muestra convencido de que será su próximo gobernador. Ambos le levantan la mano a López Obrador y lo proclaman ya próximo presidente de la República. Se aplaude su optimismo, es fundamental para seguir adelante con sus respectivas campañas. Deben ser la envidia del Club de los Optimistas. Para su desgracia las encuestas no están de parte de ninguno de los tres.

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