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Perfil Político: El Adiós de García Rojas

Por Luis Alberto ALCARAZ

EL ANUNCIO. A poco menos de un año de terminar su gobierno, el alcalde Salvador González Reséndiz tomó una de las decisiones más difíciles de su mandato.  El sábado pasado finalmente anunció la salida del abogado Jorge Antonio García Rojas de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, dependencia que a partir de este lunes estará en manos de Raymundo Leonel Villaseñor, quien se venía desempeñando como Subdirector de la corporación y que de cualquier forma ocupa el cargo a manera de encargado porque hasta el momento el alcalde no ha pensado en nombrarlo Director de manera definitiva. En un gobierno que se ha caracterizado por la enorme rotación de funcionarios de primer nivel, fue extraño que el director de la policía se mantuviera firme en su cargo por más de dos años a pesar de los pobres resultados en materia de seguridad pública, pues aunque Vallarta puede presumir de tener una zona turística relativamente en calma, en sus zonas populares el municipio es un auténtico polvorín, especialmente en lo que se refiere al robo de casa habitación.

 EL ORIGEN. Durante los días de la integración de su gabinete el entonces alcalde electo Salvador González Reséndiz acarició la posibilidad de pedir a la Sedena o a la Marina el envío de uno de sus elementos para que se hiciera cargo de la DSPMTyB, sobre todo tomando en cuenta el grave problema de inseguridad que padece prácticamente todo el país. Sin la menor intención de complicarse la vida, Chava González sostuvo una plática con Beatriz Paredes Rangel para que mediara con el Secretario de la Defensa Nacional a fin de que desde esa dependencia se le comisionara un militar altamente capacitado para ocupar la Policía Municipal, sin embargo tiempo después González Reséndiz cambió de parecer y se olvidó de traer un militar a Las Juntas. Fue alguno de sus allegados quien lo convenció de los inconvenientes que resultaría dejar en manos de un desconocido, y sobre todo de un militar de alto rango, algo tan importante como lo es la policía municipal. Es bien sabido el estilo de los militares, poco afectos a las cortesías políticas, cuando se desempeñan en tareas civiles, lo cual implica prácticamente dejar en sus manos el manejo absoluto de la policía municipal, de ahí que Chava González se convenció muy pronto de que en realidad era mejor designar a un vallartense como nuevo jefe policiaco. 

LOS PADRINAZGOS. No es que el Vallarta de estos días sea más violento e inseguro que el de hace dos años, por lo tanto la ola de crímenes que azota la ciudad en los últimos días no es en sí la causante de la renuncia de García Rojas. La gran diferencia entre hoy y el año pasado es que en la actualidad ya no está el abogado Raúl Estrada González para defender la permanencia de García Rojas al frente de la Policía Municipal. Se dice que fue el famoso abogado Raúl Estrada quien hizo valer su cercanía con el nuevo presidente municipal para recomendarle a su abogado Jorge Antonio García Rojas como nuevo titular de la Policía Municipal, sin importar que éste careciera de los conocimientos más elementales sobre el tema. Se creyó que por ser Vallarta un municipio muy tranquilo no habría problemas al poner en ese cargo a un abogado sin perfil policiaco, con dotarlo de un equipo de colaboradores expertos será más que suficiente para ayudarlo a hacer un buen papel. El problema es que García Rojas jamás se rodeó de un grupo de expertos en la materia, por lo que nunca pudo dar buenos resultados, y si la ciudad se mantuvo en relativa calma fue por la propia dinámica económica y social del municipio, no por la actuación de sus cuerpos policiacos.

  UN MAL MOMENTO. Por desgracia los malandrines no tienen palabra de honor. La facilidad con la que algunos cometían sus crímenes ponía en evidencia la incapacidad de la policía encabezada por García Rojas, lo cual se reflejó en la facilidad con la que los hampones ejecutaron a un turista en las inmediaciones de Marina Vallarta, a plena luz de día. La semana pasada los diarios policiacos se dieron vuelo al desplegar incidentes como el asalto millonario a una joyería de Plaza Península, a lo cual se sumó un ejecutado el viernes y un intento de asalto a mano armada que dejó un herido de gravedad en el estacionamiento de Plaza Caracol, también a mediodía. Y todo sin que la policía tuviera la mínima intervención para atrapar a los responsables de esos delitos. Pero, más allá de estos delitos de alto impacto, lo que realmente animó al alcalde González Reséndiz a decidir el relevo en la policía municipal fue el robo de medidores de cobre que sufrieron varios vecinos del fraccionamiento Villas Río, lo cual evidenció la incapacidad de la policía municipal para inhibir a los malandrines. Al mismo tiempo, admitió el alcalde, algunos empresarios vallartenses presionaron para que se diera el cambio en la corporación, ante esos hechos de alto impacto. Ya sin la presencia física de Raúl Estrada González, el presidente finalmente decidió que dos años y 7 semanas era tiempo suficiente para dar por cumplido el compromiso que tenía con Jorge García Rojas, anunciando el sábado pasado su salida de la corporación.

 POSDATA. Por desgracia el relevo en la DSPMTyB no será suficiente para esperar buenos resultados en el corto plazo debido a que Salvador González Reséndiz decidió dejar como encargado de la corporación a Raymundo Leonel Villaseñor, un elemento de carrera entre las filas de la policía municipal que ha sido parte importante en algunas administraciones municipales pasadas. Siendo Villaseñor el brazo derecho de García Rojas durante bastante tiempo, es obvio que la responsabilidad de los malos resultados es compartida, por lo tanto lo más probable es que en estos momentos el alcalde esté buscando un buen perfil para dejarlo al frente de la corporación lo que resta de su gobierno. No sería mala idea que le hablara a Beatriz Paredes y retomara su proyecto inicial de colocar a un militar al frente de la policía vallartense.

 VOX POPULI. Mientras tanto se puede avanzar bastante mediante el regreso de operativos como el Alcoholímetro y el Radar, al tiempo que se decide qué hacer con el costoso equipo de video que adorna las principales calles de la ciudad, cuyas cámaras de plano están clavadas hacia el piso como para no registrar nada de manera deliberada. Se entiende que no hay nada qué hacer en contra del crimen organizado, pero en materia de delincuencia común se puede hacer bastante, especialmente para meter en cintura a cientos de malandrines que tienen asolada a la población, raterillos inmundos que con tal de conseguir 50 pesos para una grapa de droga son capaces de robarse un medidor de agua o desmantelar el alambrado de cobre de una modesta casa. Cuestión de motivar a los policías a dar mejores resultados a través del esquema de premio o castigo según los resultados.

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