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Perfil Político de Vallarta: Nuevo Malecón

Por Luis Alberto ALCARAZ

DICHOS Y HECHOS. Seis meses después, el nuevo malecón de Puerto Vallarta es toda una realidad, y como sucede con toda obra arquitectónica, hay que reconocer que en las maquetas se veía mucho mejor de lo que en realidad quedó. Basta comparar las fotos del proyecto con las fotos reales del nuevo malecón para encontrar los primeros aspectos que debieran ser analizados seriamente por el gobierno municipal. En los últimos días se han escuchado abundantes críticas en torno a la deficiente iluminación del malecón, problema derivado de algo que supongo es temporal: no hay luminarias en la obra. Quiero pensar que de un momento a otro serán instaladas las luminarias a lo largo del paseo Díaz Ordaz, porque sería inconcebible dejarlo a oscuras, en cambio hay aspectos que ya pretenden ser definitivos, como la exagerada colocación de jardineras que ha terminado por ser un defecto más que una cualidad del nuevo malecón. Lo más valioso de cualquier malecón, además de su función estructural de defender la ciudad del embate de las olas del mar, está en su funcionalidad que nos permite admirar la belleza del océano, especialmente en cada atardecer. El afán ecológico de los diseñadores de la obra dejó de lado la vista del paisaje y pretendió darle al paseo una belleza personal, propia, que compite con la belleza del mar y su entorno de montañas.

 APRENDER DEL PASADO. En diversas ocasiones se intentó dotar al malecón de jardineras y en todos los casos el resultado fue el mismo: terminaron convertidas en enormes basureros por culpa de esta  costumbre del mexicano de arrojar la basura en cualquier parte. Pero no sólo se trata de basura, sino que en el corto plazo la mayoría de las plantas que adornan el malecón estarán pisoteadas o destruidas debido también al gusto que tenemos por caminar entre las áreas verdes, especialmente en temporadas como Semana Santa y fin de año, cuando no cabe un alma más en la plancha del malecón por tanto visitante que llega a la ciudad. Se aplaude el afán de los diseñadores de la obra, pero cualquier persona con sentido común les hubiera indicado que en el malecón las jardineras son un estorbo y por lo mismo innecesarias. Ya en el detalle, la forma en que están construidas las jardineras, con montículos de tierra muy por encima del nivel de los bordes, implicará un grave problema a la hora del riego, con derrames de agua y lodo sobre la plancha del malecón. Y ya ni hablar de la vista que han perdido muchos de los restaurantes del malecón, cuyos clientes ya no podrán disfrutar desde sus sillas del primer piso la belleza del mar por culpa del exceso de arbustos y palmeras de poca altura. 

LA ESTAFA MAYOR. Si es verdad que el ayuntamiento de Puerto Vallarta pagó más de medio millón de pesos a un presunto experto de la ciudad de Guadalajara para que diseñara la nueva colocación de las esculturas del malecón, lo primero que debe hacer el alcalde es acudir a la Profeco porque ha sido víctima de un ostentoso fraude. Y es que basta con darle un vistazo a la nueva ubicación de las esculturas para detectar que el único criterio que se aplicó para su nueva instalación fue colocarlas en las bocacalles que van a dar al malecón. Por eso El Caballito de Zamarripa fue removido de su sitio original, para que quedara exactamente frente a la bocacalle de la calle Mina. Lo mismo, ocurrió con el resto de esculturas, que fueron reubicadas en el malecón a la altura de las bocacalles, principio que se aplicó rigurosamente hasta rayar en la estupidez, como ocurrió con la colocación de la fuente de Los Delfines en la bocacalle de la calle Zaragoza, justo donde antes estaban las enormes velas de lona que marcaban el inicio del malecón de La Marina. El problema es que esa es la parte más estrecha del malecón, por lo cual colocar ahí la fuente con sus delfines provoca ya un grave cuello de botella que obstaculiza el libre tráfico de los paseantes.

 MÁS DETALLITOS. Otro dato muy cuestionable que salta a la vista es el acabado utilizado en las bases de la gran mayoría de esculturas, especialmente la de El Caballito, que consiste en un enjarre rústico muy áspero pintado de negro, mismo que por su acabado y su color en unos cuantos días estará totalmente cubierto de polvo y telarañas. Si cada escultura es diferente, no se entiende el afán de montarlas sobre una base similar. De igual forma quien diseñó la colocación de las esculturas no sabe el enorme daño que sufrirá el conjunto de Tritón y Nereida por haber sido instalado prácticamente al ras del suelo, lo cual provocará en el corto plazo un maltrato a estas pequeñas piezas de bronce por el manoseo de la gente. Llama la atención la decisión de regresarle a Tritón su tridente perdido por años, aunque lamentablemente se decidió que fuera de acero inoxidable, contrastando para mal con el resto de la escultura. Pero lo peor de todo es la pésima calidad del patinado que se le dio a todas las obras, trabajo que presumiblemente fue hecho por profesionales y que hoy es más que evidente que fue un trabajo de principiantes, como se puede ver en la rotonda de Los Magos, de Alejandro Colunga, cuya pátina parece más bien producto del cagadero de los pelícanos. Y ni qué decir del trabajo realizado para revivir la belleza de la fuente de los Delfines, obra que quedó seriamente dañada por culpa de la pátina utilizada, la cual dejó al descubierto la soldadura de las piezas de una manera lamentable.

 POSDATA. Es evidente que la buena fe del alcalde Salvador González Reséndiz fue traicionada por personas a las que entregó su confianza en que realizarían un buen resultado, pero el resultado final es tan lamentable que no sería extraño incluso que alguno de los autores de las obras del malecón decidiera proceder legalmente en contra de quienes de una manera inexplicable atentaron contra el valor artístico y estético de esas piezas. Los errores se pagan, así que el responsable de estas tropelías debe dar la cara y hacerse responsable de las consecuencias. 

VOX POPULI. Dejamos para el final el tema más importante del nuevo malecón: el asunto de la peatonalización. Por la forma en que la obra fue diseñada, se presume que el malecón debe ser obligadamente peatonal, de lo contrario entraremos a un conflicto de grandes dimensiones al pretender la convivencia civilizada entre peatones y automovilistas, algo que el menos en México es completamente imposible. Pero ya se acabó el despacio, así que abordaremos el tema en una entrega posterior. 

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