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Perfil Político: De que los hay, los hay

Por Luis Alberto ALCARAZ

YA LO PERDIMOS. Una cosa es que el Otoniel Barragán esté a punto de ser víctima de una agrupación de Guanajuato que se dedica a hacer un jugoso negocio explotando el ego de los políticos y otra muy distinta que el regidor de marras se crea el cuento de que es el mejor regidor de todo México, cuando en Puerto Vallarta se ha ganado una pésima imagen en los cuantos meses que lleva ostentando el cargo. A raíz de que se dio a conocer que el regidor del Partido del Trabajo había ganado el premio Tlatoani 2013 como el mejor regidor de México, Otoniel ha sido centro de todo tipo de burlas de parte de sus amigos y enemigos, quienes por igual tienen claro que el rupestre regidor ha sido víctima de una empresa que se dedica a explotar la arrogancia de quienes ridículamente se sienten merecedores al reconocimiento nacional. Sin embargo es evidente que los premiadores seleccionan muy bien a sus víctimas, ya que lejos de captar el embuste que lo afecta, Otoniel Barragán se cree merecedor de tamaña distinción y alega que se lo merece porque todos los días se levanta muy temprano para atender a sus representados. Más allá del escarnio y sano esparcimiento que este bochornoso asunto nos brinda, el capítulo del Tlatoani nos sirve para ejemplificar la pobreza cerebral de muchos de nuestros funcionarios públicos, quienes además de su lamentable nivel intelectual cuentan con un enorme amor propio que los hace convencerse de que son los más brillantes del planeta.

CARTERA MATA GALÁN. Basta hacer una revisión en Google para tener claro que el Instituto Mexicano de Evaluación, con sede en León, Guanajuato, es una empresa particular dedicada a ganar mucho dinero vendiendo reconocimientos a cientos de políticos ingenuos. A través de los mencionados premios Tlatoani, que se otorgan cada año a gobernadores, alcaldes, senadores, diputados, regidores, secretarios, síndicos y directores, los dueños de esta empresa Patito se llenan los bolsillos de dinero, ya que cada galardonado está obligado a pagar 17,800 pesos por concepto de “gastos administrativos” para poder recibir el galardón. Sin el menor rubor la empresa guanajuatense deja muy en claro a los premiados que si no pagan los “gastos administrativos” no podrán recibir el premio. En la página de internet de esa empresa es posible ver el archivo fotográfico de las ceremonias de premiación de las anteriores ediciones del certamen, y hay que tener mucha paciencia para contar la infinidad de fotografías que muestran a cientos de ilusos recibiendo orgullosamente sus Tlatoanis. Como demostración de lo pitero que es este premio basta mencionar un dato: el año pasado el alcalde Rafael Cervantes Padilla recibió el Premio Tlatoani 2012 al mejor alcalde, aunque en realidad fueron decenas de presidentes municipales galardonados, todos previo pago de 17,800 pesos con cargo a las finanzas públicas que manejan, obviamente.

LOS ENGAÑABOBOS. Lo más divertido de todo es que el año pasado los señores del Instituto Mexicano de Evaluación no solo abusaron de la ingenuidad del alcalde de Bahía de Banderas al venderle su galardón, sino que aprovecharon el viaje y también le concedieron a su esposa Cuquis el premio Tonantzin como mejor presidente de un sistema DIF. Lo curioso es que en aquella ocasión el ayuntamiento de Bahía de Banderas presumió que el citado galardón era entregado por la Asociación Mexicana de Consultores Políticos y Marketing México, cuando basta consultar el portal de Internet del IME para tener claro que ambos premios los otorga la misma empresa con sede en León, Guanajuato. Un paseo por Google permite encontrar una gran cantidad de información en torno a los municipios que presumen a sus presidentas de DIF por haber ganado el citado premio nacional. En el 2012, junto al DIF de Bahía de Banderas, fueron premiados los DIF de Culiacán, Comitán, San Miguel de Allende, Los Cabos, Cunduacán, Durango y otros 25 organismos. Por supuesto que no se trata de un esquema de evaluación real de funcionarios públicos, sino que los ejecutivos de esta empresa aplican un esquema que tiene más que ver con el azar a la hora de enganchar a sus prospectos, quienes ingenuamente son notificados de que han sido nominados al premio y deberán argumentar los motivos por los cuales son merecedores al premio. Nuestro regidor Otoniel Barragán respondió que se levanta muy temprano y por eso se merece el premio, lo cual le valió para ganarse su Tlatoani.

CADA QUIEN SU CUENTO. Cada empresa está en su derecho de buscar ingresos mediante el esquema que mejores resultados le ofrezca, por ello no hay forma de descalificar a los dueños del IME. Por su parte los cientos de ingenuos que se creen el cuento de que han ganado un competido certamen nacional también están en su derecho de vivir sus 15 minutos de fama, así sea mediante el pago de los 17,800 pesos que cada estatuilla representa. Lo único malo, grave, es que en la mayoría de los casos este dinero que es pagado por los galardonados proviene de las arcas públicas, lo cual representa un derroche lamentable de recursos públicos. Una simple operación matemática nos ilustra el monto de la estafa: si hay 8 categorías en el premio Tlatoani, tenemos por lo menos 288 galardonados ya que se otorga un mínimo de un premio por cada estado de la república en cada categoría. Luego tenemos dos categorías para el premio Tonantzin a las mejores presidentas y directoras del DIF, lo que implica un mínimo de 64 galardonadas cada año, a lo que hay que sumar otra cantidad similar de premiados con el trofeo Yecatl a los mejores presidentes y directores de organismos operadores de agua de la república. Tenemos un mínimo de 416 galardonados en cada edición del premio, que multiplicados por los 17,800 pesos que cuesta cada premio nos arroja un gran total de 7 millones 404 mil 800 pesos con cero centavos. Ni duda cabe que estamos ante un fenomenal atraco a la arrogancia de nuestros políticos mediocres, aunque por desgracia el que termina pagando esta estupidez es el pueblo a través de sus impuestos.

POSDATA. Lo que no tiene precio es la carita de fascinación que ponen nuestros políticos al momento de recibir su premio: parece que estuvieran recibiendo el Nobel o por lo menos un Oscar. Porque resulta que terminan creyéndose que son los más eficientes del planeta, cuando en realidad la mayoría ha sido seleccionada precisamente por su incapacidad para percibir que son víctimas de una estafa.

VOX POPULI. En el caso de nuestro Tlatoani Pata Salada, lo único que se le pide es que los 17 mil 800 que pagará por su premio salgan exclusivamente de su bolsillo, así como los gastos que le representará el viajar a la Ciudad de México el 17 de mayo para acudir al hotel Camino Real a recibir su corcholata. Y todavía está por ver si el personal de ese exclusivo hotel le permitirá a Otoniel el ingreso con sus botas y su sombrerote. Es tan grande el número de regidores premiados que los organizadores del evento tuvieron que organizar dos ceremonias de entrega, una el 17 de mayo y otra al día siguiente. ¡Felicidades a todos los ganadores! Evidentemente que no los merecemos.

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