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PAN y PRI, Zona de Desastre en Vallarta

Luis Alberto ALCARAZ

Nunca como hoy el oportunismo de los políticos había sido tan burdo en Puerto Vallarta. Como ratas en quemazón, muchos políticos están huyendo de sus partidos tradicionales para treparse al Movimiento Ciudadano una vez que les ha quedado claro que Enrique Alfaro será el gobernador de Jalisco en el 2018.

Como bien lo presumió Hugo Luna en Guadalajara, el MC estará nueve años en el poder, tres en la alcaldía de Guadalajara y seis en la gubernatura, así que todos deberán cuadrarse si no quieren quedarse fuere del reparto del pastel.

A muchos priistas vallartenses ya se les olvidó el período de 9 años que duraron fuera del poder cuando los panistas los mantuvieron en la banca por tres trienios consecutivos. Apenas llevan cuatro años fuera de la nómina y ya están arrojando la toalla ante las evidencias de que en el 2018 hay pocas posibilidades de derrotar al MC.

Y como dice el refrán, si no puedes con el enemigo únete a él. Y ahí van todos en fila, como los ratoncitos del cuento de Hamelín, encantados por embrujo del poder que emana del palacio municipal.

Cierto que las fugas más importantes se han dado hacia el MC, pero también hay bajas importantes en partidos como el PRI que han optado por el camino contrario. Es el caso de Máximo Martínez y su viejo grupo político que ya trabaja en una candidatura independiente. Lo mismo pasa con Manuel Galindo, quien tras años de esperar una oportunidad en el PRI hoy parece convencido de buscarla sin partido.

Pero hay formas y formas de renunciar a un partido y sumarse a otro. Está la forma penosa en la que Heriberto Sánchez y Tito Yerena dejaron el PRI para irse al PRD y luego volvieron al PRI para irse al Partido Encuentro Social. Incapaces de la menor autocrítica, estos señores se creen perfectos y acusan a los demás de ser los malos. Les haría bien hacerse de un espejo, pero no les va a gustar lo que verán.

La forma en que Máximo Martínez se fue del PRI es válida, aunque igualmente criticable porque si algo tienen en esta vida ha sido gracias al PRI. Si no brillaron más en ese partido es debidamente a su falta de brillo personal. Es como el caso de David de la Rosa, quien como militante del PRI era efectivo pero criticable, hoy es un lujo en el MC que lo recibe todo.

El problema es que el MC se está proyectando como un grupo poderoso sin estar sustentando en alguna plataforma ideológica. A sus principales cuadros los identifica la traición como rasgo distintivo. Traicionaron al PAN, traicionaron al PRI y ahora empiezan a traicionarse entre ellos mismos.

Una alianza de esa naturaleza no garantiza nada bueno para la sociedad, es sólo una pandilla más organizándose para mantenerse en el poder el mayor tiempo posible.

En el PAN, que tiene más ideología que cualquier otra cosa, ni siquiera eso parece quedarles luego de la debacle que les representó la renuncia de Juan José Cuevas García. Porque escuchar a Eva Contreras presumiendo que en el PAN se quedan los valores es como cuando un marrano escucha al carnicero pedirle que se le acerque para hacerle cariñitos.

Hermanados por la derrota, panistas y priistas procesan diferente sus tragedias. En el PAN prefieren empezar de cero, recuperando el manual del bien común tratando de recuperar el pedigrí. Harían bien en leer la biografía de don Guillermo Ruiz Vázquez. En el PRI también hacen sus jornadas de reflexión, mientras aguardan la llegada del emisario del gobernador que les va a decir cómo le van a hacer para salir del hoyo.

Ante este lamentable escenario la primera gran enseñanza parece ser contundente: todos los partidos políticos son una basura, por definición representan la podredumbre y la corrupción política y moral. Por lo mismo es entendible que cada vez sea mayor el número de ciudadanos que no se identifica con algún partido.

No fue coincidencia que en las elecciones de junio del año pasado apenas el 44.35% de los vallartenses empadronados acudió a las urnas a emitir su todo. Ese abstencionismo del 55% es un reflejo del hartazgo del ciudadano común ante el cinismo de nuestra clase política.

De acuerdo con las cifras oficiales del IEPC Jalisco, Puerto Vallarta fue el municipio con más baja participación en la elecciones del año pasado, con un lastimoso 44.35%. El segundo lugar fue para Tlajomulco de Zúñiga con el 45.17%. Coincidentemente ambos municipios están en manos del MC desde hace varios años, lo que implica el fracaso total de las políticas de participación ciudadana que tanto presume el MC.

De los 125 municipios de Jalisco sólo 8 registraron un abstencionismo superior al 50%, y de todos ellos el rey fue Puerto Vallarta con el 55.65%. Ese es el saldo de la alternancia política en nuestro municipio, el hartazgo del ciudadano común que ya no cree en la clase política sin importar el partido al que pertenezca.

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