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Muros y Puentes: Los Extraordinarios

Por Raúl CABALLERO GARCÍA

Compartí en Facebook el video con el Manifiesto de los jóvenes del #YoSoy132 con este comentario: “Las razones de los maravillosos jóvenes mexicanos”. Sus razones son incuestionables pero no faltó alguien que me cuestionó (repitiendo la palabra entre signos de interrogación y dejándole puntos suspensivos) lo de “maravillosos”, y yo le expliqué que a mí me lo parecen porque han detonado lo que muchos esperábamos y no veíamos cómo podía ser.

Han levantado la voz ante lo que todos sabíamos que como país nos atrofia pero nadie, nadie, iba más allá del mero señalamiento o la crítica sin repercusiones; pocos exponían el análisis mostrando los signos de la destrucción, los síntomas de los males, pero igual, sin repercusiones más allá de la frustración del analista y la de sus lectores.

Intelectuales y periodistas, de uno y otro bando, el de los libres y el de los obsecuentes (o delincuentes), igual han sabido de qué pie cojea el sistema que nos ha mantenido en la parálisis e igual pasaba lo mencionado en el párrafo anterior. Las cosas seguían iguales por dónde se las viera, independientemente de que se las exhibiera, sin importar la crítica ni las evidencias.

Los periodistas libres, ni tan pocos, por cierto, señalándola de muy diversas maneras, con su respectivos estilos y puntos de vista, evidenciando las razones y los porqués de la falta de desarrollo pero sin llegar lejos o más bien a ninguna parte. México seguía igual, saqueado, adormilado, amargándose, resentido y en una preocupante inercia de agravios e imposiciones. Por otra parte, al mismo tiempo, los obsecuentes (tan obvios han sido) y ni tan pocos por cierto, que por supuesto igual señalándola desde su bandera, dosificando sus señalamientos, amortiguando sus “críticas” de tal manera que creían parecer periodistas libres.

Todos los años del priismo y los que van del panismo han mantenido esos designios que sintetizan el cinismo: cambiar para que todo siga igual dado que en sus filas todos los gatos son pardos; y en el ínterin los poderes fácticos en su agosto perenne, de manera descarada en los últimos tiempos el duopolio televisivo.

Pero se decidieron ellos, los jóvenes estudiantes, en el momento más oportuno, en medio de las campañas camino al proceso electoral, un proceso electoral que nos resulta toral, en el que nos va un parteaguas con el cambio necesario o perder la oportunidad y que el cauce siga ya no igual sino hacia lo peor.

El acabose de la desfachatez se llama Enrique Peña Nieto, un político hechizo y acostumbrado a ser parte motriz de la atrofia nacional, representante precisamente de tanta corrupción e impunidad.

Estando como está nuestro país —sumido en la pobreza y en la violencia— resulta por demás claro que las nuevas generaciones ya no resistan más desfiguros. El “ya basta” aparece pues en el mejor momento: a las elecciones en puerta los jóvenes las han convertido, ya sin vuelta de hoja, en el instrumento del cambio.

Basta ver alrededor para no tener dudas, vean su Manifiesto, vean sus razones que son las de todos, vean cómo crecen las marchas, cómo la ciudadanía se adhiere al movimiento #YoSoy132, vean su civilidad.

Sí, maravillosos por admirables, porque se resisten a la indiferencia (en donde se les creía), porque no se quedan en la decepción como la mayoría ha venido haciéndolo, porque se rebelan ante la turbiedad y la distorsión de la información, porque rechazan la imposición de Peña Nieto en la Presidencia y al hacerlo trastocan lo que se pensaba ya decidido. Maravillosos porque evitan el resentimiento rampante en tantos adultos, porque influyen, porque han sido capaces de sorprender al electorado apático, de sacudir la desidia y alertar lo mismo al indeciso que al anulador. Porque han vuelto imprevisibles las urnas nuestras de cada elección, porque han vuelto protagonista a nuestra democracia, por extraordinarios.

Raúl Caballero, escritor y periodista mexicano, es director editorial de La Estrella en Casa y La Estrella Digital.

Para comentarios:rcaballero@diarolaestrella.com

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