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Muros y Puentes: Capuchas por Trayvon Martin

* Por Raúl CABALLERO GARCIA

  DALLAS, TX — La muerte del adolescente afroamericano Trayvon Martin, a manos de un guardia de seguridad de Twin Lakes, un vecindario privado en Sanford, Florida, ha ido más allá de la controversia y se ha convertido en un debate nacional. 

El propio Barack Obama hizo la recomendación de que el caso sea investigado con seriedad.

 Se trata de una muerte violenta enrarecida por una ley que en Florida (y otros estados) le permite usar la fuerza o disparar a cualquier civil si se siente amenazado. Así, bajo el argumento de que disparó en defensa propia, el homicida George Zimmerman tres semanas después del suceso no ha sido detenido, la policía lo dejó libre bajo el amparo de la polémica ley a la que sus defensores llaman “Protege tu espacio”. 

Sin embargo ni los padres del muchacho ni la comunidad afroamericana de Sanford se quedaron conformes, su indignación se ha venido acrecentando y ha encontrado eco y solidaridad en los ámbitos oficiales y entre la sociedad civil que ya han realizado diversas manifestaciones. El FBI atrajo la investigación desde hace días y, obligado por las circunstancias, Bill Lee, el jefe de policía —a quien le echaban en cara haber soltado a Zimmerman y le exigían que lo arrestara o renunciara—, ayer anunció que dejaba el puesto en tanto que sucede la investigación; lo mismo hizo el procurador de justicia estatal y se ha designado una comisión de justicia para hacer la investigación de manera independiente, y cuyas conclusiones examinará un gran jurado. 

La indignación y las circunstancias se inscriben en una realidad que de tanto repetirse se ha convertido injustamente en algo cotidiano: el racismo velado; el racismo “consentido”, dado que se ha entretejido en los vaivenes de la costumbre; el racismo que ha sobrevivido con y sin sutilezas y sigue tan rampante como ominoso. Quienes aplican el odio y quienes por generaciones han seguido padeciéndolo, son los racistas y son los resignados de siempre, los blancos y los negros, los injustos e intolerantes y sus víctimas. 

En este momento la muerte de Trayvon Martin, quien tenía 17 años, al convertirse en debate nacional da visos de que puede ser un parteaguas, uno de esos acontecimientos que crecen cuando el dique de la resignación se rompe, desencadena la indignación y propicia cambios profundos para reparar el daño… en este caso un daño inmemorial, pese a lo mucho que se ha logrado en este país en cuanto a la relación de las minorías con la mayoría blanca. Ahí radica la discusión, ahí hay que volver a echar luz y de ahí hay que partir hacia una solución benéfica para todos. 

Todo crimen con violencia se trata en el ámbito estatal pero puede ser atraído por el ámbito federal cuando hay sospecha o evidencias de que se hayan violado los derechos civiles de la víctima y, en este caso, todo indica que el móvil de la violencia ha sido el racismo, la discriminación racial.

 Los derechos civiles, pero los de todos… o en otras palabras la igualdad ante la justicia debe ya con este debate empujar fuera la discriminación racial. ¿Cómo seguir soportando que en los espacios legislativos los propios congresistas levanten la voz y no se haga nada? ¿Cómo seguir dejando pasar las cosas ahora que afloran confidencias de la comunidad negra respecto a costumbres que han acondicionado en sus hogares para poder soportar el racismo mediante el abuso del poder o en la intolerancia de los blancos? 

Una mujer que llamó a la National Public Radio ayer jueves, en un momento en que se analizaba y reportaba información sobre el caso de Trayvon, expuso que tradicionalmente en los hogares afroamericanos inculcan a los chicos, desde niños, que cuando se vean en una situación como la que vivió el joven de Sanford, es decir cuando una autoridad los confronte por la razón o sinrazón que sea, que no corran, que siempre muestren las manos en el campo visual de quienes los cuestionan, y que nunca discutan. Una costumbre bastante triste pero elocuente, que sin lugar a dudas no ocurre en los hogares de los angloamericanos. Por otra parte la congresista demócrata por Florida, Federica Wilson, en la Cámara de Representantes en Washington puso un hasta aquí: “Estoy harta de enterrar chicos afroamericanos. Se acabó eso de esconder los crímenes racistas alegando defensa propia. Basta. Basta de discriminación racial. Estoy harta de luchar cuando las pruebas son tan claras”. Cómo es posible que “todavía tengamos que hacer concentraciones y manifestaciones y escribir cartas y luchar y celebrar vigilias y poner denuncias y hacer sentones únicamente para que se nos escuche. Ya basta Florida. Ya basta Estados Unidos”.  

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El joven Trayvon Martin murió por un balazo en el pecho. Él iba desarmado, y su “crimen” al parecer ha sido el color de su piel y su estilo de vestir un suéter con la capucha puesta. Él estaba visitando a su padre. Ya era de noche cuando salió y llegó hasta una tienda donde compró una bolsa de dulces y un refresco, salió y avanzó bajo la lluvia sin saber que el vigilante ya lo había imaginado como delincuente, según se desprende de una llamada telefónica que el mismo velador hizo a la policía para informar lo que él suponía, es decir, que tenía ante sí a un delincuente peligroso rondando el exclusivo vecindario. Lo siguió cuando el chico salió de la tienda. Trayvor iba hablando por teléfono con su novia cuando se percató que lo seguían, sin cancelar su llamada le espetó al guardián por qué lo seguía pero éste —que había recibido de un agente con quien había hablado, la recomendación de que no lo siguiera— lo agredió, forcejearon, y terminó matando al joven. Más tarde en la estación de policía escucharon su argumento de que su vida estuvo amenazada y le creyeron, lo soltaron y esperaban, seguramente, que no pasara nada.

Y efectivamente cuando sucedió, el 26 de febrero, parecía que lo ocurrido se perdería en el pozo de la historia local como muchos otros casos similares. Pero al ventilarse las tres llamadas telefónicas en torno a los sucesos de esa noche el caso ganó espacios en la prensa, y las autoridades federales tomaron nota de que podría tratarse de un crimen de odio. 

Son tres las llamadas en las que han basado la reconstrucción de los hechos. Tenemos pues que Trayvon sale de la tienda con una bolsa de Skittles y un envase de té frío. El vigilante Zimmerman llama a la policía y avisa que ha detectado a un “tipo bastante sospechoso” en la zona residencial que vigila.  

“Parece que está aquí para dar problemas, parece drogado o algo. Está lloviendo y camina por aquí como si nada”, dice Zimmerman. 

Del otro lado de la línea un agente de policía le hace preguntas y Zimmerman las contesta, lo describe, le da los datos del vecindario, su nombre, su teléfono y le dice que el joven venía hacia él, que tenía la mano en la cintura y que era negro. “Creo que viene por mí, tiene algo en las manos, no entiendo qué hace, estos pendejos siempre se salen con la suya”. 

En la grabación de la llamada queda establecido que el policía le pregunta a Zimmerman si está persiguiendo al “sospechoso” y éste le responde que sí. El oficial entonces le dice que no lo haga: “No. No necesitamos que haga eso”, le dice.  

Mientras tanto el joven Trayvon Martin está hablando con su novia. El Departamento de Estado cuenta también con las grabaciones de las otras llamadas. Asimismo con la declaración de la novia de Trayvon, que estuvo en el hospital cuando supo que fue la última persona que habló con él. La joven escuchó que Trayvon le preguntaba a Zimmerman: “¿por qué me sigue?” y la respuesta fue otra pregunta: “¿qué haces aquí?”, en ese momento la joven deduce que empujaron a Trayvon, escucha cómo forcejean y escucha que su novio pedía ayuda, poco antes de que la comunicación se cortara. 

En la tercera llamada, una vecina alertó a la policía que había oído a un joven pedir auxilio y enseguida había escuchado una detonación, un disparo. 

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El día 21 hubo marchas y manifestaciones en Florida y en Nueva York, de hecho en Sanford desde la tragedia se repiten manifestaciones de protesta, lo mismo que vigilias de parte de sus habitantes respaldadas con la participación de organismos de defensa de derechos civiles. Estudiantes se organizan para protestar, la comunidad se organiza en una iglesia y marchan hasta la estación de policía para protestar, la familia del joven asesinado se pone de pie, enmedio de la solidaridad social, para protestar. 

En Nueva York ese día los actos comenzaron desde la madrugada cuando alrededor de 300 miembros de Ocupa Wall Street tomaron la Plaza Unión, el llamado había sido para una marcha en solidaridad de Trayvon Martin, misma que simultáneamente con la actividad solidaria en las redes digitales dieron en llamar la Marcha del Million Hoodie: Un millón de capuchas para Martin, con lo que convierten en un emblema para la solidaridad la vestimenta de Trayvon y en ello se busca asimismo la firma de un millón de personas para respaldar lo que al parecer ya se logró: una investigación exhaustiva (pero también para demandar el arresto de Zimmerman). 

 Como ya apunté, el FBI y también el Departamento de Justicia realizan las indagaciones. Ese miércoles se había alcanzado la solidaridad de 700,000 y para este viernes ya habían rebasado el millón de firmas. 

Los padres de Trayvon Martin, Sybrina Fulton y Tracy Martin, se sumaron el miércoles a la marcha de encapuchados en Nueva York. Tracy Martin declaró: “Nuestro hijo no merecía morir. No hay nada que podamos hacer para traerlo de regreso pero aquí estoy hoy para asegurarme de que se haga justicia y que otros padres no tengan que pasar por esto”. en tanto que Sybrina Fulton dijo: “Nuestro hijo no cometió ningún delito. Es nuestro hijo. Quiero que ustedes defiendan la justicia, que defiendan lo que es correcto. No se trata de ser blanco o negro, se trata de lo que está bien y lo que está mal. Justicia para Trayvon”. 

El msmo día en Sanford también se realizó una protesta. Los participantes también vistieron suéteres con capucha y llevaron bolsas de Skittles y latas de té frío, en honor a Trayvon. 

“Yo quise venir ‘armada y peligrosa’”, dijo Suneeta Williams a la reportera Alexandra León del Nuevo Herald de Miami. Williams llevaba un paquete de Skittles y té frío a la protesta. “Lo mismo que Trayvon”.

 Williams, maestra de inglés y español, pidió a sus estudiantes que escribieran cómo se sentían ante la muerte de Martin. Muchos de ellos respondieron que se sentían impotentes. “Él pudo haber sido cualquier persona”, dijo Williams. “Pudo haber sido mi sobrino, mi hermano, mi estudiante”. 

Otras declaraciones que cunden por todo el país en torno a este caso: “Ha reabierto las heridas que nuestros padres, abuelos y bisabuelos sufrieron en épocas pasadas”, dijo Eddie Whitfield uno de los líderes negros de la coalición NAACP a la televisión, a través del Canal 5 local en Miami.

 “Es increíble que pase esto en 2012. Es tan trágico”, declaró a la prensa Emanuel Cleaver, presidente del caucus de legisladores afroamericanos del Congreso.  

Este viernes un emocionado Obama dijo: “Si yo tuviera un hijo se vería como Trayvon”. El presidente agregó: “Todos tenemos que hacer un examen de conciencia para comprender cómo una cosa así puede suceder (…) obviamente, esto es una tragedia. Sólo puedo imaginar lo que deben de estar sintiendo esos padres. Y cuando pienso en ese muchacho, pienso en mis propias hijas”, dijo en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca. 

Los padres de Trayvon sostienen que Zimmerman llamó a la policía para decir que el adolescente era peligroso simplemente porque era negro y llevaba puesto un suéter con capucha.

 Por su parte los padres de Zimmerman reprochan que se le trate de racista, y exponen que forma parte de un hogar interracial (la madre es hispana). Trayvon Martin vivía con su madre en Miami Gardens y estudiaba en la prepa Dr. Michael M. Krop de esa ciudad. 

El próximo 10 de abril el gran jurado debe evaluar la evidencia y decidir si se presentan cargos contra el homicida o rechazan la denuncia en su contra interpuesta por los padres de la víctima. Aunque por ahora George Zimmerman, quien es capitán del grupo de voluntarios de vigilancia vecinal conocido como Crime Watch, ha desaparecido.  

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 Las fuentes consultadas para ensamblar este artículo son C-SPAN, The Miami Herald, Notimex, National Public Radio, Agencia Reforma y Democracy Now! 

Raúl Caballero García es director editorial de La Estrella en Casa y La Estrella Digital, en Dallas-Fort Worth, Texas.    

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