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Las Reformas Estructurales (II)

Por Alfredo DON OLIVERA

En días pasados intenté clarificar las tres etapas del capitalismo:

El Liberalismo Económico, un capitalismo en manos libres de los empresarios y de enorme abuso social; el llamado modelo Keynesiano, un capitalismo regido por el Estado con finalidades de redistribución de la riqueza y mejor justicia social y, finalmente, el modelo neoliberal, que no es otra cosa que el mismo Liberalismo Económico, agravado con la Globalización y disfrazado un poco bajo la absurda falacia de la prohibición de los monopolios y que simplemente está repitiendo los mismos fracasos en que ya se cayó durante sus 100 años previos de aplicación.

También intenté establecer que México entró al Capitalismo con Porfirio Díaz durante las últimas etapas del fracasado Liberalismo Económico, lo cual en buena parte desembocó en la revolución mexicana y que el producto de ésta; la Constitución de 1910, sentó las bases para la aplicación en México de la economía keynesiana y los avances que se registraron aproximadamente entre 1950 y 1974 durante el llamado “Milagro Mexicano” que aunque también fue conocido como la “Dictadura Perfecta” no por ello vamos a dejar de reconocer los claros avances que se registraron en materia de crecimiento económico, desarrollo de las clases medias y consolidación de nuestro mercado interno.

Ahora, por qué falló este esquema. Las razones son puntuales:

Consideremos que el recio presidencialismo que gestó la monárquica absolutista sexenal que en aquella época se ejercía en México, ensanchó la corrupción del estado hasta terminar de corroer las estructuras del PRI convertido en aquel entonces en la aplanadora oficial de los comicios electorales.

Pero tampoco podemos dejar de considerar dos importantes aspectos más: Por un lado los excesos del Estado, principalmente en el gasto social que condujeron al país, primero a la elevación de los impuestos, luego al endeudamiento y finalmente a la emisión de circulante que desató la inflación. Cabe puntualizar, que este error de concepto: -no puedes invertir más de lo que ganas, por atractivo que resulte, porque te endeudas y te acabas- no fue un error privativo de México, fue el error de los gobiernos del mundo y que desató la inflación mundial durante las décadas de finales de los 70s y los 80s.

Y aunque pareció ser el combate a la inflación – llamando a la inversión oficial en programas sociales “Populismo”- lo que trajo de nueva cuenta al escenario las teorías del Liberalismo Económico, la realidad es que los móviles reales fueron la desaparición de la amenaza de la expansión del comunismo y los anhelos tan poco meditados de la empresa privada de acumular mayores ganancias, así como las ambiciones desmedidas de los grandes monopolios mundiales de romper los aranceles que durante el Keynesianismo protegían a los mercados locales.

 

El mundo se volvió loco y bajo la seducción de la Globalización se volvió incapaz de comprender que las verdaderas finalidades de la nueva economía, no eran ni la expansión de los mercados, ni la propagación rápida de los avances tecnológicos ni el impulso a la democracia global. Lo que realmente estaba atrás de aquel espectro, eran los intereses de EUA y su propiedad la OTAN para apoderarse de los mercados mundiales con finalidad de establecer paraísos fiscales y nirvanas laborales.

Se llegó al grado extremo de asegurar, que el keynesianismo estaba tan equivocado, que lo importante no era la repartición equitativa de la riqueza, sino su acumulación en pocas manos, de tal suerte que concentrada en los empresarios, pudiera catapultar el crecimiento de la producción, el empleo y el consumo.

Que terribles errores de concepto. Porque dígame usted, por lógica elemental, ¿Cuándo en la Historia humana, la inequidad alguna vez, ha traído Justicia y equilibrio? Es totalmente inconcebible, pero la sociedad desgastada radicalmente por las enormes injusticias e inequidades que estaba arrojando el Liberalismo Económico, trajo al modelo Keynesiano como solución, y a pesar de que sí hubo soluciones importantes en el modelo, ahora nos dicen que para impulsar el progreso, es necesario restablecer la injusticia y la inequidad ¿Es o no una locura mental pensar así?

Naturalmente que la ambición desmedida y la avaricia ciega traen sus repercusiones y los grandes poderosos fueron obtusos para entender que los boquetes de entrada a un país, también son boquetes de salida y ahora, ya ni Alemania quiere en su globalización a los que en Europa llaman PIIGS o “puercos” Portugal, Irlanda o Italia, Grecia y España, ni EUA quiere en la suya a México con quien ni quiere establecer una política migratoria de que facilite, como debe ser, el libre tránsito y si en cambio pretende segregar mediante un muro fronterizo. Y de Inglaterra qué decir, si esos jamás han estado de acuerdo en la Globalización.

La verdad es que ni el neoliberalismo ni su globalización eran las soluciones que el crecimiento económico y el combate a la inflación requerían, sino simples pantallas para ocultar la codicia de los poderosos: El mismísimo Vicente Fox, en uno de esos momentos escasos de lucidez mental mencionó que para controlar la inflación y volver a generar crecimiento, lo importante no eran las Reformas Estructurales, sino la austeridad en el gasto, y claro, había que dotar sí a los bancos centrales de autonomía respecto al Estado para poder controlar las variables macroeconómicas.

Y naturalmente en 2009, la quiebra de las hipotecarias en EUA, dejó en claro el fracaso de las teorías neoliberales, al dejar patente, igual que décadas antes en México con el FOBAPROA, que el mercado no puede sobrevivir, sin un Estado fuerte que lo rescate y de ahí el abierto regreso de EUA y la OTAN a la búsqueda de un nuevo Keynesianismo. Obvio, para ellos, no para nuestros países en donde insisten en encontrar los paraísos fiscales y laborales que les permitan competir con el gigante chino.

Y bajo este preocupante contexto, ahí tenemos a nuestro presidente, animoso con sus reformas estructurales intentando acabar con el México Keynesiano para entrar en el México neoliberal. ¿Alarmante verdad?

Pero déjeme ahondar aun más y permítame intentar explicar la semana próxima, por qué la Teoría de Economía de Mercado, en la que se sustentan el Liberalismo Económico y el modelo Neoliberal, es una teoría absolutamente falsa.

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