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Las Gestas de Gloria

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

Mienten miserablemente quienes -fuera del congreso porque ahí es la casa de la mentira- digan que las gestas de amor sólo pueden darse en Italia con Romeo y Julieta; qué del amor de nuestro señor don Quijote por la sin par Dulcinea y que decir en Italia de ese encuentro entre Dante y Beatriz en las Europas, y en Francia Abelardo y Eloísa.

Y en esta tierra, nuestra tierra, la tierra de amorosos por excelencia donde solo por mencionar algunos brilló en amor de Pedro, con Susana San Juan; el de Pito Pérez con la Caneca. Amores que llegaron hasta la locura como el de Rosario y Acuña y no crea que hablo de amores pasados, como olvidar el amor hecho al fragor de las campañas entre la linda Martita y en entonces presidente Fox, que tuviera como colofón aquel beso salivón con el fondo de la cúpula de San Pedro, mátenme esa de ser posible.

Ahora que el amor nace donde quiere ya lo dice la canción de Quinto patio creación de Luis Alcaraz “El amor cuando es sincero/ se encuentra lo mismo/ en las torres de un castillo/ que en humilde vecindad” en todos lados y todos lados se dan, por dar un ejemplo el ex muchas cosas pero aun cuate de nuestro admirado y vapuleado señor presidente, el jefe de la delegación olímpica, no pudo ir a ver como perdían nuestros guerreros porque andaba en el amor, ¡Que dulce es el amor! Las selfies se acumulan. Que bello es el amor con presupuesto.

 

Pero, hay amores que se paren con dolor, recordé que cuando a los perros los amarraban con chorizo una pareja de jóvenes cayeron en los encantos del amor, solo que, ¡Ay los dolores del romance! Sus padres se oponían a que tomasen estado entre si, él con ella y ella con él, solo así se oponían, de otra manera les valía gorro.

Viendo que su amor era imposible y que en aquel tiempo si hubieran desobedecido a sus progenitores les hubieran roto el hocico a ambos, decidieron unir su amor ante la muerte para lo que fueron a la botica ( que así les decían a las farmacias) a comprar una fuerte dosis de veneno, muy fuerte y muy reforzado para que bajo ninguna circunstancia fallara.

Como sitio para inmolarse eligieron un cuarto en segundo piso, que no son muy habituales por ahí, se encerraron con llave, lanzándola por la ventana y tomaron el veneno al tiempo que tomados de las manos esperaban a la parca.

La invitada no llegó porque el boticario que tenía fama de burlesco, al darse cuenta de lo que pretendían hacer les dio en lugar de veneno una fuerte purga y en esa habitación no había baño, por lo cual tuvieron que hacerlo como pudieron quedando literalmente capeados en excremento.

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De bodas ya no se habló, la vox se corrió y si bien Sabines dice que “los amorosos callan” podríamos parafrasearlo diciendo: los olorosos también.

 

 

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