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La Ruindad Política del Auditor Godoy

Por Mónica ORTIZ

El auditor Alonso Godoy Pelayo queda firme, dice la Suprema Corte y para nosotros los ciudadanos ya no causa sorpresa porque en realidad en la sociedad no sabemos bien a bien qué figura y funciones tiene el titular de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ). Sabemos, sí, que su nombre es sinónimo de corrupción, que ha sido un pillo político, un personaje poco deseado en círculos político, pues su acercamiento empaña ciertos ambientes partidistas.

También conocemos su cinismo y por supuesto no olvidamos su cobro de casi diez millones de pesos adicionales a su salario y su suegro Alfredo Vargas Padilla otros cinco millones por impresiones, sin estar registrado como proveedores y sin licitación de por medio.

Sin embargo, entre lo que es y lo que parece la figura del auditor, en la persona de Alfonso Godoy, en Jalisco es una burla que a fuerza de costumbre y antes de la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya sabíamos que era inamovible, intocable y, por consecuencia, era fantasioso creer que la controversia se resolvería con un fallo a favor del litigante Héctor Romero Fierro.

Era absurdo imaginar que la Corte se saliera de la línea del derecho y entendiera de rivalidades políticas, de sensibilidades ciudadanas o sentimentalismos.

 

Alonso Godoy se queda hasta el 2016, siendo en el Estado y en el gobierno de los más señalados, criticados e indeseados políticamente, pero no es responsabilidad de la SCJN, ni del litigante, ni de los ciudadanos, sino de las politiquerías protectoras de quien lo llevo ahí, de quienes lo han hecho fuerte y políticamente están amarrados a él, de los intereses partidistas de la méndiga política barata, sucia de relaciones y padrinazgos que en estos tiempos son las que mueven el país.

Qué pena que su dicho siga siendo el que vale: “los políticos me necesitan”, que vergüenza que el Congreso del Estado confirme su decir, qué lástima de representantes todos menos los que no le deben nada a Godoy Pelayo, ni protección, ni favores, ni respeto, sin embargo siempre son los que contamos con una sola mano.

La factura de ir en contra del Auditor sería impagable para partidos políticos, grupos y poderosos políticos y como ya estamos a dos pasos del 2015, no conviene zarandear al Auditor, sabiendo de su pragmática forma de justificar su presencia y el por qué, su ira destaparía lo más sucio que tiene la política.

No se va ni se irá, porque todos cayeron en sus garras ambiciosas, a todos los sectores y colores los amarró y los tiene comiendo de su mano. Inaudito, pero cierto, es inamovible, es y siempre ha sido el “el gentleman auditor” ¡Qué bonita Familia, qué bonita familia!

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