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La Naturaleza de las Reformas Estructurales

Por Alfredo DON OLIVERA

Con cierta frecuencia me preguntan acerca de la naturaleza del concepto “Reformas Estructurales”. Y la respuesta puede ser un tanto sencilla: se trata de una modificación de las leyes constitucionales de un país que tiene como objetivo modificar el funcionamiento económico, político o social de esa nación.

Sin embargo, en el caso de México, lo realmente interesante sería precisar, cuando se habla de Reformas Estructurales, qué es lo que el gobierno actual desea cambiar y en qué lo quiere transformar.

Iniciemos por recordar que durante 300 años de coloniaje y sus primeras 6 décadas de vida independiente, nuestro país fue un pueblo agrario de características de plano feudales hundido en el atraso porque el comercio o Capitalismo, no se desarrollaba, primero por imposición de la corona española y durante el arranque de la vida independiente por las confrontaciones entre el centralismo que intentaba establecer la iglesia católica y el federalismo que demandaban los liberales.

Ahora, si bien fue Juárez quien sometió a las leyes a la iglesia católica, fue Porfirio Díaz quien logró insertar a México en el capitalismo o comercio. Pero el capitalismo que se generó en nuestro país, era ya un capitalismo ya acorralado por ideas sociales que exigían mejores estándares de equidad y justicia en la socieda.

 

Porque habrá que mencionar que el Capitalismo, ha presentado tres fases; el Liberalismo Económico, el llamado modelo keynesiano y el actual modelo neoliberal.

El primero de ellos se aplicó aproximadamente entre 1828 a 1930 y consistió en dejar en total libertad el funcionamiento de la economía en manos de los empresarios, el esquema estaba basado en algunos supuestos de la Teoría de Economía de Mercado, entre los que destaca la idea (falsa por cierto) de que las leyes de oferta y demanda controlan de manera natural a los precios en consecuencia regulan las decisiones de los empresarios.

Bajo este esbozo; el Estado se limitó a ser policía vigilante del orden público, ejército para salvaguardar el territorio nacional y recaudador de impuestos. Naturalmente se trató de un Estado muy barato fiscalmente y que facilitaba la acumulación de grandes ganancias en manos de los empresarios, lo cual teóricamente debería estimular la producción, el empleo y el crecimiento económico.

Sin embargo ante semejantes libertades, los empresarios sumieron a la sociedad en una profunda crisis; abusaron laboralmente de los trabajadores, encarecieron los precios, dieron lugar al surgimiento de los grandes monopolios quienes a su vez presionaron a sus gobiernos para la conquista de nuevos mercados ocasionando la primera Guerra Mundial y finalmente, ante la falta de reglamentaciones, reventaron a la bolsa de valores de Nueva York generando la gran depresión de los años 30s.

Y precisamente fue ese capitalismo voraz el que introdujo en México Porfirio Díaz ¿qué de extraño puede tener entonces que hubiese estallado la revolución mexicana?

Y es que en realidad el Liberalismo Económico a lo largo de más de cien años, comprobó que se trataba de un gran error. En contra parte hacia la década de los 20s, el socialismo soviético alcanzaba importantes logros que amenazaban inundar al mundo con banderas comunistas Fue por eso que el Capitalismo se vio obligado a presentar un nuevo boceto, el llamado modelo Keynesiano o Estado del Bienestar, que alimentado por las ideas sociales que se desarrollaron en Europa ante los abusos del Liberalismo Económico, abriría nuevas funciones del Estado para ahora intervenir la economía en calidad de responsable del bienestar de la sociedad.

El modelo Keynesiano se apartó de la economía de mercado estableciendo un control oficial de los precios, redistribuyó la riqueza mediante el cobro de altos impuestos al sector empresarial a efecto de retornar a la sociedad esa riqueza transformada en sistemas pensionarios y en programas sociales de educación y salud gratuita y productos nutricionales a bajos costos. Y señores, bajo este diseño, la sociedad al fin progresó

No desaparecieron ni la miseria ni las injusticias, pero había un claro progreso que se reflejó en el crecimiento económico, la consolidación de las clases medias y sobre todo en el fortalecimiento de los mercados internos.

En México, este modelo delineado bajo los principios de equidad y justicia de la Constitución de 1917, emanada de la Revolución Mexicana, primer constitución social del mundo, fue apoyado por el gobierno de Lázaro Cárdenas y finalmente concretado por el modelo de substitución de importaciones de Adolfo Ruiz Cortines, gestaron lo que el mundo llamó “El Milagro Mexicano” que convirtió a nuestro país en la 14a potencia mundial y en la principal economía latinoamericana, desplazando de ese sitio a Argentina, Brasil y Chile.

Nada más falso que el cuento ese de los “setenta años de historia perdida” por lo contrario, el país comenzó a crecer sostenidamente al 6% en su economía, se fortaleció el mercado interno, progresaron los pequeños y medianos capitales, comenzó a avanzar el campo, se consolidaron la educación pública gratuita e instituciones de salud tan importantes como el IMSS y e ISSSTE.

Claro, por otra parte, el esquema unipartidista del PRI generó el presidencialismo y una gran corrupción aun más yo hasta diría que más bien gestó una especie de monarquía sexenal. El mundo en consecuencia y de manera paralela al “Milagro Mexicano”, también calificaba al gobierno mexicano como “la Dictadura Perfecta” Pero algo, sí estaba en claro, de que el país, a pesar de todo, sí estaba en un proceso de crecimiento.

Sin embargo, el modelo keynesiano entró en un proceso de descomposición, principalmente impulsada por la corrupción gubernamental que se derivó del autoritarismo presidencial, el exceso de la inversión de gasto público en programas sociales que desató el endeudamiento y la inflación, la caída del comunismo y sobre todo los intereses avariciosos del sector empresarial y de los grandes monopolios mundiales.

Y precisamente para ponerle fin a este modelo, tan costoso para los empresarios, es por lo que se requieren de las llamadas reformas estructurales; es decir, están modificando la constitución social de 1917, para gestar nuevas estructuras constitucionales que acaben de poner fin a la economía Keynesiana, pero ¡para volver a generar el ya fracasado Liberalismo Económico que ahora aunado a la globalización se le denomina como neoliberalismo o nuevo liberalismo.

Hágame usted el favor… Pero qué le parece si me espera al la semana que viene, para continuar tratando de aclarar esta situación.

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