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La Manzana de la Discordia

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

No lo digo por el director de Conade y amigo del mero presiso, señor Castillo a quien muchos quieren quemar en leña verde con el pretexto de que nos fue mal en las olimpiadas y no me va a creer por qué, por dinero ya que como en muchos lados las organizaciones deportivas son un cochinero, digo, si usted considera cochino el dinero, si no, pos no; como a mi los resultados olímpicos no me interesan ni poco ni mucho quise informarme para ver si llevo ocote a la pira y qué cree me encontré con que el referido amigo de nuestro amado y vapuleado tlatoani es un amoroso y eso si que me entusiasma ya que ante mi propia pazguatés me encanta ver a los enamorados y eso cambia mi opinión y me vale bonete si ganaron los atletas o no, por fin triunfó el amor aunque les arda a los criticones que con nada están agusto y que en lugar de fijarse en las cien cosas que están bien en este país, que las hay pero que no incluyen aunque engañen al presi ni gasolina, ni electricidad ni gas y en su lugar se fijan en las doscientas mil malas noticias.

Pero por las razones que usted quiera el señor Castillo está como la manzana de la discordia, hay unos que lo quieren decapitar, otros tantos lo quieren quemar vivo y otros ahorcar, pero en todos los casos matarlo.

 

Usted recordará que se celebraba la boda del joven Peleo con la diosa Tetis y se les olvidó invitar a la diosa Eris (diosa de la discordia) la que encamotada y todo y con el pretexto gorronesco de que no la invitaron pero no le dijeron que no fuera se presentó en la pachanga y dejó de regalo una manzana de oro, para ser entregada a la diosa más bella entre las que estaban Hera, esposa de Zeus, Palas Atenea conocida en tapatilandia como Minerva y Afrodita la diosa del amor; la difícil elección le tocó hacerla al príncipe Paris y como en casi todo se abrió la puja de ofertas.

La divina Hera le prometió el poder político, en aparencia una gran oferta; la ojizarca Atenea le ofreció a cambio de ser designada como la más bella la gloria militar y Afrodita le ofreció el amor de Helena, esposa de Agamenon, si, la que después fue famosa como Helena de Troya, que habremos de decir era un megaforrazo capaz de volver loco al más pintado y ¿ cuál cree que fue la elección del Troyano?, pues ni más ni menos que la tercera, cuya biografía por increíble se la recomiendo, algunos dicen que esto fue antecedente directo de la guerra de Troya y un triunfo del amor sobre la violencia.

Por tanto en mi concepto la labor de Castillo en Río se cumplió sin importar la falta de medallas y en la medida que la criatura que llevara como pareja, haya quedado contenta habrá puesto en alto el nombre del amor patrio.

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