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“La Llevada de la Virgen”

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

No puedo ser periodista, porque no soy un árbitro imparcial en casi todos los temas de que escribo, doy mi opinión en mis crónicas y ésta es siempre personal y no estoy seguro ni intento serlo, sólo pretendo que éstas sea un reflejo honesto de lo que creo. Pero hay cuestiones en las que no puedo ni intentar ser imparcial, y una de ellas es “la llevada de la Virgen”, me resulta tan entrañable el percibir esa manifestación de la fe popular, que más que dar una opinión quisiera transmitirles una emoción.

 Habrá quien se limite al poder de la convocatoria del suceso, los números de asistentes —siempre serán muy relativos— son intrascendentes, causan la envidia de las autoridades, las que, incluida la jerarquía, con más razón que las otras, sugieren que el éxito de la Romería se debe cuando menos en parte a su intervención, pero yo no lo creo así, 

creo que la convocatoria se debe exclusivamente a la taumaturga imagen de la Santísima Virgen, cuando menos a mí, sólo ella me convoca, y creo que millares de personas comparten conmigo esta sensación, creo la experiencia es profundamente personal derivada de una relación con la Madre de Dios, representada en esa pequeña imagen que nos ha acompañado a los tapatíos por siglos; sinceramente creo que ninguna de las autoridades, y casi ni todas juntas tienen ese poder de convocatoria. Veo la llevada como una coincidencia de individualidades.

 Los danzantes se me presentan como un gran acto de amor y de demostración de fe, si usted no me cree, piense usted por qué causa bailaría usted voluntariamente una noche, circularía bailando más de siete kilómetros y lo haría después de la marcha y el día siguiente lo hará también, no encuentro otra razón para ello y no los estoy santificando, lo que no me corresponde, sé que después de la danza pueden irse a emborrachar o maltratar a la familia, lo que estando mal puede suceder, pero una cosa no quita la otra y piénsese usted bailando por la causa que usted quiera y verá si tiene o no tiene mérito.

 La mayoría de los asistentes no han sido organizados, ocurre gente de todos los niveles y estratos sociales, todos a su aire, con el único fundamento de que les dio su regalada gana ir, eso hace única la Romería y hace rabiar a muchos que parecen entristecer porque esta manifestación de fe, o si usted quiere de fanatismo, sigue tan real y con ese número de asistentes que llenarían de emoción a los que organizan reuniones tumultuarias.

 Por mi parte no puedo negar el entusiasmo y la profunda emoción que me hace sentir la llevada de la imagen a su santuario.

 

 

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