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La Guerra Epistolar de Calderón

Lejos parecen los tiempos en que los panistas aceptaban que la democracia la hacen los que pierden, que luego de una contienda interna olvidaban lo que se decían y sabían salir unidos en busca de mejores resultados para su partido en las elecciones constitucionales contra otros institutos políticos.

El Partido Acción Nacional estaba entonces por encima de los intereses de cualquiera de sus militantes. Y parece lejos porque son circunstancias que no pueden medirse en tiempo sino que la frontera entre el antes y el después se encuentra en su llegada al poder, en Jalisco en 1995 y a nivel nacional en el año 2000, y como consecuencia, en las ambiciones personales.

Ahora son el expresidente Felipe Calderón, hijo de uno de los fundadores de Acción Nacional, y Juan Molinar Horcasitas, director del IMSS y secretario de Comunicaciones y Transportes, precisamente durante el sexenio de Calderón Hinojosa, quienes muestran sus diferencias a través de la vía epistolar. Evidenciados por la pérdida del poder y el reacomodo interno, ambos han exhibido tres aspectos que aderezan eso que quieren llamar política:

1.- La relación partido-gobierno, cuando acusan a Calderón de «querer seguir imponiendo su voluntad».

2.- El entendimiento y el uso de la política.

3.- La condición humana, que en lenguaje chabacano se traduce como «morder la mano que te dio de comer».

Vistos en un todo, se trata de resabios de la contienda interna entre Ernesto Cordero, a quien apoyaba Calderón, y Gustavo Madero, quien esperó al triunfo para cobrarse todo en el reacomodo del grupismo que tanto daño le ha causado a la tercera fuerza política del país, luego de haber conocido las mieles del triunfo.

Para muchos, la revancha fue cobrarle las facturas a Margarita Zavala, esposa del expresidente, a quien le cerraron todas las vías para alcanzar una candidatura a la diputación federal. Es la muestra de que ya no saben salir unidos y colocan sus intereses personales por encima del interés del partido, por donde se le quiera ver.

«Muchos panistas lamentamos las recientes declaraciones del expresidente Felipe Calderón, pues demuestran que él aún insiste en imponer su voluntad por encima de la de los panistas», abrió fuego Juan Molinar Horcasitas.

Le agrega que «Él (Felipe) y quienes en su oportunidad perdieron en las urnas el derecho a dirigir el partido deberían respetar la voluntad mayoritaria de los panistas, sumarse al esfuerzo de sus compañeros y dejar de dañar de manera pública la imagen del partido y sus dirigentes. Las reglas de la democracia y la lealtad al partido los obliga moralmente a unirse en la causa de Acción Nacional y concentrarse en ganar las elecciones».

En sus comentarios personales, señala que Felipe sigue con un patrón de conducta: «Usar malas formas es su costumbre. Alguien me explicaba su conducta diciendo que actúa así porque es un hombre de carácter muy fuerte. Contesté que no, que es un hombre de temperamento muy fuerte, y que le falta carácter para templar su temperamento».

Juan Molinar acusa al expresidente de poner dos presidentes en la dirigencia nacional de su partido en una etapa de intensa cercanía, cuando «fueron muchos los episodios en los que Felipe Calderón trató de manera irrespetuosa o incluso abusiva a los líderes partidarios que se reunían con él.

«Continuando esa línea, Calderón intentó imponer a un tercer presidente del partido, impulsando, una vez más, a otro de sus secretarios particulares, Roberto Gil, pero el panismo rechazó abrumadoramente esa intentona porque la persona elegida por Calderón no contaba con la confianza de la mayoría del Consejo Nacional».

La carta da lugar incluso para las elucubraciones y lo culpa de la derrota en el 2012, «en algún momento de esa etapa alguien recordó una expresión atribuida a Felipe Calderón que describe su actitud: «¡El PAN es mi casa! y en mi casa mando yo». El calderonismo no pudo derrocar a Madero, pero sí fue un factor de división que le restó gobernabilidad al PAN durante el año y medio que precedió a las elecciones de 2012».

TUFO A MISOGINIA Y MACHISMO

Desde Puerto Príncipe, en Haití, donde se encontraba Felipe Calderón, le contestó a Molinar Horcasitas con un título transparente: «Querido Juan, mientes».

Desmiente en ella que haya dicho en alguna ocasión que en su casa manda él pero sí siempre ha considerado al PAN como su casa.

No creo en esa expresión que tiene un tufo de misoginia y machismo. No es tampoco ni remotamente la regla en mi propia casa, tú lo sabes. Jamás lo he dicho, y tú, tratando de hacer un falso argumento, pones palabras en mi boca que nunca he pronunciado».

Calderón encuentra el punto «G» de Horcasitas: «Sólo una cosa explica que hayas pasado de la honestidad intelectual a la franca invención literaria: la amargura.

«No la tenías cuando te propuse, sin margen de negociación, como consejero del IFE junto al querido Alonso Lujambio y a Pepe Woldenberg como Consejero Presidente.

«Tampoco cuando te invitamos a pertenecer al PAN, el paso que hacía falta y que incluso en tu propia casa esperaban. La tenías cuando te humillaron en el gobierno y en el partido pero no contra quienes te abrimos los brazos y te recibimos de vuelta.

«Y ciertamente no la tenías cuando te apoyamos para que fueses ese brillante diputado federal.

No tenías esa amargura cuando te invité a construir el triunfo de 2006, ni en el alegre cuarto de guerra, ni mucho menos el día que pudiste decir «ya está».

Habrá quien lo vea bien porque se trate de un asunto interno que los panistas gustan de presumir por su condición de transparentes y porque se dicen acostumbrados al debate, esa evaluación le corresponde hacerla a ellos mismos.

En realidad se trata de las nuevas prácticas del PAN, donde las campañas de brazos caídos comienzan a tomar carta de naturalidad, donde son capaces de prenderle fuego a la casa propia, con tal de ver arder la ajena.

En su afán de poder por el poder mismo, el grupismo le ha hecho daño al PAN.

No es cosa de tiempo, es añoranza por el poder que llegaron a tener.

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