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La Fuerza de uno

Por Juan CABELLO

En los estados unidos se vive bien, se gana en dólares pero también se trabaja duro, se tienen que decir las cosas como son… allá tienen por regla general un estricto código de respeto al trabajo, su jornada y sus condiciones generales, se gana bien y se puede ganar más metiendo “over time”, que les permite doblar su salario fácilmente.

La seguridad social es requisito indispensable, no se premia la puntualidad pues es una obligación el llegar puntualmente a realizar las actividades, pero se compensa generosamente la lealtad, la honestidad y el esfuerzo extra, pues para los gringos es muy valioso lo anterior.

El gobierno exige impuestos que deben ser pagados de manera oportuna, todos pagan impuestos y son severos con quien no cumple, todos los trabajos son bien pagados y guardando la proporción allá se puede vivir cómodamente con el empleo más humilde.

La razón es sencilla, ellos hace mucho tiempo que comprendieron que pueden llegar tan lejos como quieran si se consolidan como una nación unificada, en consecuencia tienen dos partidos políticos, además se permiten las candidaturas independientes, todos cumplen, las reglas son para todos y no hay privilegios.

Lo anterior les ha permitido crecer como nación, se han logrado establecer como verdaderos rectores de la economía mundial, tienen un enorme sentido de identidad, saben hacer frente común contra quien los ataque.

México es un país lleno de recursos naturales, de gente emprendedora y mucha capacidad intelectual, sin embargo hoy como antes es tierra de nadie, cada quien ve por su propio beneficio, no importa cómo la gente quiere ser millonaria.

Nadie es reconocido económicamente por su lealtad, mucho menos por su excelente desempeño, se tiene firme la creencia que los empleados son súbditos que deben hacer lo que se les ordene, si resultan eficientes entonces los quieren como si fueran sus hijos, pero de eso a recompensar en pesos su trabajo hay un mar de distancia.

Los patrones en nuestro país no han entendido o no quieren entender que el dinero tiene que circular y el trabajo tiene que ser bien remunerado, si el empleado trabaja más de ocho horas, las mismas se le deben pagar como lo establece la ley para el trabajo en horario extraordinario (en el gobierno y en la iniciativa privada), deben proporcionar seguridad social y claro registrarlos ante el IMSS con su salario real.

Los patrones llevan una responsabilidad a cuestas y ni siquiera saben que la tienen, deben ser los principales promotores para lograr elevar el nivel de vida del entorno familiar de los trabajadores y la calidad de cada uno de ellos en lo particular, sólo así nuestro estado, nuestro país crecerá como nación y entonces los mexicanos estarán orgullosos de vivir aquí.

No se necesitan más de dos centímetros de frente para adivinar que con esos pequeños cambios alcanzaríamos el mundo feliz, con el que muchos soñamos; sin embargo basta con ver como los empresarios se pronuncian hartos de la corrupción que impera en nuestro México lindo y querido, como queriéndose lavar las manos que presumen limpias cuando se saben marranos en el lodazal, para saber que son simples posturas simplonas, payasadas de payasos, son en síntesis un mal chiste.

Para hacer pronunciamientos serios en contra de la corrupción hay que tener autoridad moral y ni los empresarios, ni el clero y ni los políticos (llámense independientes o de cualquier partido político), tienen los arrestos suficientes ni las manos limpias para convertirse en adalid de las causas populares. Parece sencillo, pero de momento es imposible.

 

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