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La Evolución del Conflicto Magisterial (I)

Por Alfredo DON OLIVERA

Desde Benjamín Bloom, María Montessori y Pierre Faure
No hay nada nuevo en el horizonte de la educación

Seguramente que en el panorama nacional, uno de los problemas más preocupantes es el conflicto magisterial, con epicentro principal en Oaxaca. Al respecto, la opinión pública se divide entre quienes censuran al profesorado por considerar sus acciones como delincuenciales y entre quienes reprueban al gobierno, por haber aprobado una reforma educativa que en realidad nada tiene que ver con el mejoramiento de la calidad de la educación y que tan sólo constituye otro fracaso más de su administración.

Naturalmente que tan preocupante enfrentamiento, por todos los intereses políticos que concentran ambos bandos, no es fácil de ser analizado, y hasta puedo anticipar que seguramente cuando la lamentable confrontación concluya y las partes lleguen a un acuerdo sobre la parte del pastel que les corresponda, muy poco o casi nada va a salir de bueno para mejorar la calidad de la educación en nuestro país.

Por lo mismo, intentando deslindarme hasta donde sea posible de los aspectos políticos del conflicto, pero en un intento de abonarle al entendimiento del problema de la educación en México, quisiera revisar un poco la historia de la evolución educación. Lo cual por cierto, tendré que desarrollar en dos partes y concluir en mi comentario con otra entrega.

En la antigüedad la educación fue concebida como una búsqueda de la verdad a partir de la interiorización filosófica de los individuos a partir de conocimientos que se consideraban relativamente comprobados. El pensamiento aristotélico, quizás sea la muestra un poco más clara de ese proceso.

Posteriormente durante la edad media, el pragmatismo científico de la antigüedad fue sustituido por la incorporación impositiva del dogma católico; sustituyendo así a la ciencia por la creencia y generando de esta manera la llamada era del obscurantismo.

Pero con la llegada del renacimiento; se vino la gran recuperación de la cultura greco romana y en consecuencia de las ciencias forjando así el inicio de nuestro mundo y la gran explosión del conocimiento que a partir de entonces comenzó a desplazar al dogma.

Bajo un contexto de esta naturaleza, las familias adineradas del renacimiento, preocupadas por inculcar en sus hijos los nuevos conocimientos, comenzaron a contratar pensadores ilustrados. Sin embargo, por muy ilustrados que fueran aquellos intelectuales, sólo podían educar en las temáticas que ellos manejaban, pero además, se trataba de profesores improvisados que recurrieron para impartir sus enseñanzas a la coerción a los alumnos bajo un esquema que actualmente se le recuerda como “la letra, con sangre entra” Es decir, o aprendes por la buena, o te enseño por la mala.

Este áspero esquema se vino modificando hacia inicios del siglo XVIII, principalmente bajo la influencia de las ideas del francés Juan Bautista De La Salle quien desde el siglo anterior comenzó a impulsar la necesidad de romper el elitismo de la educación abriéndola a todos los sectores de la población principalmente mediante la creación de salones de clases en los que se pudiese educar a un buen número de alumnos a la vez, generar un plan más integral de educación y capacitar al profesorado para impartir la enseñanza, haciendo a un lado los métodos violentos.

Bajo este esquema, los profesores mejoraron sus métodos de enseñanza, reforzaron los conocimientos impartidos en las aulas recurriendo a tareas escolares que debían ser efectuadas en casa y evaluaban la educación mediante pruebas o exámenes referentes a los de conocimientos impartidos.

Poco a poco y de manera progresiva se estructuraron niveles académicos de enseñanza tendientes a culminar la educación con la expedición de un título o licenciatura que acreditaba al educando como una persona capacitada en conocimientos para el ejercicio de una profesión.

Este modelo educativo perduró hasta mediados del siglo XX, cuando principalmente el norteamericano Benjamín Bloom, el francés Pierre Faure y una italiana sensacional María Montessori cambiarían el rumbo de la educación.

Pierre Faure precisó que el campo de la educación debería ser ampliado para abarcar no solo la adquisición de conocimientos, sino ampliarlo integralmente para desarrollar de manera paralela, la formación de valores y el desarrollo de destrezas. Benjamín Bloom por su parte investigó y puntualizó los esquemas mentales mediante los cuales el individuo desarrollaba esos tres campos, mientras que María Montessori formuló el requerimiento de que para que el aprendizaje pudiera darse, por así decirlo, debería implicar la alegría en los salones de clase y en los procesos de aprendizaje.

Esta corriente de pensamiento llegó a nuestro país aproximadamente a mediados de la década de los 70s bajo el esbozo de la llamada tecnología educativa, gracias a la cual, el profesorado puntualizó; denominándolos como objetivos específicos, los conocimientos precisos que deberían alcanzar los educandos y se estructuraron de una manera más lógica los procedimientos de enseñanza dando lugar a la innovación de las técnicas didácticas. La evaluación continuó realizándose entonces, principalmente en base a pruebas y exámenes de conocimientos.

Y yo no podría asegurar que México haya tenido una gran época en la historia de la educación, pero sí resulta claro que la mejor de nuestras épocas educativa fue ésta, durante la cual y como producto de la misma se impulsaron además, el surgimiento de la educación tecnológica y los adiestramientos. Habría que agregar también, que al menos hasta entonces, los responsables de la SEP eran personas con experiencia en educación.

Desgraciadamente, los vientos neoliberales también comenzaron a soplar sobre el campo de la educación, la SEP comenzó a ser manejada por el gobierno federal como una concesión política, y un vendaval llamado Ernesto Zedillo, con su “Estructuralismo” comenzó desde 1994 a deteriorar la educación nacional, agudizando los males, una ventolera llamada Josefina Vázquez Mota quien con su enseñanza basada en habilidades y competencias, de plano terminó por dar al traste con la ya de por sí maltrecha educación nacional.

Pero de estos graves males y otros más, si me lo permite el amable auditorio, comentaré el próximo lunes. En tanto mil gracias por la bondad de su atención.

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