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La Cara Anticorrupción

Antes de obtener el grado académico de maestría en Gobierno y Administración Pública por el Colegio de Jalisco, Juan José Bañuelos Guardado se ganó el título de maestro debido a los múltiples cursos que dio a militantes del Partido Revolucionario Institucional para formar nuevos cuadros.

Durante muchos años vivió de cargos menores luego de alcanzar la más alta responsabilidad en Zapopan y hoy le toca denunciar a los corruptos del pasado sexenio. Es el que puede, desde su cargo de contralor del Estado, poner a temblar a medio mundo. Ese es el gran poder que tiene en sus manos.

Reconoce y está convencido que jamás ganaría un concurso de belleza y en su palmarés aparecen los cargos más disímbolos de la función pública y del trabajo partidista. Ahora su fuerte está en otro lado, en una honestidad a prueba durante más de 40 años de ejercicio, ya sea en cargos de elección popular o de designación.

Su honestidad, dicen los cercanos, raya en la terquedad, tanto como su priísmo, desde donde criticaba a los de enfrente porque “predican con la Biblia en la mano, se sonrojan cuando ven una minifalda y por las noches frecuentan los espectáculos del desnudo; viven una doble moral, los podemos censurar, pero seguirán en el gobierno mientras no nos organicemos”, decía en un foro de ex legisladores.

Desde hace más de 35 años vive en la Unidad República, ex barrio bravo porque se hizo viejo, de Zapopan, municipio del que fue presidente municipal en el trienio 86-88,y desde entonces dejó buena imagen.

Es dueño de la mejor biblioteca relacionada con los aspectos municipales, instalada en una casa, más terreno que construcción que no mide más de diez por treinta metros cercano al zoológico de la ex Villa Maicera, que orgullosamente llama “El latifundio de Doña Rita”, en honor a su madre.

Le molesta que lo comparen con los dinosaurios priístas que alguna vez existieron y se hicieron famosos, porque los jóvenes los consultaban cuando querían aspirar a un cargo de elección popular, pero no son pocos los que desfilan por su casa cuando están interesados ya sea en Zapopan o en otros municipios.

Antes de ser alcalde de la villa maicera, que así se le llamaba hasta que Nicolás Orozco llegó para elevarla a la calidad de ciudad Zapopan, fungió como jefe de la correccional en el municipio de Guadalajara, oficial mayor administrativo, diputado local, secretario General del PRI, secretario de Organización y jefe del Departamento del Trabajo y Previsión Social, ahora Secretaría del Trabajo. Precisamente por ese cargo se le veía como el candidato natural pero de último momento, como ocurrió con muchos de los cargos que se daban por hecho, trocó en contralor del Estado.

En todos los cargos ha brillado o por lo menos ha cumplido satisfactoriamente.

Después de Zapopan fue dirigente del sector popular del PRI Jalisco, diputado federal por el XIII distrito y luego un largo ostracismo durante el cual se aparecían por su casa cada vez menos amigos a menos que, como se dijo, aspiraran a algún cargo de elección popular en la Villa Maicera.

Hoy tiene un sus manos no sólo la tarea de armar los expedientes necesarios para actuar penalmente en contra de quienes utilizaron el cargo en la pasada administración para enriquecerse ilícitamente, tarea nada fácil porque se les acusa de pillos, no de tontos. En él descansa la confianza de muchos ciudadanos que quieren creer en la política pero que la impunidad los aleja cada vez más.

Tiene en cartera casos tan subidos de tono en la prensa como el CODE, el Seguro Popular, el uso del dinero de la Secretaría de Desarrollo Social con fines electorales, las megaindemnizaciones del SIAPA, posibles compras a sobreprecio en la secretaría de administración como la maquinaria china, el Macrobús que está a punto de brincar, las maquinitas de Servicios y Transportes que nunca se usaron, el SISTECOZOME, Chalacatepec y Pensiones del Estado.

El paquete de auditorías contempla también una investigación al Comité Administrador del Programa Estatal de Construcción de Escuelas (CAPECE), con señalamientos de haber adjudicado directamente una serie de obras sin licitación de por medio.

Es decir, tiene chamba para donde voltee y si es para atrás, mucho más. Algunos dicen que “del gobernador para abajo”.

Tendrá además en los próximos seis años la encomienda de que los actuales funcionarios actúen conforme a las disposiciones legales y no repitan los errores de sus antecesores.

La condición para aceptar el cargo fue que lo dejaran trabajar, pidió apoyo y confianza porque su prestigio, a sus 68 años, ha sido bien ganado y a su alrededor cuentan muchas anécdotas relacionadas. Casado con Leticia Chávez Llamas, quien recibe con el mismo entusiasmo a los amigos de toda la vida y con quien ha pasado los altibajos que toda vida ofrece pero “si tenemos frijolitos, es lo que ofrecemos”, dice.

Con ella procreó tres hijos, Juan José, Ricardo y Primavera, a uno de los cuales tuvo que sacar de la escuela privada donde estudiaba por falta de recursos porque era una de las épocas en que estuvo desempleado, o en la RENATA (Reserva Nacional de Talentos, como la definiera el fallecido Mario Rosales).

Su festejo de cumpleaños, todos los 25 de octubre, lo realiza en casa, con quien llega sin invitación y sin reflectores, caiga en sábado o lunes.

La primera derrota política se la infligió el PAN, el 12 de febrero del 95, cuando competía por la diputación local en el distrito XII, con cabecera en Ameca pero que alcanzaba a Puerto Vallarta. Desde entonces sólo tuvo cargos menores, salvó la delegación de la Secretaría Federal del Trabajo y director del Instituto de Estudios del Federalismo, gracias a Francisco Ramírez Acuña, con quien trabó amistad en la legislatura 49, conocida como La Histórica y en la que propuso que se impusiera con letras de oro el nombre de Ricardo Flores Magón, que dio origen a un debate también conocido como histórico, con Jesús González Gortázar.

De esa legislatura 49 pueden citarse a José Luis Leal Sanabria, del PRI; Francisco Ramírez Acuña, del PAN, y Claudio Palacios, por la izquierda.

La única piedrita en el zapato de Juan José Bañuelos, reconocida por muchos, fue su tesorero en la alcaldía de Zapopan, de nombre Pedro Humberto Garza Gómez, quien jugó el dinero público en la bolsa y perdió durante el crack del 87. Hoy, el mismo Pedro Humberto Garza trabaja en casa Jalisco, a unas cuadras de la Contraloría del Estado.

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