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La Búsqueda del Poder

“Nadie quiere tener poco poder, por el contrario, todos aspiramos a poseer una cuota cada vez mayor”, escribe Robert Greene en su obra las 48 Leyes del Poder. Y apunta que la sensación de no tener poder sobre las personas y los hechos nos resulta insoportable, cuando nos sentimos desvalidos nos sentimos miserablemente mal.

¿Qué es peor? ¿Nunca haber tenido poder y tenerlo y haberlo perdido?, se pregunta Gabriel Ibarra en la más reciente edición de la revista Conciencia Pública, en la que cita al filósofo del Madoka, Félix Flores Gómez.

Como periodista mi tema permanente en este espacio es escribir sobre los hombres del poder, así es el título. Y en este mundo de férrea competencia y de lucha permanente se manifiestan las más oscuras emociones del hombre, porque en mayor o menor dimensión el ser humano está constantemente en la búsqueda del control que le dé poder.

La traición y el engaño son elementos del poder. Son también connaturales al ser humano, cuando se conjugan emociones como la envidia, el deseo, el odio y la ambición.

La soberbia es el gran distintivo y lo peor es que no hay vacuna. Es tan viejo, como lo fue el César de la Roma Antigua, que siempre se hacía acompañar de un esclavo para recordarle “eres mortal” (que no era un Dios).

Por eso la frase de “el fin justifica los medios”, cuya autoría se le adjudica a Maquiavelo es la mejor expresión de la amoralidad del poder. Esto quiere decir que los hombres que ejercen el poder no deben limitarse en los recursos y caminos que utilizan para conseguir sus fines.

La doctrina cristiana piensa distinto al sentido maquiavélico del bien superior o mayor. “El fin no justifica los medios (…) Cuando el fin es lícito, también son los medios”.

Sin embargo, en el México real –como suele decir López Dóriga– la doctrina cristiana no existe en el mundo de los hombres y mujeres del poder.

Félix Flores Gómez, el filósofo del Madoka –parafraseando a Enrique Ibarra– suele decir a quienes lo escuchan: “En la política los amigos son de a mentira y los enemigos de verdad”.

Por eso la traición es un ingrediente del poder. En todos lados y en todos los tiempos se presentan. Justificaciones habrá. Por ejemplo, el ingeniero Álvaro Ramírez Ladewig se dice traicionado por Raúl Padilla y éste a su vez traicionado por Carlos Briseño. Fernando Guzmán sufrió la traición de Emilio González Márquez.

ES PARA LOS QUE LE ENTIENDEN

Dice también Félix Flores que en la política hay de dos: los que le entienden y los que no. Y así, hay quienes tienen el poder pero no saben qué hacer con él. El poder los embriaga, los transforma, los enloquece, los hace perder la dimensión de la realidad.

Dos hombres del poder son Raúl Padilla López y Emilio González Márquez, que encuadran en el concepto del filósofo del Madoka.

El ejercicio del poder en el Grupo Universidad es muy interesante. Su jefe máximo Raúl Padilla, a quien lo hemos señalado como el personaje más poderoso de Jalisco hoy por hoy, es un tipo muy inteligente que no sólo ha leído y releído a Maquiavelo, sino que lo ha estudiado.

Raúl Padilla, es el que mejor ha seguido el manual de El Príncipe. El jefe del Grupo Universidad no tiene camisa de fuerza que lo limite. Ha vivido en carne propia el dolor humano de la pérdida de seres queridos.

Y con toda su inteligencia se equivocó con Carlos Briseño. Le ganó el sentimiento. No obstante, Padilla ha sido eficaz al mover los hilos del poder. Los resultados allí están.

En el caso de Emilio González Márquez, con todo y su carisma, capacidad de seducción e inteligencia que lo distinguen, cometió un error de fondo desde el principio: no quiso ejercer el poder y buena parte del mismo se lo cedió a Herbert Taylor Arthur, un personaje también muy inteligente, pero incapaz de controlar sus emociones. Así fue como dilapidaron el gran capital político que heredaron.

La imagen que queda de Emilio el gobernador es de un personaje frívolo, poco sensato, que le restó valor a su responsabilidad como cabeza de un gobierno que tenía como fin hacer el bien común, atendiendo la doctrina cristiana.

LOS QUE VIENEN

Hay renovación en los gobiernos en Jalisco. Sería bueno que estos gobernantes se preguntaran: ¿Poder para qué? ¿Poder para controlar y mandar? ¿Poder para satisfacer el ego y la vanidad? O poder para hacer el bien. ¿Cómo quieren que se les vea dentro de tres años? ¿Podemos esperar algo diferente a los que les han antecedido?

En fin, son algunas reflexiones que comparto en este espacio, en torno a cómo actúan los que nos gobiernan en un mundo en el que la ambición y la soberbia son los grandes elementos sobre la generosidad y la construcción del bien común.

 

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