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¿Y por qué no una Constitución gay?

Por Rubén BAUTISTA I.

No creo tener una misoginia arriba del estándar del hombre promedio, pero si me quiere abonar algo más para calificarme de otro modo, por el comentario que haré enseguida, ni hablar. Corro el riesgo.

En el Congreso del Estado andan “calientes” con una nueva iniciativa de ley, dizque para proteger a la mujer. Ahora inventan aplicar penas más severas a quien comete un feminicidio, no así contra homicidas.

De pronto suena bien la intención de proteger a la mujer con un estatuto especial, y hasta la Comisión Estatal de Derechos Humanos ya hizo lo que mejor le sale: aplaudir a los diputados por tan loable idea.

 Vamos por partes: ¿Qué la Constitución hace distingos entre ciudadanas y ciudadanos? Si algo busca nuestro máximo estatuto jurídico es precisamente la igualdad.

 Si la justicia funcionara igual entre homicidios y feminicidios, no andaríamos con esas jaladas mentales de andar inventando leyes para aplicar las leyes por igual a hombres y mujeres.

 ¿No sería mejor eficientar la justicia para hombres y mujeres por igual?

 Ciertamente la mujer es físicamente más frágil, pero desde Juana de Arco para acá ha habido mujeres tan fuertes o más que el hombre.

 No me vayan a decir que si una mujer como la Reina del Pacífico es víctima de un enfrentamiento armado, le van a aplicar las leyes por feminicidio.

 Hay mujeres en la delincuencia organizada ante las que la fragilidad corre por cuenta del hombre.

 ¿Qué hará la ley en esos casos?

 Los diputados federales aprobaron en el sexenio foxista leyes para proteger a los indígenas, en las que se reconocía a las etnias como entes especiales, mucho más ventajosas que el resto de los ciudadanos, invocando usos y costumbres.

Decía Héctor Morquecho, de feliz memoria: “Si yo le doy una golpiza a mi mujer, me declaro indígena y ya no me alcanza la ley”.

Por otra parte, con una ley de distingos, se comete, en alguna medida, discriminación contra la mujer.

Hemos llegado al absurdo de obligar a los partidos a incluir mujeres como candidatas, sin importar que tengan el perfil o no, o si están capacitadas para el cargo, en lugar de mejor obligar a los partidos a establecer las condiciones de competencia interna que no dejen en desventaja a las mujeres… ni a los hombres.

La siguiente, será una ley para homosexuales, ya entradas en gastos.

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