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Inseguridad, ¿Hasta Cuándo?

Si no pueden con los franeleros y los limpiaparabrisas
¿Van a poder con los verdaderos criminales?
Psicología popular

Por Alfredo DON OLIVERA (Producciones Rancho Azul)

Ya hace décadas, que la demanda más sentida y reiterada de los mexicanos ante sus gobernantes se centra en la necesidad de controlar la creciente inseguridad pública que venimos padeciendo. Y es que cotidianamente desde que nos despertamos, los diferentes medios de comunicación nos están informando sobre asesinatos, asaltos y secuestros, donde la gran constante, es la impunidad del delincuente.

Pero el asunto no para ahí, porque durante el día, los ciudadanos tenemos que experimentar la gran tensión de tener que enfrentarnos cotidianamente a otros tipos de agresores; los franeleros, los limpia parabrisas y por si no fuera poco, además los camioneros.

Y como remate ante tan hermosas experiencias, al regresar por las noches a nuestras casas, cuando teóricamente el hogar debe significar el refugio reparador donde quedamos a salvo, de repente estalla el monumental estruendo que desde la calle invade nuestra intimidad, ocasionado por vecinos ruidosos o muchachos escandalosos y pandilleros.

¿Y la “polecía apá”? Pues la verdad desde hace tiempo veo que las fuerzas de seguridad de muy poco sirven, porque al parecer sus servicios se limitan, relativamente, a impedir que este problema sea peor de lo que ya es. Lo que más tristeza da es recordar a nuestros candidatos a puestos gubernamentales, durante su campaña, que seriecitos se veían tomando nota de toda esta inseguridad a la cual, todos por parejo, han sido incapaces de resolver.

 

¿Qué de extraño tiene entonces, que comiencen a surgir auto defensas? Si el gobierno ni siquiera puede con los aparta lugares y con los limpia parabrisas, pues mucho menos va a poder con los malhechores mayores. Ahora, no vamos a negar que durante el actual gobierno han comenzado a caer cabecillas importantes del crimen organizado, pero no nos acabamos de quitar la idea de la cabeza, de que fue hasta que surgieron las auto defensas michoacanas cuando el gobierno realmente comenzó a orquestar una acción real.

Porque el hecho de capturar o abatir a algún conocido malandro, si bien implica la acción de aplicarle la justicia a tal o cual delincuente, en contra parte para la sociedad no significa casi nada ¿Por qué? Pues porque ese malandro retirado de la circulación, simplemente va a ser substituido por otro, igual o peor. Lo que finalmente implica que los grupos delictivos continuarán operando; el mismo infierno, pero con diferente diablo.

¿Y qué hacer? Tras de un sexenio completo de irresponsabilidad Foxista ante este problema, seis años de omisión permitiendo que se enraizara y se acrecentara la inseguridad en el país, Felipe Calderón tuvo la brillante e inoperante idea de declararle la guerra al narcotráfico con el fracaso que todos conocemos. Incluso se llegó al grado de incorporar algunas medidas fiscales, como lo fue el tope a los depósitos en efectivo, pero todo fue inútil, un monumental fracaso.

Por su parte el actual gobierno ha sido más cauto en sus declaraciones y se ha anotado algunos éxitos como la detención y el abatimiento de importantes figuras del crimen organizado, entre las que sobre sale la detención del Chapo. Pero como ya lo mencioné, estos logros no significan que los facinerosos dejen de operar

¿Pues entonces, dónde puede estar la clave? Pues dado que el área más rentable del crimen organizado es el mercado del narco, habrá que atacar directamente donde se maniobra el sistema, en los centros de distribución, en el medio donde actúan los operadores.

Y no es sencillo localizar a estos facinerosos porque obviamente que no actúan a la luz pública. De manera eficiente ocultan la distribución de la mercancía a través de las llamadas narcotienditas y mediante sigilosos distribuidores que prefieren los medios escolares para ocultar su actividad entre la muchachada.

Sin embargo, las nuevas estrategias que están diseñando para lograr mayores ventas, han implicado un nuevo problema social; muchachos escandalosos que sin el menor respeto por los vecinos se dedican a estar haciendo argüende en la vía pública hasta altas horas de la noche. Y naturalmente que para que estos desmadres se estén convirtiendo en estrategia de venta, demasiado tuenen que ver la increíble impunidad que se respira en México y las desacertadas intervenciones de la lamentable Comisión de Derechos Humanos, quienes parecen estar más preocupados por el derecho al escándalo de los sinvergüenzas que por el derecho a la tranquilidad y el respeto de los ciudadanos

Es lógico que ante semejante proteccionismo y inhibición de la autoridad, estos escándalos se estén convirtiendo en importante fuente de distribución y consumo de droga, en centros de reclutación para el pandillerismo y en escuela de delincuentes organizados. Sin embargo –mucho ojo- Ahí, en esas reuniones, los operadores se hacen visibles. Y no se trata de estigmatizar a los jóvenes como tan desacertadamente declaró ese lastre en la que está convertida la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Sino que se trata de entender hechos que están lesionando gravemente a la sociedad

El evento, preferentemente en viernes o sábado por la noche, se inicia con la aparición de varios vehículos que se apoderan de una calle, dotados de potentes equipos de sonidos desde los cuales se interpreta estridentemente la música narco. De inmediato surgen de los vehículos varios auténticos gorilas cuya función es garantizar la paz de los invitados.

Poco a poco los “comensales” empiezan a aparecer para ser agasajados con cervezas y algunos licores ¿Quién y por qué paga esas fiestecitas? La invasión de cocheras, sin el más mínimo respeto a los temerosos vecinos se multiplica. El ambiente se inunda de hermosas exclamaciones verbales reincidentes en los cultos vocablos de güey, verga, no mames y chinga tu madre, mientras los aire se aroman con la pestilencia de quienes obran sus necesidades en la vía pública y con los inciensos de la hierba verde. En tanto un extraño y creciente flujo de vehículos se detiene en el núcleo del escándalo y tras de un breve intercambio de “algo” se retiran de ahí expresando su alegría de vivir mediante los clásico arrancones

¿Y la polecía apá? ¡Pues totalmente inhibida por la celosa Comisión Estatal de Derechos Humanos que no admite violentar la “libertad” de estos “jóvenes” y mucho menos la perversidad de agarrar a macanazos a este montón de sinvergüenzas.

Si los cuerpos policíacos que encuentran a estos delincuentes en las calles y dado de que se trata de ostensibles faltas administrativas, SU OBLIGACION (sin necesidad de denuncia ciudadana ninguna; no sean cabrones el ciudadano normal está atemorizado) ES PROCEDER A REVISAR, DETENER E INVESTIGAR A ESTOS MALANDROS

Y entonces ya veríamos que sorpresas se podrían a encontrar. Porque en estas reuniones de escandalosos se cobijan las autenticas redes de narcotráfico y delincuencia que ya nos tienen totalmente hasta la madre a la ciudadanos

¿O qué nuestros políticos y la Comisión Estatal de Derechos Humanos serán tan miopes como para tener que explicarles esto?

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