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Gobiernos Malos, Peores o Terribles, Pero Buenos no

Por Carlos Enrigue ZULOAG

Sigue de amor la llama en relación con quienes apoyan la anulación del voto, y eso me impulsa a hacer estas consideraciones. No puedo negar que la figura me atrae. Coincide con mucho de lo que yo he sostenido de esta farsa de democracia que estamos viviendo, aunque nada menos la semana pasada una amable lectora me decía que era muy exagerado y por ello tengo que tratar de moderar mis furias personales e intentar razonar los factores antes de decidir.

Como preámbulo debo decir que yo no considero posible que haya un buen gobierno, porque o es bueno o es gobierno. Cuando menos hasta ahora no se ha dado. Los hay malos, peores o terribles, pero buenos, de esos no se han visto hasta ahora, y como dijo don Teofilito: ni se verán. Por tanto debemos considerar que todo gobierno es por esencia dañino en mayor o menor grado,

 y por ello en el mejor de los casos como un mal que algunos consideran como necesario. De tal modo que no podemos esperar mucho de ellos. También debemos considerar que los gobernantes son seres humanos, con todas nuestras fallas, pero además ellos se encuentran drogados por el poder, que es una droga muy difícil de controlar y para obtenerla sus adictos harán lo que sea, así tengan que mentir o matar, lo primero lo hacen diario, especialmente en elecciones, y lo segundo cuando lo creen necesario (Colosio o Tonalá para no ir muy lejos). Pero no olvidemos que el juego se reduce al poder y sus bondades.

 Dentro del jueguito se ha creado ese engendro de institución “ciudadana” que es el IFE, hay que establecer no es una institución ciudadana porque vive del dinero público y por tanto no es ciudadana, sino burocrática, o si se quiere es nominal, pero no fácticamente ciudadana. Esto es simplemente un negocio, con el pretexto de las elecciones. Los angelitos tienen nada más 12 mil millones de pesos este año, más tiempos oficiales en radio y televisión, más los presupuestos estatales, más los costos de los tribunales electorales. No creo que algún negocio en nuestro país reciba estas cantidades para gastar, por ello debemos de considerar que esto es un negocio y su justificación es la mascarada de elección que padecemos, tan absurda que impide la libre comunicación de las ideas.

 Así, se presentan varias opciones fundamentales: ir a votar, para lo cual existen variantes que a continuación comentaremos, y la otra sencillamente abstenerse de hacerlo.

 El voto es una prerrogativa y una obligación de los mexicanos establecidas por nuestra Constitución, siendo prerrogativa es potestativo ejercerla o no, pero como obligación, tenemos que hacerlo, lo que se convierte en una obligación ética que no tiene sanción, pero que a mi juicio tenemos el deber de hacer.

 Ahí es donde se ejerce el derecho de votar por alguien prefijado por los partidos, por una persona no registrada, lo que tiene un valor simplemente estadístico, o el anular la boleta, que puede ser voluntario o incluso involuntario por error o ignorancia en cuyo caso tendrá un valor referencial (ya que se hace referencia al número de boletas nulas).

 En mi opinión quienes realizan los actos señalados en el párrafo anterior sí están cumpliendo con su obligación ciudadana y nadie debe reclamarles porque cumplieron su deber.

 Algunos de quienes no comparten la opinión de los que promueven anular su voto dicen que hay que votar por el menos malo, lo cual me parece absurdo, es como condenarse a sí mismo a muerte teniendo la posibilidad de escoger la enfermedad que lo llevará a la tumba.

 Para mí el procedimiento para realizar un voto meditado debe consistir en un estudio de los candidatos, no podemos a priori descartar a todos los candidatos, son miles y entre ellos hay gente desde muy buena hasta absolutamente reprobable, pasando por todos los niveles intermedios. Así que ármese de paciencia y estudie la totalidad de candidatos correspondiente a su distrito en materia municipal, federal y local, si de todos los estudiados alguno o algunos le parecen bien, pues vote por él o por ellos, y si del resto ninguno le resulta elegible, pues me parece que la anulación de esos es muy justificable, ya que usted habrá cumplido como ciudadano libre, no tiene que hacer su voto en el mismo sentido por todos, o puede votar unos y anular otros, pero como optativa consciente, no visceral.

  No le sugiero siquiera observar los partidos, porque todos, absolutamente todos, me parecen totalmente impresentables, creo que la mentira y los partidos que son los padres de la mentira, son la desgracia de nuestra patria, no es la pandemia, no es la crisis económica que nos vino de fuera, ni siquiera la violencia no de la guerra contra el narcotráfico como se pretende hacernos creer, que en realidad es la guerra entre narcotraficantes. Ninguna de ellas es peor que la partidocracia que con sus mentiras y ambición están destrozando a nuestro país. Ellos son el verdadero mal, ellos son el enemigo a combatir.

 No olvidemos que estos diputados, con nuestro voto o sin él van a discutir la nueva ley electoral, ya que la actual ley e instituciones electorales son tan, pero tan malas que no sobrevivirán.

 Pero si a usted le parece que todo nuestro sistema electoral, gobierno, leyes e instituciones incluidas, son una farsa y usted no quiere hacerles el caldo gordo ni siquiera con el voto anulado, pues nadie debe impedirle abstenerse de ir a votar.

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