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El “Rottweiler” de Dios

Si “la fe no es una adhesión a un club”, como escribe en su libro Verdad, valores, poder, entonces Joseph Ratzinger tampoco quiso ser su director y terminó por renunciar al papado en un hecho sin precedentes en la historia contemporánea.

Polémico, en el mismo libro señala que “la democracia camina sobre dos rieles: Inocencia y cinismo”, pero afortunadamente muchos defensores de esta forma de gobierno no alcanzaron a leerlo para rebatirlo.

La renuncia en sí de Benedicto XVI, sin que se conocieran los motivos, valió por sí misma: Como noticia, como conmoción entre los católicos, como impacto de proporciones extraordinarias en países donde se profesa la religión católica, como el nuestro.

El anuncio lo hizo personalmente durante el consistorio para la canonización de los mártires de Otranto. Dijo que su renuncia al pontificado era “para el bien de la Iglesia”.

Y entonces la conmoción hizo que más de uno buscara signos en otras partes, en los meteoritos, en los rayos que cayeron en la basílica de San Pedro y que lograron captar las cámaras fotográficas.

Fue el mismo día que los reporteros de México esperaban noticias sobre la canonización de la Madre Lupita, de Jalisco, pero escuchada la renuncia todo pasó a su segundo término porque periodísticamente hablando iban por un lonche y se encontraron con un banquete.

Para algunos católicos, en cambio, especular sobre la renuncia de Benedicto XVI puede convertirse en un thriller de ciencia ficción.

Por ejemplo, escribe Alberto Gómez en la Edición 193 de Conciencia Pública: que “al asumir su papel como Sumo Pontífice, la principal preocupación del cardenal polaco Wojtyla fue la lucha contra el comunismo y en especial el florecimiento de una iglesia popular América Latina.

“Para ello, Ratzinger se convierte en el arquitecto de una magna ofensiva eclesial y pastoral, la cual él mismo la titula como ‘Restauración’. El objetivo es el fortalecimiento de un aparato directivo central y la eliminación de cualquier forma de disidencia dentro de la Iglesia.

“Pronto Ratzinger se manifiesta como el gran inquisidor auténtico, lo que le valdrá el nombre del ‘Rottweiler’ de Dios.

“Lo primero que ocurre es la construcción de bancos de datos de conferencias episcopales latinoamericanas, teólogos de la liberación, religiosos progresistas, proyectos pastorales sospechosos, etcétera.

“En casi todas las provincias eclesiales se nombran a obispos y cardenales ultraconservadores y marcadamente derechistas. También a niveles menores se aplican depuraciones. La formación de los sacerdotes es influenciada, presionando, reorientando o cerrando a los seminarios e institutos teológicos. Se procura poner bajo control a los religiosos, que frecuentemente son protagonistas de la iglesia popular. Se sigue con especial atención a los teólogos. Desde entonces se les limita, haciéndoles jurar el nuevo juramento de lealtad”, dice Alberto Gómez.

En 1984 Ratzinger escribe la “Instrucción de la Santa Congregación para la Doctrina sobre unos aspectos de la teología de la liberación”, bandera del ataque frontal contra teólogos de la liberación, sobre todo de América Latina.

Por eso, en lugar de un crear un thriller de ciencia ficción con los motivos de su posible renuncia, muchos católicos mejor se atienen a lo que dice el evangelio: “No hay nada oculto que no llegue a saberse. Lo que se dice en lo secreto se promulgará desde los tejados”.

Nacido en Baviera, Alemania, en 1927, Joseph Ratzinger se puso a la cabeza de la Iglesia Católica Romana en 2005, como el papa 265 y el mayor de edad en el momento de su elección desde 1730, en que fue elegido el Pontífice Clemente XII.

Tomó como nombre Benedicto XVI y dejará el pontificado el próximo 28 de febrero, también un acto sin precedentes.

El último sumo pontífice en dimitir a su cargo, fue Celestino V, en 1294. Su pontificado duró tan sólo cinco meses, tras los cuales renunció voluntariamente a su trono para retornar a su vida de ermitaño. 10 días después de la abdicación de Celestino se reunió el Cónclave que, en un sólo día de deliberaciones eligió al cardenal Benedicto Caetani, quien tomó el nombre de Bonifacio VIII, narra el mismo Alberto Gómez.

Benedicto XVI, Joseph Aloisius Ratzinger, comenzó a ser conocido en su competencia intelectual al participar en el Concilio Vaticano II como asesor teológico del cardenal Josef Frings.

Posteriormente fue nombrado arzobispo de Múnich y luego cardenal por el papa Pablo VI en 1977. En 1981 fue llamado a Roma para ser prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe por el Papa Juan Pablo II, quien años más tarde lo nombró decano del Colegio Cardenalicio y, como tal, cardenal-obispo de Ostia en 2002.

Como cardenal decano, presidió los funerales de su predecesor, el Papa Juan Pablo II. A los pocos días, el 19 de abril de 2005, el mismo Ratzinger era elegido papa.

Ratzinger habla 10 idiomas, de los que domina por lo menos seis: Alemán, italiano, francés, latín, inglés y español. Además, lee el griego antiguo y el hebreo. Es miembro de varias academias científicas de Europa y ha recibido ocho doctorados Honoris Causa de diferentes universidades (entre otras, de la Universidad de Navarra en 1998 y de la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1986); además es ciudadano honorífico de las comunidades de Pentling (1987), Marktl (1997), Traunstein (2006) y Ratisbona (2006).

A los 16 años, fue llamado a filas, como tantos jóvenes de las Juventudes hitlerianas que al final de la guerra fueron militarizados y se lo destinó a la protección de la fábrica de BMW en Traunstein, en las afueras de Múnich, ciudad que fue bombardeada masivamente.

Prestó servicio entre abril de 1943 y septiembre de 1944. En este tiempo asistió al instituto de segunda enseñanza “Maximiliansgymnasium”. A las preguntas de un superior, contestó que quería ser sacerdote. Estuvo luego, tras la instrucción básica, destinado en Austria, concretamente en la protección antitanque.

En 1968 escribió en su libro “Introducción al Cristianismo” que el Papa tenía el deber de oír diferentes voces dentro de la Iglesia antes de tomar una decisión.

Para Ratzinger, el cristiano occidental vive hoy en una era neopagana, marcada por la idolatría del dinero, el prestigio, el placer y el poder. Por ello la persona está cada vez más aislada y desorientada y la sociedad desprovista de valores humanos consistentes.

Ratzinger siempre ha sido un intelectual radical en la Iglesia Católica, labor que le ha ganado muchas enemistades, dentro y fuera de la institución religiosa, si bien le valió la confianza de Juan Pablo II y lo llevó a desempeñar con rigor el cargo de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Sin embargo, del Papa Benedicto XVI –Joseph Ratzinger– hay una cara y personalidad de la que poco se sabe…

Y en otro hecho inédito, el Cónclave al que se convoque luego de su renuncia tendrá su participación directa, pues le ha tocado nombrar a más de 60 de los cardenales que elegirán a su sucesor.

Otros, que no esperan la iluminación del espíritu santo, tendrán que desempolvar el manual de procedimientos para elegir a un Papa.

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