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El Referéndum del Reino Unido

Por Juan Alberto SALINAS

Por si la Unión Europea no enfrentara suficientes retos en este año, en los próximos meses Reino Unido llevará a cabo un referéndum para decidir si permanece dentro del régimen o si buscaría solicitar su salida. Son arenas movedizas y ninguna de las posiciones se encuentran firmes. Sin embargo, la realidad es que abona a la incertidumbre que hoy impera en la comunidad.

En estas mismas páginas discutimos hace algunas semanas sobre cómo la falta de cohesión como un riesgo para la Unión Europea. Son muchos los frentes que se encuentran abiertos: Ucrania, Refugiados, las deudas soberanas, Siria y, hoy, la salida de Reino Unido o Brexit.

El referéndum se llevará a cabo el próximo 23 de junio de 2016. A nivel doméstico, el Primer Ministro Cameron encabeza el movimiento para permanecer dentro de la Unión Europea, pero dentro de sus filas hay disidentes. En la posición podemos observar perfiles como el alcalde de Londres que busca subirse al barco que le permita habitar 10 Downing Street en los próximos años.

Para poner el debate en contexto, Reino Unido ingresó al entonces Comunidad Económica Europea en 1973, después de un intento fallido diez años antes. Hoy la Unión Europea es la economía más grande del mundo y es un bloque con casi 500 millones de personas.

Antes que analizar los argumentos sobre probable la salida, es importante discutir sobre la “cláusula de retiro” y si es posible realizar esta acción. Para empezar, es raro que un régimen jurídico a nivel internacional cuente con este tipo de cláusulas, ya que la membresía suele ser un objetivo en toda negociación. Sin embargo, el Tratado de Lisboa considera en su artículo 50 el procedimiento de retiro,

requiriendo lo siguiente: (1) todo Estado puede retirarse de conformidad con sus normas constitucionales–un tema curioso con Reino Unido–; (2) deberá solicitar al Consejo Europeo su retiro; y (3) el Consejo Europeo tendrá que negociar los términos del retiro y celebrar el acuerdo en nombre de la Unión por mayoría calificada y previa aprobación del Parlamento Europeo. Una vez que entre en vigor el acuerdo de retiro, los instrumentos celebrados con anterioridad perderían su vigencia y sería necesario negociar nuevos mecanismos de cooperación con Reino Unido y la Unión Europea. A pesar que de forma conceptual existe el mecanismo, no existen precedentes sobre cómo opera y en qué términos se acuerdan los retiros, particularmente la relación posterior al rompimiento.

Como en todo debate, el Brexit tiene argumentos a favor y en contra. De los argumentos preponderantes a favor de la salida se encuentran los siguientes. Primero, se recuperaría su soberanía. Para este segmento, las decisiones y políticas adoptadas en Bruselas son una violación a su soberanía, toda vez que se imponen obligaciones y acuerdos colectivos por encima de la voluntad unilateral de los británicos. Segundo, fortalecería la democracia. Para muchos, mantienen funcionarios en Bruselas que no son sujetos a los estándares esperados de rendición de cuentas. Tercero, el presupuesto de Reino Unido, El costo de la membresía es de 10 mil millones de libras que representa un .5% de su PIB. Cuarto, la influencia que podrían ejercer. Este argumento es polémico, pero algunos de ellos afirman que fuera del régimen político, su influencia se incrementaría.

Para los actores que están en contra, los argumentos son mucho más sencillos. Primero, acceso a un amplio mercado. Prácticamente la mitad de las exportaciones británicas son con la Unión Europea, mientras que el 6% de las exportaciones de la Unión Europea son a Reino Unido. Es decir, la interdependencia dice que sufrirían ambos, pero un poco más los británicos al perder acceso a los mercados internos de 27 naciones. Segundo, el tránsito de personas. Actualmente 2 millones de británicos viven fuera de la Unión Europea con un estatus propio de la unión, mismo que perderían con su retiro. Tercero, abrir el debate interno con Escocia. Los mismos argumentos para la salida de la Unión Europea podría ser aplicables a Escocia, creando fragmentaciones internas.

En términos reales, las negociaciones entre Reino Unido y la Unión Europea versan en dos puntos. Por un lado, contener la crisis migratoria para que no afecte a los británicos y, por otro, mantener la Libra como su moneda. Parece que las negociaciones caminan en ambos aspectos; sin embargo, el proceso en sí mismo es muestra de la declive británica en sus medios de poder.

Hasta el momento, con base en los argumentos, el 45% de la población prefiere quedarse en la Unión Europea, mientras que el 38% prefiere salir. Sin embargo, conforme se expliquen los riesgos será razonable pensar que se mantendrán los resultados en cifras similares.

Ahora, más allá de los argumentos internos, les comparto algunas consideraciones. Primero, el debate sobre soberanía. El debate no debe estar centrado sobre si Reino Unido pierde soberanía, sino qué implica ser soberano. La lógica del debate interno de los británicos es de un concepto de soberanía que se encontraba vigente en el Siglo XVI, cuando todavía existía una autoridad superior por encima de las naciones. En cambio, en la actualidad la soberanía implica estatus, implica membresía, reputación, implica ser-con-otro. Si bien, fuera de la Unión Europea podría crear alianzas, su voz e influencia se potencializa como parte de la Unión.

Segundo, disminución de su valor como aliado estratégico. El peso de un Estado es directamente proporcional a su capacidad de influir en la toma de decisiones de otros. En este tenor, Reino Unido se deprecia para aquellos Estados que se alían con Reino Unido para buscar resultados favorables de la Unión Europea. Entre los que voltearían a otro lado se encuentran notablemente Estados Unidos y China.

Tercero, se abre la caja de pandora sobre las salidas de los regímenes jurídicos. No es nada más la consideración doméstica de Escocia la que está en juego, sino los efectos en Cataluña, Grecia, entre otros. La puerta de unos es al menos la ventana de otros.

Cuarto, la incertidumbre. Si hay una palabra que ha contaminado el 2016 es la incertidumbre en cualquier rubro, sea económica, política o sobre seguridad. Con este proceso, no se sabe qué pasaría durante la negociación y en la implementación de los acuerdos. Algunas consecuencias previsibles: los mercados globales sufrirían, perder control en Ucrania–aún más–, perder cohesión con los refugiados y perder influencia en Siria.

Sin embargo, cualquier debate de soberanía versa sobre el derecho a ser dueño de tu propio hogar–por eso es una idea que perdura. Usted, ¿qué opina?

@SalinasJA

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