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El Peso Político de Nueva York

Por: Juan Alberto SALINAS

Después de los resultados en la primaria de Nueva York, se puede ver la luz al final del túnel. A pesar que aún se llevarán a cabo contiendas de frente a las convenciones de ambos partidos en julio, Nueva York es un punto de quiebre en la consolidación de los candidatos.

Dentro del proceso interno, Nueva York es una de las entidades con mayor peso político para el proceso electoral que, además de asignar una cantidad considerable de delegados, crea un punto de quiebre para ambos partidos. Los resultados del pasado martes fueron los esperados, pero vale la pena observar cómo llegaron los partidos, qué resultados tuvieron y qué podemos esperar en los próximos días y semanas.

En la víspera de la primaria de Nueva York, se tenían los resultados de 37 primarias y asambleas para los demócratas y 38 para los republicanos. Cada partido tiene reglas que establecen la cantidad necesaria de delegados para asegurar la nominación. Por un lado, los demócratas requieren la cantidad de 2,383 delegados y, por otro, los republicanos requieren de 1,237 delegados. Las entidades tienen valores distintos para los partidos y les asignan cantidades diversas de delegados que, dependiendo de las reglas de la entidad, tendrían la obligación de votar o no por un candidato en la primera y segunda ronda. Es importante observar que es un método indirecto de elección; es decir, se eligen delegados que son seleccionados en cada primaria o asamblea para que participen en las convenciones y ellos son los encargados de asegurar la nominación para un candidato.

La primaria de Nueva York sería un punto de quiebre por la forma que llega cada uno de los partidos. Por el lado demócrata, Sanders contaba con 1,132 delegados y superdelegados, mientras que Clinton contaba con 1,809 delegados y superdelegados. (Los superdelegados son los líderes de los partidos a los que se les asegura un espacio que no entra en oposición con los operadores políticos en las comunidades, mientras que los delegados son electos directamente por cada primaria o asamblea.) El senador por Vermont llegó con un pequeño momentum después de haber ganado siete de las últimas ocho contiendas. Esta lógica de quién es el poseedor de la «inercia ganadora» se marca más por el calendario electoral de ciertas entidades que por una alteración del tablero electoral. Es decir, Hillary Clinton arrasó en el sur en el segundo “súper martes” por ser entidades con una mayor diversidad demográfica y Sanders obtuvo siete victorias en los días previos por ser entidades de centro y norte en las que prácticamente siete de cada diez electores son blancos. Es decir, el momentum lo debe marcar el tablero completo al colocar una tendencia prácticamente irreversible, más que una cantidad reducida de entidades.

Para los republicanos, el tablero llegó fragmentado en tres después de haber iniciado la contienda con 17 precandidatos. La coyuntura del GOP es considerablemente distinta a la de los demócratas por dos motivos: los liderazgos se aglutinan en torno a una fórmula «anti-Trump» y se llevaron las últimas elecciones a favor de Ted Cruz. Por ello, Nueva York tenía especial relevancia para la contienda republicana, porque llega una inercia «TUCOT» (Todos Unidos Contra Trump) que ponía a prueba la capacidad del partido para cerrar filas. Nueva York es la segunda entidad con mayor cantidad de electores, después de California. Por ello, la cantidad de delegados en juego es considerable: 247 para los demócratas y 95 para los republicanos. En ambos partidos, la elección estaba definida con el 1% de los resultados contabilizados. Por el lado demócrata, Hillary Clinton ganó su estado adoptivo de forma contundente al llevarse cada segmento demográfico, salvo los jóvenes (18-29 años). Como lo hemos discutido en estas páginas, desde Iowa observamos una tendencia particularmente favorable para el senador de Vermont en blancos, primeros electores, independientes y el segmento de 18 a 29 años. Sin embargo, Hillary mantuvo su base, pero logró contener los segmentos favorables de Sanders. De hecho, aunque los pronósticos señalaban un 99% de probabilidad de la victoria de Hillary, se esperaba una contienda «muy cerrada». Algunos medios de comunicación estimaron que darían a conocer al vencedor hasta las 2 AM. Sin embargo, con el 1% computado, la diferencia era de casi 20 puntos entre Hillary y Sanders. Al final, Clinton obtuvo 139 de los 247 delegados en juego y Sanders 108 por las reglas de asignación proporcional de votos.

Por el lado republicano fue un balde de agua fría. Bajo ningún cálculo esperaban que Trump obtuviera la victoria en estos términos: 89 delegados. El resto es simbólico: 4 para el gobernador Kasich y 0 (cero, nada, zapato) para Cruz. Con esta victoria de Trump, no hay forma que un contrincante llegue a la convención con una mejor matemática y, aunque se antoja muy difícil, si el neoyorquino mantiene victorias por encima del 60%, podría acercarse a la cantidad de delegados necesarios para asegurar la nominación.

En las próximas semanas se avecinan contiendas en cada región de Estados Unidos en las que aún quedan en juego 674 delegados para los republicanos y 1688 para los demócratas. La atención se centrará en las cinco contiendas del próximo martes en las que destaca Nueva Jersey y Pensilvania, como camino hacia California el próximo 7 de junio.

Por el lado demócrata se avecinan semanas cruciales. La nominación es para Hillary Clinton. Para ella, el trabajo debe estar ya centrado en las generales, pensando en que Cruz o Trump puedan ser sus contrincantes. Para Sanders, la contienda aún no termina, pero ya es contienda de personalidad: debe proteger al ganador, como Hillary lo hizo en 2008 cuando la matemática no le era favorable.

Para los Republicanos, son muchas las especulaciones de qué podría pasar. La premisa es la siguiente: Trump no alcanza los 1,237 delegados para asegurar la nominación y se van a una contienda abierta en la convención de Cleveland. ¿Qué sucedería? Que los delegados tienen, en el mejor de los casos, la obligación de votar por el vencedor de su entidad en la primera o segunda boleta, mas no en las subsecuentes. Entonces, si en la segunda ronda no se alcanza el número requerido, se vuelve una dinámica completamente abierta. Esto implica que podría salir electo alguien que no compitió en las primarias, pero obtiene el apoyo. Pensemos, por ejemplo, que Trump llega con 1,100 delegados y no obtiene más de esa cantidad después de la segunda ronda, ni tampoco Cruz lograría el número mágico. Ante esto, muchos especulan que podrían seleccionar perfiles como Paul Ryan para ser el candidato. La gran pregunta, ¿con qué legitimidad encabezaría el proyecto? ¿Cómo le negarías a Trump o Cruz su trabajo?

A pesar que se acercan al final del túnel después de la primaria de Nueva York, aún hay pronósticos reservados en ambas partes del espectro político. El temperamento de Sanders y la capacidad de hacer política con los republicanos.

jasalinasm@gmail.com

@salinasja

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