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El Nacionalismo Ante el Mundo Global

Por Alfredo DON OLIVERA

México es el país más rico del mundo porque ha padecido casi 500 años
de saqueos por los conquistadores, y actualmente por los políticos
banqueros y capitales extranjeros, y ni así se lo acaban
Margaret Tatcher

La semana anterior comenté con ustedes sobre las connotaciones, es decir sobre los diferentes significados que puede presentar una misma palabra. Pero ahora quisiera comentar sobre el nacionalismo, un vocablo que sí presenta un significado muy específico y de especial trascendencia para nuestro país.

Define la Real Academia de la Lengua Española al nacionalismo, como una ideología que atribuye la pertenencia de un territorio a sus ciudadanos quienes aspiran a desarrollar su propia soberanía. El nacionalismo, implica el apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece, y en consecuencia constituye un sentimiento de unidad entre sus habitantes, para alcanzar conjuntamente sus aspiraciones.

Ahora, para que un país se forme, se requiere de una etnia, es decir, de un conjunto de personas que presentan similaridad de raza, costumbres, pensamiento, idioma. Y cuando esa etnia, o parte de la misma desarrolla el sentimiento de unidad entonces se constituyen las bases fundamentales para hacer surgir a una nación, a un país.

Así, hace 500 años, como consecuencia de la conquista del continente americano se gestaron algunas etnias, entre ellas la mayor fuimos nosotros, un mestizaje que actualmente definimos como los latinoamericanos.

En terreno de lo estricto, en 1826, en el Congreso Panamericano, debimos haber aceptado la propuesta de Simón Bolívar de haber creado la gran Federación de Repúblicas latinoamericanas (que por cierto excluía a Brasil), pero los norteamericanos lograron hacer fracasar aquel congreso y nos fragmentamos en las repúblicas que actualmente integramos a nuestro continente.

En este lamentable proceso de fragmentación, ni siquiera nosotros, la antigua Nueva España pudimos consolidar la totalidad del territorio, pues principalmente por el “maldecido” centralismo -que aun hasta estas fechas continuamos padeciendo, muy a pesar del carácter federal de nuestra constitución- primero se nos separó buena parte de centroamérica, enseguida Texas, para finalmente rematar con el lastimero despojo de los territorios del norte, de los cuales tan indebidamente se apropió el gobierno norteamericano.

Pero las cosas no pararon ahí. Después de todo ello, tanto Chiapas, como Yucatán y el mismo Jalisco mantuvieron ambiciones separatistas, fue el gobierno de Porfirio Díaz quien logró poner un alto a estos procesos de desintegración. Lo preocupante es que aun hasta la fecha, hay vestigios de desintegración; el levantamiento indígena del ejército Zapatista en 1994, es una clara muestra de este riesgo; y lo llamo riesgo porque cualquier desintegración adicional, sólo afectara más nuestras posibilidades de alcanzar un destino propio. Nunca he acabado de celebrar la prudencia en este sentido, con la que se comportó aquel levantamiento indígena.

Y es que los riesgos de la desintegración son muchos y aun más en estos tiempos de globalización cuando la idea de substituir los nacionalismos mediante una ciudadanía mundial, parece el instrumento más importante de los poderosos, quienes en realidad a lo que han venido aspirando, es apoderarse de los mercados mundiales mediante el quebrantamiento de las antiguas fronteras arancelarias que tanto protegieron a las producciones locales.

La visión de la globalización comenzó a cristalizarse durante los 80s cuando Inglaterra sugirió a EUA una política más agresiva para acelerar el debilitamiento de la URSS y del Comunismo. Pero se vino a concretar hasta los 90s con la formulación del Tratado de Libre comercio de la Unión Europea, seguido a continuación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y finalmente de una andanada de tratados de libre comercio para generar un nuevo medio, un nuevo orden mundial, donde paradójicamente la verdadera ganona del mercado por sus singulares características políticas y económicas, ha sido China, mientras que las naciones poderosas y sus grandes monopolios internacionales se han quedado lejos de los resultados apetecidos.

Lo cierto es que a 25 años del Tratado de Libre Comercio de Europa, el panorama nos muestra que Inglaterra, jamás le entró, y que, ni a Alemania, ni a Estados Unidos les gusta ya la idea: Las inconformidades crecientes de Alemania y el proyecto de Estados Unidos de un muro fronterizo con México son claros ejemplos de este desencanto. En cambio apoderarse de nuevos mercados no dejará de ser un objetivo prioritario de estas naciones, pero compartir la economía con los capturados, es algo que ya no está en la palestra.

Actualmente esas poderosas economías insisten en seducir con las teóricas bondades del mundo global y el neoliberalismo a nuestras naciones, pero lo que en realidad desean, es convertirnos en paraísos fiscales y laborales para disminuir sus costos y así poder competir contra el gigante chino.

La OCDE y el FMI, organismos internacionales al servicio de los poderosos, no cejan en sus esfuerzos para seducir nuestras economías. El embate es fuerte y no se detendrán ante nada. Para afrontar este trance, es menester vigorizar nuestra unidad nacional. El problema es que no luce tan sólida como se quisiera.

Porque mire usted, en nuestra unidad nacional en realidad y peligrosamente subyacen cuatro méxicos:

Uno es el dominante centro, el DF y sus satélites, ciego acaparador de riquezas, déspota y prepotente abanderado del tan pernicioso centralismo.

Otro es el México del sur, fuente de una gran parte de nuestras riquezas naturales, pero paralelamente abandonado a su miseria por el especulador centro. No es de a gratis que de esta región haya emergido la rebelión del ejército Zapatista, ni que uno de los líderes sociales más importantes, Andrés Manuel López Obrador, también resulte oriundo de esta zona.

Otro México somos nosotros, Guadalajara, el occidente, históricamente tan alebrestados contra el centro. Porque no debemos olvidar que nacimos de las rencillas entre Hernán Cortez y Nuño Beltrán, rencillas que hasta la fecha parecen no acabar de cerrar y que han fragmentado a ambas regiones del país

Y finalmente el benjamín de los méxicos; Monterrey impulsado industrialmente por los capitales norteamericanos, y tan fortalecido, que le disputa a Guadalajara la supremacía ante el centro. -Aunque esta disputa, con la llegada del Bronco a la gubernatura de Nuevo León parece haber dado un giro y por lo que se puede observar, ahora Nuevo León intenta consolidar una alianza con Jalisco para consolidar las expectativas de su ya próximo nuevo gobierno.

No es la desunión lo que nos conviene, las ambiciones de quienes anhelan a apoderarse de nuestros recursos no tienen límite y lacerar esta frágil estructura con finalidades de desintegrarnos, no es un objetivo nada descocado. No debemos olvidarnos que México es un país muy rico en recursos naturales que históricamente ha sido ambicionado por naciones voraces.

Al respecto, cito el comentario de Margaret Thatcher cuando señaló que “México es el país más rico del mundo porque ha padecido casi 500 años de saqueos por los conquistadores, y actualmente por los políticos, banqueros y capitales extranjeros, y ni así se lo acaban”

No podemos continuar ingenuos ante los peligros; pero el fortalecimiento que requerimos se basa en la práctica de un verdadero federalismo, que sustente una democracia basada en la redistribución de la riqueza, que impulse la protección de nuestros recursos naturales para la explotación sustentable. Es necesario salvaguardar de los monopolios lo que es propio, nuestras pequeñas y medianas empresas, vigorizarlas, fortalecerlas

Creo que hoy como nunca, es tiempo de reflexionar para rescatar lo que en realidad es nuestro, de vivificar nuestro nacionalismo. Los riesgos de la globalización, son muchos y muy poco claros.

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