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El Legado de Obama

Por Juan Alberto SALINAS

No es extraño que un político busque defender los resultados de su administración y Obama no es la excepción. Con la contienda general por la presidencia de los Estados Unidos a todo vapor, podemos esperar una mayor participación para que su partido mantenga la Casa Blanca.

En esta lógica hay algunas suposiciones obvias que utilizamos: (1) que un presidente quiere mantener su legado y, (2) que un presidente en la mayoría de las circunstancias ve la protección de su mandato en alguien de su propio partido o grupo. La primerasuposición me recuerda a un diálogo en la segunda temporada de House of Cards entre el presidente Walker y el Vicepresidente Underwood sobre la historia en el cual Underwood le dice a Walker que «los presidentes que se obsesionan con la historia, se olvidan de forjarla». Sin embargo, todo presidente se preocupa por su espacio en la historia —cada decisión es un carácter que puede encontrarse en una nota al pie o en el título del texto. La segunda suposición toma en cuenta que, para mantener su legado, su partido o grupo daría continuidad substancial a sus decisiones en oposición a otras alternativas políticas.

En este tenor, el presidente Obama ha comenzado a involucrarse en consolidar los avances de su gobierno. Durante la temporada de primarias le hemos escuchado muy poco sobre los candidatos. Por un lado, Hillary Clinton, quien es matemáticamente la candidata demócrata, fue parte de su gabinete durante el primer periodo de su gobierno después de haber competido contra Obama por la presidencia en el 2008. De hecho, gracias a la generosidad que mostró en ese periodo electoral, tuvo un espacio privilegiado durante los primeros cuatro años del presidente. En la reelección del 2012, Bill Clinton fue denominado el cuasi-vocero de sus políticas públicas. Por el otro lado, Bernie Sanders no ha sido un aliado de Obama y, a pesar que tiene más de dos décadas de participación en política, no había sido referente en temas nacionales. A pesar de la obvia cercanía con uno de los candidatos, no se observó una operación abierta en la balanza de la primaria demócrata.

 

Ahora que la temporada de primarias parece haber terminado —aunque Sanders se obstina en seguir consumiendo oxígeno de la contienda— Obama ha comenzado a hablar sobre los riesgos que representa el presunto candidato republicano, Donald Trump. Para Obama, está en riesgo su legado y de la posición de Estados Unidos en el escenario internacional. En este tenor, quiero abordar tres espacios en los que ha comenzado a participar la versión electoral de Obama en el proceso que concluirá el próximo mes de noviembre.

Primero, la cena de corresponsales de la Casa Blanca (White House Correspondents’ Dinner). Este evento es uno de los más interesantes de la democracia estadounidense. Para los que nunca lo han visto, a la cena acuden miembros de la prensa nacional, artistas, políticos de todos los partidos y, obviamente, los corresponsales de la Casa Blanca. A lo largo de la cena, se tienen dos discursos: el primero a cargo del Presidente en turno y el otro a cargo de un comediante que seleccione la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA, por sus siglas en inglés).

El sello de los dos discursos es utilizar el humor para purgar los pecados propios y señalar los ajenos. En este evento, el presidente Obama hizo señalamientos a todo el espectro político sobre el proceso electoral.

Por un lado, con los demócratas fue obviamente laxo. A Bernie Sanders lo referenció como la nueva estrella del Partido Demócrata, una que se veía como «un millón de dólares o, poniéndolo en términos que él entienda, 37 mil donaciones de 27 dólares cada una».

A Hillary Clinton le criticó su incapacidad para conectar con los jóvenes, diciéndole que era como una tía aprendiendo a usar Facebook. Por otro lado, con los republicanos fue demoledor: desde la incapacidad para unir esfuerzos hasta el resultado con Trump. En la Cena del 2011, Obama y Seth Meyers fueron demoledores contraTrump después de que su incursión en la política nacional alcontratar a un grupo de investigadores que corroboraran el certificado de nacimiento de Obama y probar que no nació en Estados Unidos.

Sin embargo, en esta ocasión, Obama le aplaudió a Trump su amplia experiencia en la política exterior de Estados Unidos al tener relación con la Miss Suecia, Miss Argentina y Miss Azerbaiyán.Además del usar el humor contra los dos partidos, tuvo un mensaje severo a los medios de comunicación y los invitó para que exijan una verdadera rendición de cuentas a cada uno de los candidatos. Este comentario está dirigido a toda la prensa gratuita que ha tenido Trump. Sin embargo, en su defensa, su cobertura ha sido negativa y, a diferencia de un político convencional, no ha surtido efecto. Quizá él sea la prueba máxima que no existe la mala publicidad.

Segundo, los discursos conmemorativos en las graduaciones universitarias. En este año, Obama dio dos mensajes de este tipo: el primero en Howard University y el segundo en RutgersUniversity. En ambas universidades, su discurso nos hizo recordar al Obama candidato que hacía referencia al idealismo en política. En Rutgers señaló lo siguiente: «[e]n la política y en la vida, la ignorancia no es una virtud. No es cool no saber de lo que se está hablando. No es enfrentar la realidad o decir las cosas como son. No es retar la corrección política. Es simplemente no saber de lo que estás hablando». ¿A quién se refiere? Probablemente de Donald Trump.–candidato que se percibe como alguien que dice la verdad y las cosas como son. El discurso estuvo enfocado en desplomar cada uno de los argumentos que dan posicionamiento a Donald Trump.

Tercero, el temor del G7 sobre el proceso electoral. En una de las ruedas de prensa Obama manifestó que los líderes observan con cautela el proceso electoral al no saber si tomar en serio las propuestas de Trump. No es novedad la preocupación de los aliados estadounidenses con el probable cambio de la política exterior estadounidense si llega a ganar el magnate neoyorquino.

De estos tres momentos podemos observar un enorme problema quetienen los demócratas: ni Hillary Clinton, ni Bernie Sanders tienen la habilidad del presidente para hacerle frente a los republicanos. Sin embargo, Obama tiene el incentivo de participar en el proceso electoral para proteger su legado de una probable administración encabezada por Donald Trump.

jasalinasm@gmail.com

@salinasja

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