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El Futbol de Eduardo Galeano

Por Luis RICO CHAVEZ

Qué decepción el mundial. En los últimos años he extrañado el futbol alegre, dinámico, desparpajado, que buscaba cumplir el objetivo de este deporte centenario: la entrega del futbolista, el disfrute del aficionado y el gol. Si alguien levanta la mano y dice que importa más el resultado, la victoria, pues déjenme decirles que a mí me aburre un gol en los primeros minutos para dedicar el resto del partido (60, 80 minutos) a defenderse con once fulanos atrincherados en la portería.

Yo comparto la filosofía de unos niños evocados por Eduardo Galeano en el epígrafe de su emotivo, humano y maravilloso libro El futbol a sol y sombra: “Ganamos, perdimos, igual nos divertimos”, que cantaban luego de jugar la cascarita en el barrio.

Yo soy muy malo para el futbol, pero siempre disfruté los partidos que jugué a pesar de los berrinches y las recriminaciones de mis hermanos, que parecía que se les fueran de la mano millones de pesos por mis metidas de pata.

Y me parece que aquí está uno de los peores defectos de este deporte de inevitable popularidad, pese a los denuestos y censuras de aburridos intelectuales: las exorbitantes cantidades que se manejan por la transferencia de futbolistas, sueldos, comisiones, publicidad, venta de productos, concesiones… amén de las sumas —igualmente elevadísimas— de dinero clandestino e ilegal del que los legos apenas si recibimos remotas referencias y que sólo podemos ver en la imaginación.

Qué decir de las crónicas y las miles de páginas que tratan de recuperar para los millones de fanáticos ese mundo lejano, etéreo, casi un Olimpo al que sólo unos pocos elegidos tienen el derecho de acceder. Que me perdonen mis amigos periodistas de la fuente, pero en mis años en el medio (la mitad de mi vida) lo peor que me he encontrado, junto con la sección de sociales y la policiaca, ha sido la deportiva, que dedica el noventa y cinco por ciento de sus desvelos a hablar de futbol. Con sus excepciones, desde luego, de las cuales en este momento sólo quiero mencionar una: la etapa en que Héctor Morquecho, en El Sol de Guadalajara, fue asignado a esta sección.

Y hablo del dinero y de la superficialidad y el morbo con que la prensa habla del futbol y de los futbolistas porque Galeano le da la espalda a estas banalidades y se mete a fondo con diversos aspectos del mundo de las patadas.

 El portero, los defensas, los medios, el centrodelantero… El árbitro, el hincha… La historia y los mundiales… Todo, y mucho más, bien acomodado, como en el jarrito. Leyendo las viñetas que componen el libro incluso el más acérrimo enemigo del futbol terminará encontrándole su sabor.

El futbol a sol y sombra es Galeano. Un estilo conciso, directo, evocativo, poético. Una envidiable capacidad para tomar el tema aparentemente más intrascendente y volverlo sustancia insustituible de la vida, experiencia vital que todos quisiéramos gozar. Es el Galeano que encontré desde aquel título memorable: Las venas abiertas de América Latina. Datos irrefutables de nuestra miseria, de nuestro egoísmo y mezquindad, de nuestra mediocridad y de los bárbaros abusos que nos tienen hundidos en condiciones infrahumanas. Datos que van más allá de la mera referencia: datos revestidos con la piel del sufrimiento de los hombres, las mujeres, los niños, los ancianos que padecen esta realidad asfixiante. Datos con un rostro humano, más que una simple referencia numérica, pragmática, fría.

Esas son las caras que Galeano presenta del futbol: junto con la realidad que ahoga este continente empobrecido, la vitalidad y la alegría que le permite a su gente seguir adelante cada día. No sólo el envilecimiento del dinero, no sólo la realidad superflua, maniquea de sus protagonistas, sino el placer y las glorias del deporte, el esfuerzo generoso de quienes se entregan de corazón, de quienes siguen desinteresadamente y con fervor los avatares de su club y de sus ídolos.

Tanto, que a mí incluso me hizo simpatizar con Maradona. Antes de leer la versión de Galeano (me da pena decirlo, pero adelante), tenía catalogado al Pelusa como un adicto arrogante, de acuerdo con la perspectiva filtrada (por los manipuladores del futbol, claro) a los medios. El futbol a sol y sombra me mostró la discriminación que debió padecer en el viejo continente, las pugnas con los dueños del dinero, que por ese simple detalle (ser los dueños) se arrogan prerrogativas de dioses. Y quien no se somete sufre las consecuencias.

Qué decepción el mundial. Por suerte, el futbol es mucho más que eso, aunque nos quieran vender la idea de que nada lo supera entre todas las maravillas del orbe. ¿Qué mayor placer que sudar la camiseta el sábado con los amigos, en el campo terregoso del barrio, para rehidratarnos al final evocando las mejores jugadas con un par de cervezas? Esta inversión de valores me la recordó Galeano, por eso agradezco que el uruguayo comparta mi afición por el futbol.

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