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El Diluvio y los Panamericanos, Balance

Por Octavio GASPAR

La historia relata que Nuño de Guzmán fue quien conquistó por el año de 1530 el Reino de Tonalá.

Cuando este invasor fue a recorrer todos los lugares que conformaban dicho reino, se encontró una pequeña aldea, misma que él mismo conquistó posteriormente en 1541 después de la llamada “guerra de Mixtón” (o “guerra de la Barranca de Oblatos”, traducido a términos más contemporáneos), batalla que fue librada por Nuño de Guzmán en contra de los habitantes de este lugar, conocidos como “los chimalhuacanos”. 

Esa aldea, llamada Tzapopantl o Zapopan (lugar de zapotes), fue fundada como parte del reino de la nueva España el 8 de diciembre de 1541 por el encomendero Francisco Bobadilla, quien para terminar de poblarla trajo esclavos nativos de Jalostotlitlán. 

Con motivo de su fundación, el fraile Juan Antonio de Segovia donó ese día a los habitantes “del lugar de los zapotes” la imagen de la Señora de la Concepción que lo había acompañado en su recorrido por los pueblos de Jalisco durante 10 años. 

Segovia llamaba a esta pequeña imagen “la pacificadora” pues según su decir, cuando el Virrey Antonio de Mendoza sitió el cerro del Mixtón y se dio como consecuencia una feroz batalla, seis mil nativos de esa región se atrincheraron en la cima del cerro ofreciendo una tenaz resistencia. 

Esto obligó a Segovia a subir a la cima, desarmado y acompañado únicamente de la virgen para negociar con los naturales del lugar, quienes al ver la efigie, y después de día y medio de negociaciones, accedieron a bajar todos ellos del cerro pacíficamente y entonces el virrey, generosamente, les perdonó la vida. 

Tzapopantl fue elevada a categoría de villa el 20 de agosto de 1824, se transformó luego en cabecera de población el 13 de marzo de 1837 y fue proclamada ciudad el 21 de agosto de 1991.

Salvo algunas esporádicas ausencias, durante todo ese tiempo la imagen ha sido parte del lugar. En un principio ganó fama como sanadora y ahuyentadora de pestes (la villa fue presa de varias epidemias a lo largo de su historia).

Pero sucedió que en 1721, cuando un rayo mató al campanero de la Iglesia de San Juan de Dios y un tal Fray Bernardo subió a suministrarle los santos óleos y también perdió la vida a causa de otro rayo, por una extraña razón, el clero y los aldeanos proclamaron el 5 de noviembre de ese año a la imagen como “Nuestra Señora de Zapopan, Patrona de Guadalajara, Protectora Contra Tempestades, Rayos y Epidemias”. 

Desde entonces se determinó que todos los años se llevara la imagen del 13 de junio al 4 de octubre para que visitara las iglesias de todos los barrios de la ciudad, y se hizo tradicional la peregrinación del 11 y 12 de octubre para regresar la imagen a su santuario a fin de que protegiera a la ciudad de pestes, rayos e inundaciones.

Tal vez la calidad del acto litúrgico ha venido a menos con los años.

Probablemente a La Generala no le agrada ya la actitud cada vez más trivial y pachanguera con que la gente ha asistido últimamente a esta tricentenaria tradición. 

Puede ser que sencillamente la protección del ritual ya prescribió o no sabíamos que se circunscribía únicamente a la zona metropolitana de Guadalajara; el caso es que justamente los días 11 y 12 de octubre  de este año, el huracán “Jova” golpeó con furia a las Costas del Sur de Jalisco. 

Se identificaron 57 municipios dañados en mayor o menor proporción por el huracán. Trece de ellos son los que, según la versión oficial, sufrieron los mayores destrozos.

Autlán, Casimiro Castillo, Villa Purificación, La Huerta, Tomatlán y Cihuatlán están entre los más afectados.

En Cihuatlán, por ejemplo, 800 familias se quedaron sin sustento debido a los daños en grandes extensiones de cultivo de papaya, chile, limón, plátano y maíz.

Se reportaron, además, un total de dos mil reses desaparecidas, de las cuales el 50% pertenecían a la Huerta.

Mil doscientos caminos rurales quedaron seriamente afectados y más de cuatro mil viviendas inundadas, con las consecuentes pérdidas de muebles, accesorios y aparatos eléctricos.

Emilio González Márquez pidió un préstamo de 950 millones de pesos, pese a que el Estado cuenta con varios seguros de siniestros. Según él, “debido al tiempo que tardan en pagar las aseguradoras”. 

En un teatral arrebato (frente a los medios, por supuesto) ordenó a la Secretaría de Finanzas gestionar “cuanto antes” un crédito por 100 millones de pesos más, para atenuar las necesidades más urgentes de la zona, como el abasto de agua potable en Autlán, Cuautitlán y Cihuatlán, que con las tormentas quedaron muy seriamente dañadas en sus redes de distribución de agua. 

Nuestro avezado gobernador sostiene que cuando se trata de emergencias los préstamos deben ser autorizados por la Legislatura, porque “BANOBRAS y las compañías aseguradoras así lo exigen”, pero cualquier funcionario público con un mediano conocimiento de su oficio sabe que la Ley de Deuda Pública dice otra cosa y que ni BANOBRAS ni las aseguradoras están por encima de dicha Ley. 

Los píos diputados de la fracción del PAN comandados por el beato Gustavo Macías, solicitaron una extensión de 350 millones de pesos adicionales a los 950 millones solicitados por el gobernador.Pero cuando la prensa les solicitó información sobre el monto de las aportaciones del FONDEN (Fondo Nacional de Desastres) y de otras dependencias federales creadas para este tipo de emergencias, los señoritos blanquiazules no supieron dar datos precisos.

Los diputados del PRI y del PRD no dieron trámite a la petición del gobernador por dos razones: a) Que Emilio nunca demostró que le faltaran fondos para la emergencia y b) Que nunca dio cuentas sobre el uso que dio al dinero de la partida de Erogaciones Imprevistas, que se supone que estaba disponible para un caso como éste.

Le confieso, querido lector, que mi mente cervecera y mordaz (al decir de Don Roberto Montes Vázquez), no pudo evitar pensar que las generosas aportaciones de Emilio Valemadres al santuario de los mártires, a Televisa y a TV Azteca para que promocionaran nuestra bella ciudad de las rosas, hayan salido de dicha partida. 

Otro arrebato panista (también desacertado, por cierto), fue la presencia de Fernando Guzmán Pérez Peláez al Congreso local, acompañado de los alcaldes de Cihuatlán, Cuautitlán, Autlán, La Huerta, Casimiro Castillo, Villa Purificación y Tomatlán (adivinó usted, mi querido lector: CINCO de ellos son panistas).

 Pues bien, los miembros de este contingente se entrevistaron ÚNICAMENTE con los legisladores panistas.

En esa ocasión el PRI criticó que Fernando Guzmán se presentara al Congreso de esa manera y acompañado con tal comitiva.

“Ni en situaciones de dolor pueden conducirse con imparcialidad y sentido de servicio” –expresaron los de la bancada del tricolor en un comunicado.  

Dijeron además que el Gobierno del Estado miente, pues mientras la Federación reporta 13 municipios de la costa dentro de la zona más dañada, Emilio envía un documento al Poder Legislativo solicitando el crédito “para 52 municipios afectados”. 

Afirmaron que el gobierno estatal estaba politizando el asunto, además, por que a pesar de que cuenta con los recursos para hacer frente a este desastre, prefiere contratar una nueva deuda por 20 años en vez de darle trámite a un crédito emergente directo, pues en ese caso estaría obligado a pagarlo antes de finalizar el 2011. 

Por su parte Raúl Vargas López, coordinador de los diputados del PRD calificó en esa oportunidad de negligente la actitud del gobernador del estado porque no había sido capaz de hacer válidos los seguros que el estado contrató para estas contingencias y por que no había tenido aún acceso a los recursos del FONDEN.

Criticó duramente la desorganización de la autoridad estatal y puso como ejemplo al gobierno del Estado de Colima, que emitió la declaratoria de emergencia para sus municipios afectados TRES DÍAS antes que el gobernador de Jalisco y el día 14 de octubre ya estaba aplicando los recursos del presupuesto federal en la atención de los damnificados de Colima cuando en cambio, la Coordinación General de Protección Civil de Gobernación recibió la solicitud de declaración de desastre natural por parte del gobierno de Jalisco hasta 24 de octubre.

Pero durante ese mismo tiempo, como presidente del COPAG (Comité Organizador de los Panamericanos de Guadalajara) Emilio González estuvo muy ocupado “tirando rostro” frente a los medios y tuvo frecuentes reuniones con Mario Vázquez Raña, el jurásico jefe de la ODEPA, “con el único fin de que todo salga bien y que los problemas que se presenten se soluciones en FORMA INMEDIATA” –según lo explicó a la prensa.

Para ello canalizó los recursos materiales y humanos del Centro Médico Nacional de Occidente del IMSS, distribuyendo médicos, enfermeras, residentes, traumatólogos, cirujanos cardiólogos y cirujanos reconstructores en todos los lugares donde se llevaron a cabo las competencias, y distribuyó 10 mil personas del Sector Salud en todo el estado de Jalisco para prevenir riesgos de enfermedades o contingencias.

Mantuvo a visitadores de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco en una operación permanente de observación por toda la ciudad para que estuvieran listos a levantar un acta circunstanciada y de inmediato remitir a la Comisión Nacional de Derechos Humanos a cualquier autoridad que cometiera un acto que pudiera representar una violación a los derechos humanos. 

Emilio invirtió una muy buena lana para que Vicente Fernández trastocara la letra del himno nacional en la inauguración de los mentados Panamericanos y para que Ricky Martin cantara “la vida loca” en la clausura, a fin de que Vázquez Raña, que varias veces había amenazado con quitarle la sede, le dijera públicamente en su discurso de clausura que habían sido “los mejores juegos de la historia”. Esas son las prioridades de Emilio.

Tanto la ODEPA de Vázquez Raña como la COPAG de Emilio González prometieron que los juegos beneficiarían a la ciudad y a sus habitantes, pero finalmente los contratos más lucrativos se los dieron a grandes empresas foráneas en detrimento de sectores enteros de artistas, constructores y comerciantes tapatíos.

En primer lugar, en el Diario Oficial se mencionaron 50 millones de pesos que se tenían presupuestados en obras de arte para los juegos panamericanos. Esos 50 millones nunca llegaron a la Secretaría de Cultura del Estado sino que se atoraron en el COPAG.

Ellos llamaron a renombrados muralistas locales como Homero Melkart Regla y Rubén García Mendoza. Les pidieron bocetos, presupuestos, y hasta los llevaron a los sitios donde querían los murales, pero después de regatear con ellos, NUNCA les asignaron trabajo alguno. 

Peor fue el caso de Ángel del Palacio, consumado muralista de 70 años de edad, residente del Distrito Federal, al que trajeron a esta ciudad y lo hicieron pasar por el mismo “proceso de selección” hasta que durante el cada vez más largo compás de espera se gastó todo su dinero y se tuvo que quedar en Guadalajara pintando retratos para sobrevivir.

Los del COPAG convocaron también a conocidos escultores como Sergio Bustamante, Alejandro Colunga y Jonás Gutiérrez ofreciéndoles cantidades tan ridículamente bajas por su trabajo, que ninguno de ellos se molestó en acudir.

Así que no hubo tampoco trabajos escultóricos alusivos a estos juegos y la cuestión es, estimado lector:

¿DÓNDE están esos 50 millones de pesos? 

Por otro lado Miguel Zárate Hernández, presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción de Jalisco lamentó que los Juegos Panamericanos hayan terminado sin dejar mejora alguna en las partes de la zona metropolitana de Guadalajara que se esperaba que se dignificaran con motivo de este evento internacional. 

Recordó cómo cuando anunciaron que Guadalajara sería sede de los juegos, los organizadores dijeron que los estadios deportivos se remozarían o se construirían dentro de la zona metropolitana “para mejorar las zonas menos favorecidas” y por falta de planeación esto jamás sucedió, pues muchas competencias fueron trasladadas a otras ciudades del interior del estado, fuera de Guadalajara. 

Admitió que si bien el 90% de las remodelaciones de unidades deportivas fueron realizadas por constructoras de Jalisco, fueron muchos contratos pequeños repartidos entre muchos; pero señala que los contratos más jugosos (como el Estadio Telmex de atletismo y el centro acuático Scotiabank), en cambio, fueron concesiones para empresas foráneas. 

Añadió que la mayoría de las obras se concentraron en zonas de mayor movimiento económico y al final, o no cumplieron con los requisitos de impacto ambiental  (como el complejo de Voleibol en la Unidad Deportiva Ávila Camacho), o no estuvieron listas a tiempo (como el Estadio de Atletismo y la Villa Panamericana). 

Finalmente Eliseo Zuno Guzmán, presidente de la Cámara de la Industria Alimenticia de Jalisco, denunció ante la prensa que el famoso COPAG no tomó en cuenta a este sector local cuando se trató de abastecer de alimentos a las delegaciones deportivas.

Destacó que los acuerdos a este respecto fueron privados favorecieron a empresas foráneas y los agremiados a esta Cámara jalisciense quedaron fuera de ellos.

Desde hace un año Juan López Taylor, en ese entonces titular de cultura física y deporte de la U de G, dijo en una entrevista que si el COPAG hubiera echado mano de las instalaciones deportivas universitarias se hubiera ahorrado hasta 700 millones de pesos. 

Tenemos un gobernador que tiene graves dificultades para conseguir dinero cuando se trata de responder ante las clases desprotegidas que son víctimas de un desastre natural, pero que canalizó millonadas con mucha facilidad cuando quiso favorecer al Santuario de los Mártires y a las empresas privadas productoras de taranovelas.

Contamos con un presidente de la COPAG que moviliza todos los recursos del IMSS, del Sector Salud y hasta de la Comisión Nacional Derechos Humanos para quedar bien con los visitantes, pero que se pierde en vericuetos leguleyos cuando se trata de movilizar estos recursos a lugares donde no hay reflectores, ni podios, ni micrófonos ni cámaras grabando (es más ¡ni agua potable tienen! ¡qué asquito!).

Padecemos a un servidor público que cree que la buena administración es insistir en un préstamo absurdo con tal de no pagarlo en su sexenio (total, él no vive en el Sur de Jalisco), o jalarles la cobija a los cultos artistas locales regateándoles los centavos para pagar sin reparos, espléndidamente, a artistas comerciales que todo mundo va a aplaudir en inauguraciones y clausuras espectaculares, sin la menor idea de lo que es EL LEGADO CULTURAL de un evento panamericano. 

Emilio dejó de ser candidato a la presidencia de la república por su partido para ser presidente de la COPAG por su vanidad personal, pero dejó también de ser un servidor público en las Costas del Sur de Jalisco a cambio de quince minutos de fama ante las cámaras que están en Guadalajara.

Podríamos ponernos filosóficos y concluir que la Señora de Zapopan, Patrona de Guadalajara, permitió tempestades, rayos y epidemias justo en este año a fin de conceder a sus hijos una bendición mucho mayor: 

Que sus fieles abran los ojos y la bendigan fervorosamente por haberlos librado del riesgo de que esta joyita de gobernador hubiera llegado a los Pinos.

Amén.

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