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El Concepto de País de Peña NIeto

Por Alfredo DON OLIVERA (Producciones Aldea Tricolor)

Muy a pesar de las fuertes críticas a las que ha sido sometido el presidente Peña Nieto, especialmente a raíz de aquel desafortunado tropiezo que sufrió en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, debo manifestar que lo considero un hombre preparado e incluso, hasta donde la condición humana lo permite, me parece intelectualmente honesto. Porque si bien es cierto que la principal fuente de conocimiento de que disponemos como sociedad son los libros, también es cierto que existen otras fuentes de las cuales nutrirse.

De hecho muchos políticos han sido formados por otros personajes quienes en auténtica calidad de mentores, les han trasmitidos su entendimiento y sus conocimientos.

Yo no podría asegurar si el presidente Peña Nieto es o no un lector (en contra parte sí puedo adivinar que la gran mayoría de quienes se rasgaron las túnicas cuando aquel traspié en la FIL ni leen nada, ni son lectores), pero evidentemente que por las respuestas que da y por las declaraciones con las que se expresa, sí tiene una visión intelectual referente a cómo conducir a esta nación y es visible que su accionar político al frente del ejecutivo es congruente con esa comprensión.

Acciones y decisiones que obviamente pueden ser correctas o equivocadas, eso es otra cosa, de hecho en mi participación anterior ya expuse una serie de criterios relativos a las políticas gubernamentales que hasta ahora ha esbozado su gobierno, pero tan existe esa visión política que reitero; tras dos sexenios consecutivos de lastimoso estancamiento, en solo cuatro meses de gobierno ha movido más al Ejecutivo que en los doce años previos de sus antecesores.

Entendiendo entonces que vuelve a existir conducción, el análisis requiere entonces, vigilar hacia dónde intenta impulsarnos como nación. Y si “por sus obras los conoceréis” entonces tendremos que deducir de las decisiones que está tomando y de las declaraciones que emite al respecto la comprensión de ese tránsito, para lo cual ofrezco las siguientes reflexiones:

Empecemos por sustraer al Presidente a su dimensión más real, su condición humana e iniciemos reflexionando que Enrique Peña Nieto, antes que nada, es una persona que optó por formarse como político y ese camino lo vino a encontrar en el contexto del PRI.

En consecuencia, tendremos que asumir que como político, se trata de un personaje vocacionado al ejercicio del poder (con toda la carga de espíritu de servicio pero también de personalismos que necesariamente se implican), en tanto que como priista, se encuentra sujeto a una dualidad formativa; ya que por una parte, está fuertemente influido por los añejos conceptos priistas relativos a la disciplina rígida y la obediencia a las decisiones institucionales del partido, donde la figura presidencial emerge incluso por encima de la figura del propio presidente del comité ejecutivo nacional del mismo. Mientras por la otra, también es heredero de aquellas capacidades que definieron al PRI, como un instituto político apto para lograr conciliar los intereses entre campesinos, trabajadores y empresarios y establecer los acuerdos necesarios, mediante los cuales, nuestra nación logró superar la miseria y la anarquía que le caracterizaron hasta convertirse en la primer potencia económica de América y Latina y 14ª en el orden mundial. O dicho de otra manera estamos hablando de “El Milagro Mexicano”

También habrá que dar por hecho que Enrique Peña Nieto comprende que si el sufragio popular retiró al PRI en los dos últimos sexenios de la titularidad del ejecutivo, principalmente se debió a fuertes errores políticos substancialmente derivados de la corrupción y el uso excesivo del poder. Y por lo mismo, ojalá que principalmente entienda que ésta; “no es una nueva” oportunidad que la sociedad le está otorgando a este instituto político, sino “la última oportunidad” Sí el PRI aspira a retomar el protagonismo político de esta nación, ya no puede darse el lujo de recaer en sus mismos errores.

A lo anteriormente expresado también tendremos que adicionar que popularmente a Peña Nieto se le identifique con el grupo Atlacomulco (poderoso grupo que al igual que en el caso del “Yunque” se ha negado su existencia y donde en teoría se conjuntan los intereses políticos y económicos de muchos prominentes integrantes del sector empresarial de nuestro país y en consecuencia, y más allá de si el grupo existe o no como tal, es una realidad las simpatías que despierta el actual presidente entre el sector productivo nacional. Por lo mismo, sería absurdo soslayar en él evidentes tendencias ideológicas de carácter neoliberal.

De este contexto podemos deducir que tras el estrepitoso fracaso del PAN, Peña Nieto es un político convencido de que:

– La plataforma de principios del PRI, constituye el marco más idóneo para romper el estancamiento en que hemos caído y para impulsar el progreso de la nación.

– Ese progreso lo interpreta en función de la posibilidad de lograr generar un fuerte impulso al crecimiento de la producción como motor básico para la generación de empleos y en consecuencia para incrementar la capacidad de consumo del mercado nacional.

– Para ello, le resulta insoslayable la exigencia de modernizar al país. Entendida esta modernización en función de las exigencias que plantea la globalización principalmente en dos rubros:

a) Generar el medio político idóneo para hacer de nuestro país un territorio atractivo para la inversión de capitales orientados a la producción, en un mundo cada vez más tendiente a la globalización.

b) Generar las adecuaciones necesarias para que los productos elaborados en México puedan participar competitivamente en los mercados del mundo global.

– Ambos rubros exigen la realización de adecuaciones constitucionales (Reformas Estructurales) que permitan:

a) Una disminución de las cargas fiscales impositivas al rubro del Impuesto Sobre la Renta en beneficio principalmente de las utilidades del sector empresarial (Reforma Hacendaria) b) Una disminución al costo de la producción disminuyendo las obligaciones legislativas al sector patronal, principalmente en lo relacionado con el costo de los trabajadores (Reforma Laboral) c) Aumentar las posibilidades de participación del sector privado en los procesos de industrialización del petróleo, para lo cual se requiere de modificar la legislación, para romper el monopolio que actualmente ejerce PEMEX sobre estos recursos (Reforma Energética).

De lo anterior se pueden entender las tendencias de carácter neoliberal que influencian a nuestro mandatario. Para él resulta claro que la globalización es una tendencia mundial irreversible y que la única manera de impulsar al país es modernizarlo, es decir, efectuar las adecuaciones necesarias a las leyes mexicanas para aceptar los retos que el mercado global implica y atraer las inversiones que nuestro crecimiento económico exige.

Pero adyacentemente, también entiende el deterioro creciente que ha venido experimentando la población desde hace décadas y asumiendo las responsabilidades ideológicas que su partido, el PRI, ha venido sosteniendo en su plataforma de principios, así mismo está consciente de que solo mediante el fortalecimiento financiero del Estado mexicano para el ejercicio de sus programas sociales se puede revertir este proceso de deterioro.

Y naturalmente que le resulta claro el hecho de que así como la Reforma Hacendaria debilitaría las finanzas del Estado para el cumplimiento de sus programas sociales, también la Reforma Laboral empobrecerá aun más a las clases trabajadoras. Sin embargo el presidente mexicano confía en evitar estos efectos negativos mediante tres medidas:

1. Recuperar los ingresos que el Estado perdería al aplicar la Reforma Hacendaria, adicionando a la misma una ampliación de los productos sujetos a la aplicación del IVA, ampliando su aplicación a los rubros antes exentos de medicinas y alimentos. Incluso se considera que apoyando la producción y venta de medicamentos “similares” los efectos de esta medida no resultarían tan fuertes sobre la población (esta contradicción, es una afirmación de éllos, no una aseveración mía)

2. Asegurada así la capacidad financiera del Estado, ahora éste tendrá la obligación de fortalecer sus obligaciones sociales principalmente para contrarrestar el hambre y la pobreza extrema e impulsar substancialmente los rubros e la educación gratuita, la cobertura universal de salud y la generación de pensiones a los grupos más necesitados.

3. Y finalmente si bien la Reforma Laboral en muchas maneras afectará a las clases trabajadoras, también los efectos nocivos de la misma, serían compensados por el sensible crecimiento que se experimentaría en la generación de empleos y por los beneficios que se derivarían de las acciones sociales del Estado.

Creo que el pensamiento de Peña Nieto se puede entender como una extraña combinación de keynesianismo y neoliberalismo concentrada en la siguiente expresión: “Tenemos inevitablemente que afrontar los retos de la globalización y para ello será obligatorio adecuar a México a esta modernidad. Pero como ese proceso deteriorará aun más a las clases trabajadoras, entonces el Estado, tendrá que compensar esos efectos mediante programas sociales que restituyan el bienestar de la población”

La presente constituye la 1ª parte de un total de tres: en la segunda parte abordaré el tema: RIESGOS DEL MODELO ECONÓMICO DE PEÑA NIETO y en la tercera LA CONTRAPROPUESTA AL MODELO ECONOMICO DE PEÑA NIETO.

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