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Debate Estilo Jalisco: Simple Espectáculo

Por Octavio GASPAR

No cabe duda que se hace un pobre papel cuando se trata de promover la democracia desde la hamaca, sin una preparación cuidadosa, sin objetivos claros en mente. 

De por sí el grueso de nuestros conciudadanos sobreviven, desnutridas sus mentes, con la información chatarra con la que los monopolios televisivos llenan sus espacios noticiosos y los pocos que en ejercicio de su deber, haciendo caso a su conciencia cívica, dedicaron su tiempo y su atención a ver el tal debate, de seguro, al igual que un servidor, quedaron desencantados. 

Lo que originalmente pareciera ser un buen intento de informar y promover el análisis y la reflexión para los votantes, resultó tal vez espectáculo, distracción, o entretenimiento, pero NO un debate político.

 Creo que la falla básica es que el IEPCJ (Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco) instituyó las reglas al estilo Televisa–Nino Canún, haciéndonos recordar esos programas donde no se podía nunca profundizar sobre tema alguno, por interesante o polémico que éste fuera, ya que el conductor tenía que suplicar a los productores: “¡Aguántame el corte!”, pues era más importante para la televisora pasar todos los spots publicitarios previamente pagados por los patrocinadores, que desarrollar a fondo los contenidos del programa.

 Así, sin aparente motivo económico (al menos eso esperamos, pues la emisión fue desde un “canal cultural”), los candidatos a la gubernatura del estado tuvieron que hacer una exposición express durante hora y media dividida en un total de 16 minutos para cada uno de los cinco participantes.

¿Por qué la prisa?

¿Por qué dar un formato comercial a un debate cuyo objetivo es informar a los ciudadanos para que razonen su voto?

¿De dónde salió la idea de que temas tan amplios y complejos pueden tratarse (exposición, réplica y contrarréplica) en sólo 16 minutos?

 Triste afán del IEPCJ, de realizar una actividad para simplemente cumplir un requisito, en lugar de realizar las acciones para lograr el objetivo fundamental para el que fueron concebidas. Los 16 minutos fueron subdivididos a su vez en dos minutos de presentación para cada uno, y en cuatro rondas de tres minutos para cada participante, tiempo en que los candidatos intentaron además la proeza de presentar sus propuestas sobre cuatro ejes: cultura, educación, desarrollo económico e impartición de justicia. 

La información sobre dichos ejes, por supuesto, fue precipitada, incompleta y superficial, más aún cuando el tiempo dedicado a informar se trató de aprovechar también para sacar los trapitos al sol de los otros candidatos.

Como espectáculo falló también, pues a ratos resultó inconexo, pobre en ideas y, en momentos, mortalmente aburrido. Surgieron también algunos instantes en que pareció que el evento iba a tener cierto interés para el auditorio. Lamentablemente terminaron también en chasco para quienes lo presenciaron con fines informativos.

 Por ejemplo, Aristóteles aprovechó su tiempo de presentación para criticar el gobierno panista: “18 años sin resultados, sin representatividad ciudadana” (escupió para arriba, pues esa es una muy buena descripción de su propia gestión como Alcalde de Guadalajara, con la diferencia de que, afortunadamente, ´´esta duró únicamente tres años). Y así se encendió la mecha. Eso dio pie a críticas y señalamientos por parte de los otros candidatos (menos María de los Ángeles Martínez, quien concentró toda su atención más bien en sus notas que en lo que pasaba a su alrededor). 

Hubiera sido muy interesante que el tiempo hubiera sido más extenso para que Aristóteles aclarara lo que él mismo llamó en sus spots, con cara de San Sebastián mártir, “descalificaciones” y “guerra sucia”; y que prometió PÚBLICAMENTE responder CON CLARIDAD unas horas antes del debate, durante la celebración sindicalista del Primero de Mayo.

 Lamentablemente el obtuso esquema del supuesto “debate” no permitió que se nos diera explicación satisfactoria, por ejemplo, sobre las relaciones del ex-Alcalde tapatío con “el secuestrador” de la Universidad de Guadalajara, la deuda de 2 millones ochocientos mil pesos con la que dejó su gestión, si es cierto o no que dotó de computadoras a “todos” los niños de primaria, definir las lealtades de algunos colaboradores suyos como Ignacio Loyo o Rocío Duarte, y el hecho de haber conservado durante dos años a un jefe de seguridad pública que no cumplió con el requisito de control de confianza, entre otras.

 La táctica de Aristóteles fue excelente (nada más para él, claro). Dejó pasar los cuestionamientos sin contestarlos directamente. Simplemente nadó de muertito y dejó que el escaso tiempo se acabara. Pero con ello no solamente ignoró a sus contrincantes, sino que dejó estos asuntos sin aclarar a la ciudadanía. 

Al final del supuesto debate no se agotaron los “Qués” satisfactoriamente, y mucho menos se tocaron siquiera los “Cómos” de cada uno de los proyectos de los contendientes, que en realidad deberían constituir el interés central de un debate político.

El único enfrentamiento que se dio efectivamente fue a puñetazos, afuera de la televisora, entre “priístas ebrios” (según la versión de los señoritos del PAN) y “las apasionadas juventudes” blanquiazules. 

Un pobre balance final.

 El supuesto debate tuvo también su lado extravagante: Diego Petersen le sacó tarjeta amarilla a Fernando Guzmán por mostrar sus recortes de periódico en contra del candidato priísta (vaya usted a saber por qué esto quedó prohibido en un DE-BA-TE).

Fernando alegó ignorancia, lo que no le exculpó del hecho, y fue entonces objeto de una seria advertencia. Al final, el candidato panista se proclamó “ganador” ante los medios. 

¡No hubo condiciones mínimas para un debate!, ¡Mucho menos para determinar un vencedor!

Pero bueno, cada quien es libre de expresarse como le plazca en esta tierra de Dios. Y no es que peque de exigente, pero si usted vió el debate entre Holland y Sarkozy en París, un día después que el de Zapopan, estará por lo menos de acuerdo conmigo en la abismal diferencia que hubo entre el uno y el otro. Después de ochenta minutos de información fragmentada y puntos incompletos, en el debate local sólo quedaron impresiones subjetivas (que dudo mucho que impacten finalmente al electorado). 

Un Aristóteles hueco, con sonrisa prefabricada, tirando rostro.

Un Fernando Garza cauto, pero preciso. Muy resignado a perder en la contienda.

Un Fernando Guzmán muy bravo, desconociendo las reglas en el mejor de los casos, pero tan acartonado que no convence.

Una María de los Ángeles lectora de notas, como maestra normalista en primer día de prácticas ante los alumnos. También resignada a no ganar.

Y un Enrique Alfaro que hablaba a veces muy rápido, pero que al menos se mostró seguro y muy conciso en sus planteamientos. 

Sin debate, no se puede hablar de un ganador, pero al menos hubo alguien que hizo mejor su papel de informar al auditorio a pesar de las limitantes del formato. Tuve la misma impresión al día siguiente, cuando escuché a cada uno de ellos entrevistado en radio universidad. Alfaro al término de una entrevista breve volvió a destacar por su claridad y su convicción.  Para no pecar de parcial puedo decir que la misma impresión, al parecer, tuvieron en Mural http://www.mural.com/, El Informador http://yfrog.com/nvy8wwp, Terra (sí, el de Televisa) http://noticias.terra.com.mx/m… y en La Jornada Jalisco http://www.youblisher.com/p/31… Usted por supuesto, amable lector, tendrá la última palabra. 

Si es que en el IEPCJ quisieran ponerse a trabajar en lugar de copiar formatos de la televisión comercial, y si es que tuvieran suficiente autocrítica como para tomar en cuenta la opinión de los ciudadanos interesados, podrían considerar las siguientes sugerencias para el próximo debate: Menos temas y más tiempo. El que mucho abarca, poco aprieta. La ciudadanía puede proponer temas que considere sustanciales y los candidatos disponer de, por lo menos, un total de dos horas efectivas para agotarlos. Más debates. Seis debates, por ejemplo, donde se profundizan uno o dos temas claves, son mejores que dos muy saturados.

 La inversión de tiempo y dinero en este tipo de debates traerá mejores beneficios a la sociedad, comparada con los recursos que se derrochan actualmente en mercadotecnia insensata y machacona. 

Fuera mojigaterías. Una cosa es que se quieran dejar fuera las calumnias y la guerra sucia, y otra es que se prohíba hacer señalamientos a los candidatos que tienen cola que les pisen. Es su obligación rendir cuentas a la ciudadanía y un debate es el mejor lugar para hacerlo.

¿O esperamos una confesión de culpas sincera y espontánea por parte de alguno de ellos?  La democracia exige trabajo intelectual, preparación y apego al espíritu de la Ley Electoral.

Pero al parecer las Instituciones Electorales fomentan el círculo vicioso de apatía y desinterés del ciudadano común por la política con programas pobres como el del pasado 1° de mayo. 

Eso no favorece a la cultura democrática, sólo mantiene en el poder a una clase política que nada más vela por sus propios intereses. 

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