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Cotidianas: “We Need to Talk About Kevin”

* Por Margarita HERNANDEZ CONTRERAS

Empezando por lo obvio, resulta que Lionel no es hombre, sino mujer. Nacida en Carolina del Norte como Margaret Ann, en su adolescencia decidió convertirse en Lionel. En sus cincuenta, casada con un músico, sin hijos, Lionel vive en Londres. Lionel o Margaret Ann como a veces la pienso es una escritora de excepcionales dones.

Sin embargo, su novela We Need to Talk About Kevin (Necesitamos hablar de Kevin, ganadora del Orange Prize for Fiction en 2005) no es una lectura placentera ni deliciosa. Ay, au contraire. Es un lectura picuda y dura como clavos.

Me decidí por leer esta novela intrigada como me dejaron los avances del próximo estreno de la película del mismo nombre basada en esta obra de Shriver y protagonizada por Tilda Swinton (Eva), John C. Reilly (Franklin) y Ezra Miller (Kevin), y dirigida por Lynne Ramsay. Bueno, parece que hasta Lionel quedó complacida con el filme (tengo la impresión sin fundamento de que se trata de una mujer a la que es muy difícil darle gusto).

El libro gira en torno a nuestra psiqué y corazón, que trata con esos sentimientos que la mayoría de las veces evitamos y optamos mejor por no discutir: esos que socialmente no aceptamos, esas reacciones viscerales difíciles de nombrar que no debiésemos ignorar sin importar cuán incomodas sean.

Eva se embaraza con Kevin y su relación es todo menos aquello que sabemos o reconocemos como la norma: no se da esa fuente de enamoramiento y adoración, no hay vínculo afectivo entre madre e hijo. En realidad parece que lo que se da es un rechazo mutuo entre el bebé y la progenitora, a pesar de que Eva desea y se esfuerza grandemente por lograr la imagen de ser buena para esto de la maternidad y que es una “buena madre”. Cuando está solo con su mamá, Kevin no deja de llorar, rechaza el pecho y la leche de la madre y sencillamente es un bebé berrinchudo y difícil. Eva estoda ambivalencia no sólo como ser humano, sino sobre todo como madre; pronto se da cuenta de que no puede llamar al frente a la mamá que supone debe ser para su hijo. Sabe lo que la sociedad espera de ella. Franklin, su marido, procura pretender que todo es normal, después de todo se trata de un bebito, piensa, así que opta por restarle importancia a la preocupación y ambivalencia de su mujer.

Con el correr de los años, Eva se da cuenta de que su primera impresión, su intuición de caerle mal a su hijo es cierta; Kevin hace todo lo que puede para que la madre sufra todo lo que sea posible, mientras deja al papá con la impresión de que no es más que un malcriado, pero sin duda un adolescente típico. Franklin sigue dedicado a la imagen de que los tres constituyen una “familia normal”. Por supuesto, no sé cómo vayan a hacerle en la película, pero de mi lectura yo creo que Franklin desde el comienzo se decidió por un acto de autoengaño a largo plazo, un padre no dispuesto a admitir que su hijo pueda ser un ser humano “maligno”, una “semilla mala”. Después de todo la maldad existe, ¿no? Pensemos en Charles Manson, Ted Bundy, etc., seres humanos capaces de hacer tanto daño sin que lleguemos a comprender el porqué. Tal vez para Eva sea difícil no sentirse responsable y concluya que jugó un rol en el hecho de que su hijo se convierte en un asesino “a la Columbine”. ¿Esto se debió a que es una madre ambivalente, que nunca pudo ser una mamá empalagosa con sus cariños, que no le habló con voz mimosa a su crío y todo aquello que uno piensa hace que una mujer sea una buena madre?

En mi mente lo valioso de esta novela está precisamente en la posibilidad de aceptar la ambivalencia de nuestros sentimientos por nuestros hijos. No son necesariamente queribles todo el tiempo (sabemos que no siempre son amorosos con nosotros sus padres, pero ellos son inocentes, ¿qué no?) Debemos amarlos absoluta e instintivamente todo el tiempo. Supongo que a la larga el amor vence a la indiferencia, aunque como vemos en el caso de Eva y Kevin, dolorosamente no siempre es así en todos los casos.

Como madre yo sé que a veces necesito saberme a solas para recordar quién soy y las cosas que me gustan, recuperarme para mí. A veces mi esposo e incluso mi hija tal vez no lo entiendan pero lo respetan y yo lo valoro profundamente. No ven con malos ojos que a veces quiera irme sola al cine o esconderme en la librería a leer mis libros. Creo que después de estos breves paréntesis de tiempo a solas puedo ser la madre y la esposa tolerante y amorosa que esperan y merecen.

Tal vez eso fue lo que faltó en la novela de Kevin. Me quedo con la impresión de que Eva no contó con el apoyo y la validación de Franklin y de Kevin. Tal vez Kevin, astuto como es, pudo percibir desde el comienzo la extrema ambivalencia de su madre y decidió en última instancia pagarle con odio y muertes; sin nadie dispuesto a hablar de esta situación de ambivalencia, tal vez Kevin sintió que le tocaron malos padres, cuando lo más que debió concluir es que le tocaron meramente padres humanos y limitados.

Shriver tiene varias novelas y seguramente valga la pena leerlas todas. Ahorita me ocupa su The Post-Birthday World, pero We need to Talk About Kevin vale una releída.

* Margarita Hernández Contreras, guadalajareña, vive en el área de Dallas. Es traductora profesional del inglés al español. Para comentarios: margarita.hernandez@tx.rr.com.

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