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Con la Iglesia se Toparon

Luis Alberto ALCARAZ

Es probable que usted haya pasado por ahí en las últimas semanas y ni siquiera se haya dado cuenta de que algo cambió. En la calle Lisboa casi esquina con Av. Francisco Villa, a un costado de las famosa Ferretería Rodríguez de Vallarta, no hay nada que llame la atención a simple vista. Y eso es lo que cambió, porque durante muchos años esa cuadra estuvo ocupada por cinco o seis puestos callejeros en los que durante el día y la noche se ofrecía todo tipo de comida.

Tal vez hasta que usted tuvo ganas de echarse unas tortas ahogadas con Toño descubrió que Tortas Toño’s ya no se encuentra en donde por años funcionó. Para suerte de los muchos clientes de Toño el puesto fue reubicado una cuadra hacia adentro de la colonia, en la esquina de Lisboa y Prolongación Colombia, donde desde hace algún tiempo el propietario ya había habilitado un local, en previsión tal vez de que algún día fuera desalojado de la vía pública.

Y una vez que uno se da cuenta de que ya no existe el tradicional puesto de tortas ahogadas de Toño donde siempre estuvo, entonces se percata también de que igualmente ya no existe el puesto de tacos de la esquina, ni los otros tres puestos de lámina que estaban al lado oriente.

Hoy la calle luce limpia, como deberían lucir todas las calles de la ciudad. Ni siquiera abundan los coches estacionados donde hasta hace poco había puestos de comida, y es que en esa cuadra no hay ni siquiera una casa habitada. Por un costado de la calle Lisboa está el viejo edificio de Rodríguez de Vallarta, mismo que en los 90’s fuera habilitado como Casino Las Rosas por Gustavo González Villaseñor.

Por la acera de enfrente sólo existen comercios, una purificadora de agua en la esquina con Prolongación Colombia, y otro excelente negocio en la esquina de Lisboa con Francisco Villa: una iglesia católica que, al igual que todas, fue construida sin un solo cajón de estacionamiento.

¿Pero cómo fue posible esa mágica reubicación de vendedores semifijos? ¿Cómo logró el ayuntamiento remover de una calle media decena de puestos de comida sin que se generara un conflicto social?

En el caso de Tortas Toño’s la reubicación del puesto de lámina no representó un grave daño para su propietario debido a que desde meses atrás sus clientes sabían que había un lugar establecido a una cuadra de ahí sobre la misma calle. Los otros comerciantes no corrieron con la misma suerte ya que fueron reubicados fuera de esa zona y algunos incluso optaron por cerrar de manera definitiva ante la falta de clientes en la nueva ubicación.

No podría decirse que el desalojo se debió a quejas de los vecinos ya que en esa cuadra no hay vecinos, algo que lo hacía una zona ideal para este tipo de comercio. ¿Entonces qué pasó? Pasó lo más simple y lo más complicado: al señor cura de la iglesia ubicada en Lisboa esquina con Francisco Villa le molestó la presencia de los puestos de fritangas frente a su templo y exigió que el ayuntamiento procediera a su desalojo y reubicación.

Al parecer uno de los comerciantes que operaba en esa zona hasta altas horas de la noche incurría en algunos desmanes, pero eso ameritaba su clausura, no la clausura y desalojo de todos los demás. En el caso de Tortas Toño’s sus propietarios laboraban hasta el mediodía, manteniendo cerrado el local toda la tarde y noche.

Extraña clase política tenemos en Puerto Vallarta, donde los funcionarios se burlan de los reclamos de la ciudadanía pero tiemblan cuando los sacerdotes católicos les exigen algo. Como arte de magia, bastó que el cura de la iglesia lo pidiera para que el ayuntamiento dejara la cuadra rechinando de limpio, sin importar el daño que ello implicaba a varias familias vallartenses.

Impresiona también la facilidad con la que los pastores católicos reclaman sus derechos pero a la vez pisotean los derechos del grueso de la población con tradiciones absurdas como la de utilizar cohetes para sus peregrinaciones y llamados a misa.

Como si viviéramos en la edad media, la mayoría de las iglesias católicas de Puerto Vallarta se empeñan en seguir arrojando cohetones a toda hora del día, incluso de madrugada, para avisar a sus feligreses de sus actividades litúrgicas.

No les importa el grave daño que hacen a los animales del entorno que sufren lo indecible por el enorme ruido que los estallidos generan. Tampoco les importa la tranquilidad de los vecinos que saltan de la cama cuando a las cinco o seis de la mañana estalla el primer cohetón de la jornada.

A los curas sólo les importa que los puestos de tacos callejeros no les afeen el frente de sus templos, siempre y cuando no sean sus festividades porque entonces sí autorizan y promueven la instalación de todo tipo de puestos ambulantes, algunos incluso con venta de alcohol.

Y los templos protestantes tampoco cantan mal las rancheras, porque aunque no lanzan petardos al cielo sí gustan de hacer sus oraciones con música en vivo a todo volumen, además de operar sus iglesias en zonas densamente pobladas sin habilitar el estacionamiento necesario para sus feligreses.

Triste el reino de Dios en esta tierra, donde sus representantes sólo se preocupan por defender sus intereses, sin importar el bienestar de toda una comunidad.

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