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Bienvenido Benedicto XVI

Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA

Esta semana llegará de visita a nuestro país S.S. Benedicto XVI y muchos católicos nos alegramos por ello, porque de sus mensajes esperamos reforzar nuestros valores y sobre todo tener una conversión interior que evidencie congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos, lo que, entre otros beneficios, derivará, en la medida de que lo logremos, en una mejor interrelación entre los habitantes de nuestro país, tan necesitado de armonía. Será con ésta la sexta ocasión que un representante de la Iglesia Católica venga a nuestro país, ya que Juan Pablo II nos visitó en cinco ocasiones.

 Hay algunas personas que creen habrá diferencia, dado que el anterior Pontífice tenía un gran carisma personal, tal y como se demostró con las multitudes que lo siguieron, y el actual que no parece serlo tanto; aunque yo creo se trata de una situación prefabricada, puesto que es evidente que cada persona tiene sus propios defectos y cualidades, y en algunos aspectos será atractiva o repulsiva, en su caso para quien observa al otro.

En mi caso y sin desconocer en nada las cualidades de Juan Pablo II, de quien admiro muchos aspectos de su personalidad, digamos que estoy mucho más cerca de admirar la personalidad de Benedicto XVI, a quien conocí hace muchos años, cuando no era jefe de la Iglesia, leyendo su “Informe sobre la fe”, que recuerdo con emoción; pero habrá muchos que no coincidan conmigo y otros a los que no atraiga la personalidad de ninguno. Pero nadie puede negar que el Papa es la cabeza visible de la Iglesia, cuyas enseñanzas seguimos con mayor o menor pulcritud la inmensa mayoría de mexicanos, y el hecho que un jefe espiritual visite nuestro país debe ser, cuando menos, motivo de respeto y atención puesto que algo bueno podemos aprovechar de cada visita de éstos.

 Sin embargo, parece que los católicos no tenemos el derecho de alegrarnos con esta visita, que tenemos que pagar los errores cometidos históricamente por los miembros de la Iglesia y por la propia Iglesia, que para los nuevos inquisidores se han convertido en pecados sin posible redención, y es que pertenecer a esta Iglesia significa ser objeto de una absoluta determinación, así si un católico es ladrón, todos los católicos somos ladrones; si un cura es pederasta, todos los curas lo son; si la Iglesia fue intolerante en las cruzadas, lo seguirá siendo durante toda la eternidad.

Olvidan que la Iglesia ha participado en todos los cambios positivos de la humanidad, aunque muchas de sus enseñanzas tardaron mucho en ser escuchadas. Por eso a mí me da mucho gusto que venga S.S. Benedicto XVI y estoy convencido que quienes de buena fe sigan sus enseñanzas y las mediten, aplicándolas a su propia vida y situación, sean o no católicos, encontrarán algo que producirá que la relación entre los mexicanos sea más armónica, lo que es una cuestión que nos urge.

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